El mayor desafío para mantener una nutrición infantil equilibrada en la actualidad se encuentra en la preocupante relación que hay entre obesidad y pantallas

Las pantallas son ya un elemento de uso cotidiano en la vida de los niños. El uso de móviles, tabletas, ordenadores y otros dispositivos es cada vez más habitual en situaciones cotidianas como la hora de comer, los tiempos de ocio e incluso los instantes previos al sueño, la imagen de un niño almorzando con la mirada fija en una tableta o amaneciendo cansado después de dormirse a altas de la noche haciendo scroll infinito se ha vuelto demasiado cotidiana.

3 de cada 10 escolares en España superan el tiempo recomendado frente a las pantallas, y este hábito altera profundamente su alimentación y dispara el riesgo de obesidad.

La normalización de este tipo de consumo, que invade cada momento de nuestro día a día, esconde riesgos que van más allá de una simple distracción y tiene consecuencias nocivas sobre todo para los más pequeños.

La nueva propuesta de la Copa COVAP junto a la asociación 5 al Día para la promoción del consumo de fruta y verdura pone el foco en un problema cada vez más extendido: 3 de cada 10 escolares en España superan el tiempo recomendado frente a las pantallas, y este hábito altera profundamente su alimentación y dispara el riesgo de obesidad.

Los datos recogidos en el Estudio ALADINO 2023 de la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) respaldan esta preocupación, revelando que el uno de cada tres menores de 6 a 9 años pasa más de dos horas al día frente a una pantalla, cifra que asciende hasta el 44,4 % durante los fines de semana. El problema no es solo el tiempo que se pasa delante de una pantalla, sino lo que ocurre mientras se está allí.

El uso excesivo de pantallas reduce la actividad física, pero además modifica la forma en que los niños comen, lo que comen y cuánto comen. Como explica Manuel Moñino, presidente del Comité Científico de 5 al Día, “el tiempo de pantalla actúa como un factor que desequilibra la alimentación infantil porque distrae de las señales naturales de hambre y saciedad, lo que puede conducir a comer más y peor”.

Comer sin darse cuenta: mindless eating

Uno de los efectos más preocupantes del uso de tecnología durante las comidas es el fenómeno denominado mindless eating. Cuando un niño (o un adulto) está absorto come absorto frente a una pantalla su cerebro deja de prestar atención a lo que está sucediendo en la mesa. Al desviar la atención, el niño puede seguir comiendo, ignorando las señales de saciedad que el estómago envía a su cerebro que le dicen “ya es suficiente”, comiendo más, más rápido y peor. Moñino advierte que “la distracción que producen las pantallas durante las comidas impide a los niños y niñas escuchar su cuerpo y disfrutar de la experiencia alimentaria”.

Las pantallas no solo alteran cuánto comen los niños, sino también qué eligen comer. Un estudio, publicado en la revista Nutrients, confirma que la exposición constante a anuncios de bebidas azucaradas, snacks y comida rápida condiciona las preferencias de los más pequeños, generando lo que los expertos llaman un efecto de sustitución dietética.

Las pantallas actúan como una ventana abierta a la publicidad agresiva de productos ultraprocesados desplazando a las frutas y hortalizas. El Informe sobre nutrición infantil 2025 de UNICEF alerta de que las plataformas digitales se han convertido en un entorno «obesogénico» donde los menores reciben estímulos constantes de alimentos de baja calidad nutricional. Lo que quiere decir que los niños no solo comen peor por distracción, sino también porque están saturados de estímulos que los empujan hacia opciones más rápidas, más dulces y menos nutritivas.

Obesidad y pantallas: factores que condicionan la nutrición infantil

El impacto de las pantallas es aún más preocupante en familias con menos recursos, donde la sobreexposición a pantallas llega a ser casi el doble que en hogares de rentas altas. Menos tiempo, más estrés, menor acceso a alimentos frescos y mayor exposición a publicidad digital crean un entorno que dificulta hábitos saludables.

“La desigualdad social es el mayor obstáculo para alcanzar las cinco raciones al día”, afirma Moñino.

Los datos también muestran que el ejemplo de las madres y padres pesa muchísimo, los niños imitan lo que ven en casa, tanto el tiempo que los adultos pasan frente a las pantallas, como la forma de comer en la mesa. Por eso, 5 al Día insiste en crear espacios libres de pantallas en el hogar, especialmente durante las comidas, apagar la televisión, dejar los móviles fuera del comedor y conversar en familia, crear hábitos saludables y predicar con el ejemplo para mejorar la salud nutricional de los hijos.

“Las comidas deberían ser un momento para compartir, conversar y reconectar en familia, no para aislarse frente a un dispositivo”, señala Moñino.

La lucha contra la obesidad infantil no es una carrera de velocidad, sino de fondo, porque al final la cuestión no es solo cuánto tiempo pasa un niño frente a una pantalla, sino qué hábitos están construyendo los adultos a su alrededor.

El objetivo de estas iniciativas no es prohibir la tecnología, sino devolverle a la comida su valor como espacio de salud y vínculo familiar, asegurando que cada bocado sea un paso hacia un futuro más sano.

REFERENCIAS

The Impact of Digital Screen Time on Dietary Habits and Physical Activity in Children and Adolescents

Estudio ALADINO 2023

INFORME SOBRE NUTRICIÓN INFANTIL 2025