Un estudio muestra los mecanismos que explican que los rayos UVA son malos para la piel, con más mutaciones incluso en  zonas poco soleadas, y un riesgo casi triple de melanoma.

Durante años, los dermatólogos han alertado de que el bronceado artificial no es una seguro. La Organización Mundial de la Salud clasifica las cabinas de bronceado como carcinógeno de grupo 1, en la misma categoría que el tabaco o el amianto. Aun así, la industria ha sostenido que sus lámparas emiten una radiación comparable a la del sol y que su uso controlado no supondría un peligro añadido. Faltaba una explicación molecular clara de cómo ese bronceado interior dispara el melanoma, el cáncer de piel más letal. El nuevo trabajo aporta esa pieza que faltaba y zanja la duda con datos de clínica y de genómica de célula única.

El equipo, dirigido por Northwestern University y la Universidad de California en San Francisco, revisó miles de historiales médicos y comparó a usuarios de cabinas con personas de edad similar que nunca las usaron. Detectaron melanoma en el 5,1% de quienes se bronceaban en interiores, frente al 2,1% de los no usuarios. Tras ajustar por edad, sexo, antecedentes de quemaduras y antecedentes familiares, el uso de cabinas se asoció a un aumento de 2,85 veces en el riesgo de melanoma. Además, estos tumores aparecían con más frecuencia en la zona lumbar y los glúteos, áreas que reciben poca radiación solar en la vida diaria. Esto quiere decir que se produce un daño genético aún mayor que el que causa el sol.

Los rayos UVA son malos para la piel y producen mutaciones en el ADN

Para entender el mecanismo, los investigadores secuenciaron el exoma, es decir, las partes codificantes del genoma, de melanocitos individuales, las células que fabrican el pigmento y donde nace el melanoma. Analizaron 182 células de piel de donantes que usaban cabinas y de controles sin ese hábito. Los melanocitos de los usuarios acumulaban casi el doble de mutaciones y mostraban más mutaciones patogénicas, aquellas que se sabe que empujan a una célula hacia el cáncer. Lo más inquietante, ese exceso se veía también en zonas normalmente protegidas del sol, lo que confirma que las cabinas crean un “campo” de daño por todo el cuerpo.

“Incluso en piel normal de pacientes de bronceado interior, en zonas sin lunares, encontramos cambios en el ADN que son mutaciones precursoras que predisponen al melanoma”, señaló Pedram Gerami, primer autor del estudio. “Eso no se había mostrado antes”. La frase es contundente y ayuda a explicar por qué el riesgo no se limita a la cara o los hombros. Las lámparas emiten radiación ultravioleta, sobre todo UVA, que penetra más profundamente que la UVB del sol del mediodía. UVA significa radiación ultravioleta A y atraviesa el vidrio, alcanza la capa basal de la epidermis y daña el ADN de las células que residen allí. Esa combinación de alcance y dosis podría explicar el “efecto alfombra”, con melanocitos sembrados de errores por casi toda la superficie cutánea.

Los autores describen así esta acción doble. Por un lado, aumenta la carga total de mutaciones de los melanocitos. Por otro, crece la fracción de células que ya llevan alteraciones concretas relacionadas con el melanoma. Cuando el campo de células dañadas se amplía, la probabilidad de que alguna cruce el umbral hacia el cáncer sube de forma notable. El hallazgo enlaza con décadas de observación epidemiológica que asocia las cabinas con diagnósticos tempranos en mujeres jóvenes y con tumores en zonas poco soleadas.

El estudio no se limita a describir el riesgo, sino que  propone acciones claras. Los autores piden prohibir el bronceado interior en menores y colocar advertencias en los dispositivos similares a las de las cajetillas de tabaco. Recomiendan, además, que cualquiera que se haya bronceado con frecuencia en su vida se someta a un examen dermatológico de cuerpo entero y valore controles periódicos. En España, donde el melanoma aumenta y los rayos UVA están disponibles en centros de estética, el mensaje es directo. El bronceado saludable sale caro si se paga con mutaciones y cáncer.

REFERENCIA

Molecular effects of indoor tanning