Desde hace 320 millones de años han existido algunos lagartos que poseen una armadura ósea, ahora un nuevo estudio ha desvelado el origen de esta estructura
Cuando pensamos en un esqueleto, imaginamos huesos ocultos bajo capas de músculo, sin embargo, la naturaleza tiene sus propias reglas de diseño. Algunos animales llevan sus huesos por fuera, justo debajo de la piel, como si fuera una armadura medieval.
Estas estructuras se llaman osteodermos, placas óseas que se forman dentro de la dermis que actúan como un chaleco antibalas evolutivo, y aunque parezcan sacadas de una película de ciencia ficción, han estado presentes en la naturaleza durante millones de años en criaturas tan diversas como armadillos, cocodrilos y dinosaurios.
Recientemente, un extenso estudio evolutivo, publicado en el Biological Journal of the Linnean Society, ha resuelto el misterio que se oculta tras 320 millones de años, sobre cómo estas placas óseas aparecieron y desaparecieron a lo largo del tiempo.
Durante más de 300 años naturalistas, anatomistas y paleontólogos debatieron si todos los reptiles con armadura descendían de un único ancestro común que ya poseía esta característica o si había surgido varias veces por separado. Tras analizar a 643 especies, tanto vivas como extintas, mediante avanzadas técnicas de microtomografía computarizada (µCT) y modelos computacionales, los investigadores han dado con la respuesta definitiva.
Renderizado de la cabeza y el cuello del varano con osteodermos y endoesqueleto expuestos. Fuente: Oxford Academy
El regreso de la armadura ósea
Los huesos en la piel de los reptiles no evolucionaron una sola vez, sino varias veces, hasta en 13 ocasiones diferentes, y de forma independiente en distintas líneas de lagartos.
La investigación demuestra que los osteodermos surgieron de forma independiente en múltiples familias de lagartos, principalmente durante el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano. Este fenómeno se conoce como evolución convergente, se trata diferentes especies, enfrentadas a retos de supervivencia similares que llegaron exactamente a la misma solución por caminos separados.
Pero el hallazgo más sorprendente del estudio tiene como protagonistas a los varanos (varanus), conocidos en su país como goannas,, un grupo que incluye a los lagartos monitores. Los antepasados de los varanos perdieron su armadura ósea hace unos 72 millones de años, posiblemente porque un cuerpo más ligero y ágil les permitía ser unos cazadores más activos y eficientes.
Lo extraordinario ocurrió cuando sus descendientes llegaron a Australia hace unos 20 millones de años y en un giro evolutivo sin precedentes, los varanos australianos volvieron a desarrollar la armadura que sus ancestros habían desechado millones de años atrás.
La utilidad de la armadura ósea: mucho más que un escudo
Este fenómeno desafía la llamada «Ley de Dollo», un principio biológico que sugiere que una vez que un rasgo complejo se pierde en la evolución no puede volver a aparecer. Los varanos son el único linaje de lagartos conocido que ha logrado este regreso evolutivo.
Los científicos creen que este resurgimiento ocurrió como una respuesta al clima cada vez más árido de Australia durante el Mioceno. Los huesos en la piel no solo sirven como escudo contra mordeduras, en entornos extremadamente secos, estas placas óseas funcionan como un aislante térmico y una barrera fisiológica que reduce drásticamente la pérdida de agua por evaporación a través de la piel, mejorando la termorregulación en paisajes secos y hostiles.
Esto demuestra que los genes y mecanismos necesarios para formar esta estructura pueden permanecer latentes durante millones de años para reactivarse cuando las condiciones lo requieran.
Ahora que sabemos que los huesos dérmicos evolucionan de forma independiente, los científicos pueden investigar qué genes los activan, qué condiciones ecológicas los favorecen y cómo se integran en el cuerpo de cada especie. La evolución, una vez más, demuestra que no es lineal ni predecible, es creativa, flexible y capaz de reinventar soluciones antiguas para desafíos nuevos.
REFERENCIA
Lizards in chain mail: reconstructing the enigmatic past of dermal armour in squamate reptiles