¿Sabías que hay agua en la Luna? El polo sur  guarda hielo en cráteres helados y perpetuamente en sombra, que se podría aprovechar para extraer hidrógeno y oxígeno y convertir la Luna en la gasolinera del espacio.

El hallazgo de agua en la Luna cambió el guion. Desde los impactos de LCROSS en 2009 hasta las firmas espectrales de hielo vistas después, la idea de aprovechar esos depósitos dejó de ser ciencia ficción. Ingenieros y científicos discuten ahora cómo localizar ese hielo, excavar el regolito helado y transformarlo en propulsante. Detrás late una motivación simple. Lanzar cada kilo desde la Tierra cuesta muchísimo. En un mundo con menor gravedad y sin atmósfera como la Luna, fabricar allí el combustible abarataría misiones y abriría rutas hacia Marte.

Primero hay que saber dónde está el agua. Los polos, y en particular el polo sur, concentran regiones permanentemente sombreadas, los llamados PSR, siglas de permanently shadowed regions. Son cráteres hondos que nunca ven el Sol y alcanzan temperaturas bajísimas. Allí puede persistir hielo, no como una pista de patinaje, sino mezclado con el suelo. “El agua no está realmente como una pista de hielo. Está mezclada con el suelo”, explica Julie Stopar, del Lunar and Planetary Institute. Esa mezcla obliga a diseñar técnicas de extracción que funcionen en vacío, con frío extremo y polvo abrasivo.

Después llega el cómo. La estrategia más directa consiste en calentar el suelo para expulsar el vapor de agua y atraparlo en un recipiente frío. Se proponen fuentes de calor variadas. La luz solar concentrada puede servir cuando haya iluminación. También se contempla usar el calor sobrante de pequeños reactores de fisión que alimentarían futuras bases, porque los paneles solares en el polo sur dan energía de forma irregular. Hay propuestas imaginativas, como usar un motor cohete bajo una cúpula presurizada para excavar más hondo y soltar más vapor. Otras, como el proyecto europeo LUWEX, calientan, remueven y hacen rotar el regolito helado dentro de un crisol para liberar el agua de forma eficiente. Su prototipo ya ha producido un líquido purificado que los ingenieros describen como “calidad de agua potable”, aunque antes parezca “leche gris” por el polvo ultrafino que arrastra.

Primero extraer el agua en la Luna, después separarla en hidrógeno y oxígeno

Extraer agua solo es la mitad del trabajo. Para convertirla en combustible hay que dividirla en hidrógeno y oxígeno con electrólisis, un proceso que usa electricidad para romper el enlace químico entre ambos elementos. La electrólisis funciona a diario en la Tierra, pero en la Luna deberá lidiar con agua extremadamente pura, porque las impurezas reducen la eficiencia y generan subproductos indeseados. “Haría falta un pulido adicional”, admiten los ingenieros que prueban los sistemas. La meta es licuar después los gases y almacenarlos como hidrógeno líquido y oxígeno líquido, el mismo dúo que impulsa cohetes modernos.

El plan tiene premio. Si se logra producir propulsante lunar de forma fiable, el polo sur dejaría de ser solo un campamento científico. “Los beneficios de un propulsante abundante producido en la superficie lunar son enormes”, dice George Sowers, de Colorado School of Mines. “El agua es el petróleo del espacio”. Un depósito de combustible in situ rebajaría drásticamente el coste de una misión humana a Marte y permitiría repostar rovers y sistemas con pilas de combustible en vez de depender siempre del Sol o de reactores.

Quedan incertidumbres. Nadie ha operado durante meses en un PSR con un robot minero autónomo. La movilidad en pendientes, la navegación sin línea de visión con la Tierra y la gestión del polvo son retos técnicos serios. “No tenemos ni idea de si funcionará en esas condiciones”, admite Paul Zabel, responsable de LUWEX. También hay un problema geopolítico. El recurso no es infinito y los mejores yacimientos pueden concentrarse en pocos cráteres. La carrera por llegar primero podría tensar la convivencia lunar si no se establecen reglas claras.

Aun así, la dirección parece marcada. Cuando las primeras bases se instalen y los astronautas pasen más que unos pocos días, seguir enviando desde la Tierra agua, aire y combustible será insostenible. La Luna como taller y gasolinera reduce el presupuesto, recorta riesgos y, sobre todo, convierte el salto a Marte en un trayecto con escala razonable. Falta dar el primer sorbo de agua fabricada allí y el primer encendido de un motor con combustible lunar. Después, el resto encaja.

REFERENCIA

Direct evidence of surface exposed water ice in the lunar polar regions

Imagen: NASA