Elon Musk afirma que puede levantar una ciudad en la Luna en menos de diez años, mientras que una colonia marciana tardaría más de 20
Elon Musk ha repetido hasta la saciedad que fundó SpaceX para llevarnos a Marte. En su web, la compañía sitúa el Planeta Rojo en el centro del proyecto de expansión humana más allá de la Tierra. Incluso ha llegado a declarar que su deseo es ir personalmente a Marte, y morir en Marte. Quizá no sea una mala idea.
La Luna, en cambio, parecía una distracción en los planes del magnate. Hace apenas trece meses, Musk insistía en que irían “directos a Marte” y describía a nuestro satélite como “una distracción”. Hoy dice lo contrario y eso obliga a repasar tanto la carrera por la Luna, con el programa Artemis de la NASA, como el papel de Starship, el cohete gigante y reutilizable con el que SpaceX quiere abaratar de forma radical el acceso al espacio.
El nuevo plan, explicado en X, la red social que compró en 2022, se resume en dos ideas, velocidad y supervivencia. “Para quienes no lo sepan, SpaceX ya ha cambiado el foco a construir una ciudad auto-creciente en la Luna, porque podemos lograrlo en menos de 10 años, mientras que Marte llevaría más de 20”, escribió el 8 de febrero. Añadió que el objetivo de SpaceX sigue siendo “extender la consciencia y la vida tal como la conocemos a las estrellas”, pero recordó un hecho orbital poco glamuroso y muy práctico. A Marte solo se viaja cuando los planetas se alinean, cada 26 meses, con un viaje de seis meses. A la Luna se puede lanzar cada 10 días y el trayecto dura dos días. Si se puede iterar más a menudo, dijo, se puede completar antes una ciudad lunar que una marciana.
Una ciudad en la Luna, mucho más asequible
Musk introdujo otra razón, menos técnica y más existencial. Expresó su preocupación por una catástrofe natural o provocada que corte el “puente logístico” con la Tierra y condene a una colonia incipiente. Según su argumento, una ciudad lunar podría hacerse auto-creciente antes, gracias al ritmo de envíos y a la menor distancia, lo que aumentaría las probabilidades de supervivencia si el suministro desde la Tierra se detiene. No renuncia a Marte, recalca, solo retrasa su calendario. Incluso sugiere que podría despegar un vuelo tripulado a Marte en 2031, mientras la Luna se convierte en la prioridad inicial.
El giro no significa empezar de cero en la Luna. Desde 2021, la NASA, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, seleccionó Starship como el primer módulo de alunizaje tripulado del programa Artemis, que busca una presencia sostenida en la superficie y su entorno hacia 2030. Si todo sale bien, Starship llevaría a los astronautas a la superficie en la misión Artemis 3, hoy prevista para 2028, después de que Artemis 2 complete un vuelo alrededor de la Luna. Pero hay obstáculos técnicos. Starship ha realizado 11 vuelos de prueba suborbitales y aún debe lograr una misión orbital, además de demostrar el trasvase de propelente en el espacio, un hito sin el que no habrá alunizaje. Cada misión lunar de Starship, además, requeriría múltiples vuelos “cisterna” para repostar en órbita.
El propio Musk ha destacado la capacidad lunar de Starship si se perfecciona el repostaje en órbita. En una actualización de X puso el foco en fabricar grandes cantidades de carga en la Luna y lanzarlas con un catapulta electromagnética. Incluso enlazó la idea con constelaciones de satélites de centros de datos con inteligencia artificial, IA, para escalar nuestra captación de energía y escalar en la llamada escala de Kardashev, que clasifica civilizaciones según la energía que aprovechan. Más allá del futurismo, la pieza real es la tasa de iteración en la Luna frente a Marte.
Hay, además, competencia. El año pasado la NASA, entonces liderada de forma interina por Sean Duffy, advirtió de la lentitud del desarrollo de Starship y amagó con abrir el contrato lunar a rivales como Blue Origin. Esa amenaza se ha atenuado con el relevo al frente de la agencia, ahora en manos del empresario y astronauta privado Jared Isaacman, y con el hecho de que Blue Origin ha pausado su turismo suborbital durante al menos dos años para centrarse en la Luna. La carrera sigue abierta y el calendario apremia.
El viraje de SpaceX no cierra la puerta al planeta rojo. La visión puede seguir intacta, pero la Luna ofrece un laboratorio cercano para aprender a vivir fuera del planeta, a un ritmo de ensayo y error mucho más rápido. Si el objetivo es asegurar la continuidad de la especie, Musk sostiene que primero conviene hacerlo donde se puede iterar sin esperar dos años entre ventanas de lanzamiento. La ciencia del calendario orbital, paradójicamente, es la que dicta la prisa.