Los estudios de los últimos años revelan que la sangre menstrual contiene células madre con propiedades regenerativas únicas y aplicaciones documentadas en cicatrización, enfermedades neurodegenerativas, lesión de médula espinal y diabetes.

El endometrio humano hace algo que ningún otro tejido del organismo es capaz de hacer con la misma regularidad y eficiencia: se destruye casi por completo y se regenera a sí mismo más de cuatrocientas veces a lo largo de la vida reproductiva de una persona. Sin cicatriz. Sin inflamación crónica. Con una precisión biológica que la medicina regenerativa lleva décadas intentando imitar en otros tejidos del cuerpo. Lo que los investigadores han tardado en preguntarse, en parte por razones culturales y en parte por una historia de falta de financiación de la investigación en salud femenina, es qué tiene de especial ese tejido. La respuesta resulta que está contenida, en parte, en el fluido menstrual que durante milenios fue simplemente descartado.

Células madre que se obtienen sin bisturí

Cuando el endometrio se desprende durante la menstruación, arrastra consigo una población de células madre mesenquimales que los investigadores denominan MenSC (del inglés menstrual blood-derived stem cells). Estas células presentan una combinación de propiedades que las distingue de otras fuentes de células madre adultas: se pueden obtener de forma no invasiva y periódica, sin cirugía ni anestesia; proliferan a una velocidad inusualmente alta (con un tiempo de duplicación de unas 19 horas frente a las 48-72 horas de las células madre de médula ósea); y mantienen su estabilidad cromosómica tras más de 68 generaciones de cultivo, lo que es crucial para cualquier aplicación terapéutica.

Pero el dato más relevante es su capacidad de diferenciación. Un estudio pionero demostró que las células madre endometriales regenerativas podían transformarse en nueve tipos distintos de tejido: cardiomiocitos, células del epitelio respiratorio, neuronas, células musculares, células endoteliales, células pancreáticas, células hepáticas, adipocitos y osteocitos. Ninguna fuente de células madre adultas había mostrado hasta entonces esa versatilidad sin los problemas éticos asociados a las células madre embrionarias.

Cicatrización cuatro veces más rápida

La primera línea de aplicación que atrajo atención científica fue la cicatrización de heridas. La lógica era directa: si el útero repara su propio tejido cada mes sin dejar cicatriz, sus proteínas podrían hacer algo similar en otros tejidos. La Dra. Jemma Evans, del Hudson Institute of Medical Research en Melbourne, puso a prueba esa hipótesis en un estudio publicado en 2018: utilizó plasma derivado del fluido menstrual para tratar heridas en células de piel humana y lo comparó con el plasma de sangre convencional.

Los resultados fueron contundentes. El plasma menstrual produjo una cicatrización completa (100%) en 24 horas. El plasma de sangre convencional logró aproximadamente un 40% en el mismo tiempo. La diferencia se explicó por la mayor complejidad de las proteínas presentes en el fluido menstrual respecto a las del plasma sanguíneo ordinario, una composición molecular que el equipo no esperaba encontrar con esa riqueza.

Enfermedades neurológicas, médula espinal y Alzheimer

La capacidad de las MenSC para diferenciarse en neuronas ha abierto una línea de investigación particularmente activa en enfermedades del sistema nervioso. Un estudio publicado en Stem Cell Research & Therapy en agosto de 2025 mostró que las células madre derivadas de sangre menstrual reducen la neuroinflamación y la apoptosis celular en modelos de la enfermedad de Niemann-Pick tipo C1, una enfermedad neurodegenerativa progresiva pediátrica, a través de la vía de señalización JAK2/STAT3.

En modelos animales de lesión de médula espinal, las MenSC han demostrado capacidad de migrar hacia el sitio de la lesión y contribuir a la recuperación funcional. También se han probado en modelos preclínicos de enfermedad de Alzheimer, diabetes tipo 1, lesión pulmonar aguda, distrofia muscular de Duchenne e infarto de miocardio. Las MenSC constituyen una fuente de células madre mesenquimales con alto potencial terapéutico, no invasiva y con propiedades inmunomoduladoras significativas que las hacen especialmente útiles en condiciones de inflamación crónica y autoinmunidad.

Un tabú que ha costado décadas de investigación

Una pregunta razonable es por qué esta fuente de células madre con tantas propiedades no se descubrió antes. Parte de la respuesta está en la biología, ya que el fluido menstrual fue difícil de caracterizar en sus componentes celulares durante décadas. Pero otra parte está en el tabú cultural que rodeó a la menstruación en gran parte del mundo occidental moderno, lo que se tradujo en menor financiación, menor interés académico y menor presencia en los programas de investigación de salud femenina.

La revisión de los registros de ensayos clínicos en ClinicalTrials.gov muestra que hay ensayos activos con MenSC para el síndrome de dificultad respiratoria aguda (ARDS) y la diabetes tipo 1, entre otros. El camino desde el laboratorio a la clínica requiere aún resolver cuestiones de estandarización (los criterios de recolección, los marcadores moleculares óptimos y la variabilidad entre donantes de distintas edades y condiciones hormonales), pero el punto de partida, una fuente de células madre accesible, periódica, no invasiva y sin controversia ética, es difícilmente mejorable. La biología no desperdicia lo que la cultura había decidido ignorar.

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