El día que Javier Armentia pudo ver su primer eclipse solar quiso ver otro, y luego otro más. El astrofísico nos explica por qué mirar al cielo sigue siendo una experiencia transformadora

¿Recuerdas la primera vez que miraste al cielo? Quizá fue en una noche de verano, en una visita al planetario de tu ciudad o incluso a través de un telescopio. Lo cierto es que la astronomía siempre ha despertado algo de curiosidad en nosotros.

El próximo 12 de agosto de 2026 será casi imposible olvidarse de mirar al cielo. Justo antes del atardecer, desde muchos lugares de España podremos ver un eclipse total de sol. En el marco del primer  Encuentro de Comunicación, Ciencia y Sociedad de Teruel, Javier Armentia nos comenta por qué nos conmueve mirar al cielo y qué cambia dentro de nosotros cuando lo hacemos.

Más que enseñar astronomía se permite vivirla

Darío P. ¿Por qué crees que hay tanta distancia entre la gente de la calle y la astronomía? ¿Existe incluso cierto resentimiento hacia el gasto que se genera en ciencia espacial?

Javier A. Ocurre mucho con los temas espaciales, ¿por qué gastar dinero en ir a la Luna si hay gente que pasa hambre? También ocurre con la ciencia en general.

La investigación científica es pequeña en comparación con otros gastos públicos que son más grandes, como en la defensa. La ciencia no es la responsable de que no se solucionen los problemas del mundo. ¿Crees que el poco dinero que se gasta en investigación científica va a solucionar estos problemas?

Nos gusta pensar que la astronomía es para gente rara. Hemos contribuido a que la astronomía parezca algo raro, incluso dentro del mundo aficionado donde se ha cultivado una imagen de frikismo. Aun así, el cielo nos interesa a todos. Nos permite hacernos preguntas importantes cómo de dónde viene el universo, que somos o por qué estamos aquí.

Llevo trabajando toda la vida por lo contrario. En un planetario vamos a contar a pequeños, a mayores, a familias, a desocupados, hasta a estudiantes a los que les gusta la ciencia. Cuando miras al cielo siempre te preguntas cuánto de pequeños somos o de dónde es todo esto y de dónde vienen esas cosas de cosmología.

No nos cambia la vida en lo práctico, pero nos conecta con algo profundo. ¿Es maravilloso, no? Incluso en los informativos más duros, se cierran enseñando imágenes del cosmos o de la Tierra vista desde el espacio.

Simulaciones, telescopios y la emoción de lo real

Darío P. En un mundo lleno de pantallas y con contaminación lumínica, ¿qué función tienen los planetarios?

Javier A. Los planetarios nacieron en los años 20 en el Deutsches Museum de Múnich como simuladores mecánicos que reproducían el movimiento en el cielo. Hoy son un poco diferentes, son espacios inmersivos donde se narran historias científicas.

Los planetarios actuales tienen gafas de realidad aumentada, vídeos 360, … Pero los planetarios siempre han sido ese lugar donde apagaban las luces y te sorprendías por estar viendo el cielo de verdad.

Siempre digo que los planetarios mienten muy bien, la simulación es tan buena que parece real. En una ciudad con contaminación lumínica, el cielo del planetario es mejor que el que puedes ver en la calle.

Cuando nos enseñan Saturno con el telescopio se ve pequeño con unos anillos. La gente ha visto imágenes de buena calidad o simulaciones que reproducen el planeta. Pero cuando lo ven de verdad, con el telescopio, sienten algo especial.

Darío P. Con 14 años tuve esa sensación, había visto imágenes de Saturno en alta resolución.

Javier A. No se trata de la calidad de la imagen, sino de la experiencia. Cuando ves a Saturno en un telescopio, aunque sea pequeño y con menos detalles, sabes que está ahí y que es real.

El hecho de que esté ocurriendo en este mismo momento, provoca una emoción diferente. Las personas no van al telescopio a ver una imagen mejor, van a comprobar que el universo está ahí, que es real.

Lo bonito de la astronomía y la observación astronómica es que lo que ves te está diciendo que eso es real.

Esto es lo que nos va a pasar con el eclipse. De alguna manera sabemos que no es una imagen ni una simulación. Que la Luna está realmente 400 veces más lejos que el sol. La primera persona que se enfrentó a un eclipse no sabía lo que era y no obtuvo respuesta. Ahora tenemos la respuesta antes de verlo.

El eclipse: una experiencia que nos conmueve

Darío P. ¿No nos recuerda un poco el lugar donde estamos? ¿Crees que cosas como observar el cielo en el campo, o en este caso algo inevitable como observar el eclipse, cambia a las personas de alguna forma?

Javier A. Por estudios del eclipse del 2017 sabemos que quien vio la totalidad expresó más emociones positivas y solidarias en redes sociales que quienes no lo vieron. Ese efecto duró aproximadamente un día. Podemos decir que la ciencia demostró que el eclipse nos hace mejores personas… durante 24 horas.

Yo quiero pensar que sí, que algo nos cambia y que, por lo tanto, perdernos el eclipse, haría que perdiéramos algo que nos podría haber cambiado un poco. A mí me cambió mucho.

Es una experiencia tan rara y poderosa que nos recuerda que la naturaleza puede hacer cosas que nos superan. No sé cuánto dura ese efecto, porque luego el día a día nos absorbe, pero algo cambia. En mi caso, el primer eclipse que vi me marcó profundamente. Me hizo querer ver otro. Y otro más.

Por eso, si tienes la oportunidad de ver el eclipse total el 12 de agosto, no lo mires desde una pantalla. Sal allí fuera y levanta la mirada. Solo viviéndolo se entiende la emoción de la que nos habla Javier Armentia.