El Škoda Octavia no solo es uno de los coches más vendidos de Europa: también es uno de los pocos que puede presumir de tener nombre con una historia detrás.

El Škoda Octavia lleva décadas circulando por nuestras carreteras con discreción. Pero detrás de su nombre hay más historia de la que parece. Mucha más. Y no empieza precisamente en un concesionario. Ni tampoco en la antigua Roma, donde en el siglo I vivió la emperatriz Octavia. La que fuera muy a su pesar esposa de Nerón, representaba la sensatez, la continuidad y la fiabilidad como forma de poder silencioso. ¿Por eso adquirió su nombre la berlina compacta de Škoda?

Aquí hay que poner orden
El bautismo del Octavia no tuvo nada de poético ni de aspiracional. Fue, literalmente, una cuestión de orden. El nombre procede del latín octavus, “octavo”, y hacía referencia a que el primer Škoda Octavia, presentado en 1959, era el octavo modelo desarrollado sobre una nueva plataforma de la marca. Era, además, el octavo modelo de la casa que incorporaba suspensión independiente a las cuatro ruedas. Nada de metáforas. Matemáticas puras.

Aquel Octavia original, que estuvo produciéndose hasta 1971, simbolizaba un paso adelante claro: era más cómodo, más avanzado técnicamente y mejor adaptado a un uso cotidiano que sus predecesores. En una Europa que empezaba a motorizase de verdad, Škoda necesitaba un coche que marcara progreso. El nombre no vendía sueños, pero sí evolución. Y eso, a largo plazo, resultó ser una jugada magistral.

El nombre Octavia no es un guiño romántico ni una ocurrencia de marketing: procede del latín octavus y responde a una lógica histórica que explica por qué este modelo se convirtió en la columna vertebral de Škoda.

Décadas después, en 1996, ya bajo el paraguas del Grupo Volkswagen, Škoda decidió recuperar el nombre Octavia. No fue nostalgia: fue estrategia. El Octavia moderno heredó esa idea de coche racional y bien pensado. Desde entonces, se ha convertido en el modelo más vendido de la marca, una especie de columna vertebral sobre ruedas. El «octavo» terminó siendo el primero y el más importante.

Hoy, el Škoda Octavia acaba de renovar su cuarta generación, y lo hace con cambios que no buscan el espectáculo, sino afinar lo que ya funcionaba. La parrilla se ha revisado, y los nuevos faros Matrix LED de segunda generación elevan el listón tecnológico. Esta tecnología permite que el coche circule siempre con luces largas sin deslumbrar ya que apaga de forma selectiva los diodos que apuntan a otros vehículos. La segunda generación mejora la resolución lumínica, la rapidez de reacción y la precisión del haz para hacer que la noche se convierta en un lugar mucho más habitable.

El Octavia sigue siendo ese coche que no aparenta lo grande que es hasta que abres el maletero y te preguntas si ahí dentro cabría una mudanza completa. El ángulo de giro es muy bueno para su tamaño, y al abrir la puerta, la iluminación interior elegida cambia a rojo como aviso visual para ciclistas y peatones: un pequeño detalle de seguridad vital en tiempos de vehículos de movilidad personal (VMP).

Skoda Octavia

La tecnología también se ha puesto al día, sin perder la cabeza. La pantalla central de infoentretenimiento puede ser ahora de hasta 13 pulgadas, disponible por primera vez en el Octavia en opción, mientras que la de 10 pulgadas viene de serie. Hay un nuevo Phone Box con carga inalámbrica ventilada de 15 vatios, y hasta cuatro puertos USB-C de carga rápida de 45 vatios, porque si algo ha entendido Škoda es que hoy la energía no solo mueve ruedas, también móviles.

También integra ChatGPT en el asistente de voz que ellos llaman Laura para que el conductor pueda pedir información compleja o resolver dudas de navegación. No es que el coche piense, sino que cada vez responde con más coherencia. Y eso en el mundo de los asistentes virtuales es ya un éxito.

La gama mecánica es amplia y bien estructurada: cuatro motores de gasolina y dos diésel, con opciones mild-hybrid, que permiten reducir consumo y emisiones recuperando energía en deceleraciones. Los motores 1.5 TSi, los 2.0 TSi más potentes y los diésel 2.0 TDi cubren un rango de potencias entre 115 y 265 CV.

Esto no sale en los anuncios
Y luego están esas pequeñas genialidades Simply Clever que hacen que convivir con él sea tan fácil: una cubierta de maletero retráctil semiautomática en el Combi, nuevos compartimentos portaobjetos traseros, soportes para tablet incluso en asientos deportivos, el clásico rascador de hielo en la tapa del depósito o el paraguas integrado en la puerta, ahora fabricados con materiales sostenibles. Detalles que no salen en los anuncios, pero que hacen que los eches de menos cuando no están.

Por eso, el Škoda Octavia, décadas después de su lanzamiento, sigue mandando sin hacer ruido.