El astrónomo Jason Wright desmonta uno a uno los supuestos indicios de tecnología que Avi Loeb usa para sugerir que el objeto interestelar 3I/ATLAS es una nave alienígena

El tercer visitante interestelar conocido, 3I/ATLAS, ha reavivado una discusión que lleva años dividiendo a astrónomos y titulares virales. Tras el revuelo con ‘Oumuamua, el astrofísico Avi Loeb de Harvard volvió a mencionar “anomalías” que, según él, justificarían contemplar un origen tecnológico extraterrestre del objeto.

Pero las credenciales no lo son todo, especialmente en un mundo que premia el escándalo. Jason Wright, profesor de astrofísica e investigador de la Universidad Penn State, ha publicado una refutación punto por punto: lo que Loeb presenta como raro encaja con fenómenos habituales de cometas y con sesgos de observación, y lo poco inusual que queda es exactamente lo que cabe esperar de un tipo nuevo de cometa interestelar.

La órbita de 3I/ATLAS no es tan improbable como dice Avi Loeb

Wright empieza por el trazado orbital. Loeb subraya que 3I/ATLAS viaja en sentido retrógrado pero alineado a menos de 5 grados con el plano de los planetas, una configuración que califica de improbable. Wright recuerda que los instrumentos modernos detectan con más facilidad objetos que pasan cerca de la eclíptica y que la combinación de geometría del descubrimiento y selección de instrumentos sesga esas estadísticas. No hace falta invocar ingeniería alienígena para explicar la alineación cuando el muestreo no es uniforme.

La aceleración y los cambios de brillo del 3I/ATLAs, explicados

Otro reclamo para los amigos de los alienígenas es la aceleración “no gravitatoria” y los cambios de brillo. Aquí la física de cometas ofrece la salida más simple. El desprendimiento de volátiles y la eyección de chorros generan empujes pequeñísimos que alteran la trayectoria.

El «antichorro» no demuestra que el 3I/ATLAS es una nave

En 3I/ATLAS, las variaciones de magnitud van acompañadas de un aparente «antichorro» que se proyecta hacia el Sol son, pero que es compatible con chorros que, proyectados en el plano del cielo, parecen apuntar hacia delante, un fenómeno que se conoce desde hace 50 años. Wright muestra imágenes recientes de surtidores espectaculares y señala que eso, precisamente, es lo que hacen los cometas cuando se vaporizan compuestos volátiles a distintas profundidades. “No hay razón para que una nave haga estas cosas”, resume. (sites.psu.edu)

La composición del 3I/ATLAS no es tan rara

La composición también figura en la lista de Wright. Avi Loeb ha destacado una abundancia de níquel «inusual», una polarización extrema de la luz y unas cantidades de agua muy escasas. Wright concede que estos datos interesan a los planetólogos, porque 3I/ATLAS podría no parecerse a los cometas del Sistema Solar. Pero eso no quiere decir que sean motivos para pensar que es artificial. Los granos de polvo, los tamaños de las partículas y las mezclas de hielos al fundirse producen señales marcas espectrales extremas sin necesidad de artefactos. Que sea el tercer objeto interestelar que vemos sugiere que estamos empezando a muestrear una clase de objetos diferente, no a desenmascarar un dron galáctico.

El tamaño del 3I/ATLAS no es signo de tecnología

El tamaño estimado, mayor que el de ‘Oumuamua y 2I/Borisov, tampoco le parece sospechoso a Wright. La estadística de los extremos dicta que los primeros elementos de un conjunto nuevo pueden parecer atípicos. Además, los cálculos de tamaño dependen de supuestos sobre el albedo (el brillo), la forma y la actividad, todos con barras de error generosas en un objeto recién descubierto. Conforme llegan medidas nuevas, algunas «anomalías» de tamaño y actividad se desinflan o cambian de signo. El propio Loeb admite que varios puntos de su lista podrían quedar «aliviados o explicados» con datos adicionales.

¿Cuál es la probabilidad de que 3I/ATLAS sea un objeto extraterrestre?

Wright dedica una parte de su artículo a abogar por un lenguaje más prudente. Señala que Loeb mantiene en torno al 40% su «probabilidad» de origen tecnológico, una cifra imposible de justificar con el estado actual de los datos y que, sin embargo, mantiene el tema en el circuito mediático.

Para Wright, el enfoque científico responsable es el inverso: partir de la hipótesis nula, es decir, un cometa natural, e intentar refutarla con predicciones comprobables, no con ambigüedades que se estiran a cada nueva observación. En su análisis, de las diez «anomalías» citadas por Loeb solo un puñado merece un seguimiento estrictamente planetológico, y ninguna requiere naves interestelares para explicarla.

Más allá del cruce personal entre dos astrofísicos, está el consenso de los expertos de todo el mundo. La NASA y buena parte de la comunidad científica describen 3I/ATLAS como un cometa interestelar y recalcan que no hay evidencia de amenaza ni de control activo del objeto.

Para los astrónomos especializados en cometas, lo más excitante es precisamente lo natural: una oportunidad inédita de estudiar hielo y polvo formados en otra estrella y contrastar modelos de su actividad, composición y órbita con un visitante ajeno a nuestro entorno planetario. Como ocurre siempre, la mejor herramienta para decidir entre varias hipótesis serán los datos de mejor calidad que lleguen en las próximas semanas.

REFERENCIA

Is the Interstellar Object 3I/ATLAS Alien Technology?

Loeb’s 3I/ATLAS “Anomalies” Explained

Imagen: British Astronomical Society