El primer ensayo clínico piloto en pacientes con Alzheimer documentan que la creatina cruza la barrera hematoencefálica y mejora marcadores cognitivos en adultos con deterioro
Decenas de millones de personas toman creatina cada día. La compraron para el músculo, la dosifican por kilos de peso corporal, y casi ninguna sabe que esa misma molécula cruza la barrera hematoencefálica, se acumula en las neuronas y hace por el cerebro algo muy similar a lo que hace por las fibras musculares: proporciona un reservorio de energía de emergencia que mantiene el rendimiento cuando la demanda supera la oferta. La investigación sobre esa segunda vida de la creatina lleva años acumulándose en silencio, y los primeros datos en pacientes con Alzheimer acaban de añadir un capítulo que merece atención, con todos sus matices.
Por qué el cerebro necesita creatina
El cerebro consume en torno al 20% de la energía total del organismo a pesar de representar solo el 2% de su masa. Las neuronas no almacenan reservas de energía significativas: dependen de un suministro continuo de ATP, la molécula que alimenta prácticamente todo proceso celular, desde mantener los gradientes iónicos que hacen posible la señalización eléctrica hasta liberar neurotransmisores en las sinapsis.
La creatina entra en ese proceso a través del sistema de fosfocreatina. Una vez incorporada por la célula, se convierte en fosfocreatina, que actúa como tampón energético de alta velocidad: cuando la demanda de ATP sube de golpe (durante una ráfaga de señalización intensa, un esfuerzo cognitivo sostenido o una situación de estrés metabólico), la fosfocreatina regenera ATP en milisegundos a través de la enzima creatina quinasa, mucho más rápido que la fosforilación oxidativa mitocondrial. En músculo, ese sistema proporciona la energía explosiva del primer segundo de esfuerzo. En neuronas, proporciona el margen que impide que el procesamiento se ralentice cuando la demanda cognitiva es alta.
El problema en el cerebro con Alzheimer
La razón por la que este mecanismo se ha convertido en diana terapéutica en el Alzheimer es que la enfermedad deteriora específicamente el sistema de creatina cerebral. Los cerebros de pacientes con Alzheimer presentan niveles de fosfocreatina significativamente más bajos que los de controles sanos de la misma edad. La actividad de la creatina quinasa está reducida en el tejido cerebral afectado. La disfunción mitocondrial característica de la enfermedad crea lo que los investigadores llaman una crisis bioenergética: las neuronas del hipocampo y la corteza, precisamente las más implicadas en la memoria y la cognición, están crónicamente privadas de energía y pierden progresivamente la capacidad de mantener sus funciones sinápticas.
Lo que hace especialmente interesante la creatina como potencial intervención es que el sistema de fosfocreatina puede regenerar ATP mediante una vía que no depende de mitocondrias completamente funcionales. Si las mitocondrias están deterioradas por la enfermedad, la creatina puede compensar parcialmente ese déficit por una ruta alternativa.
El primer ensayo clínico en humanos: resultados prometedores con cautelas importantes
El ensayo CABA (Creatine to Augment Bioenergetics in Alzheimer’s), realizado en el Centro Médico de la Universidad de Kansas y publicado en Alzheimer’s & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions, fue el primer estudio en investigar la suplementación con creatina monohidrato en pacientes con Alzheimer.
Veinte participantes con deterioro cognitivo por Alzheimer probable recibieron 20 gramos diarios de creatina monohidrato durante ocho semanas. Los resultados de viabilidad (el objetivo principal del estudio, diseñado como piloto de brazo único) fueron positivos: el cumplimiento fue alto, la tolerabilidad fue buena y no se registraron eventos adversos significativos. En los resultados secundarios, los niveles de creatina cerebral, medidos mediante espectroscopía por resonancia magnética, aumentaron de forma mensurable tras la suplementación, confirmando que la creatina oral llega efectivamente al tejido neuronal. Las puntuaciones en pruebas cognitivas de clasificación, lectura y atención mejoraron tras las ocho semanas.
Aquí es necesario ser preciso sobre lo que estos datos significan y lo que no. El CABA es un estudio piloto de brazo único, sin grupo control y sin aleatorización, con solo 20 participantes. Su objetivo era demostrar la viabilidad de la intervención y generar datos preliminares, no establecer eficacia. La mejora cognitiva observada no puede atribuirse con certeza a la creatina en ausencia de un grupo placebo: el efecto podría deberse en parte a la atención recibida durante el estudio, a la variación natural de la enfermedad o a otros factores no controlados. Los propios autores del estudio son explícitos sobre este punto y señalan que los datos obtenidos deben servir para informar el diseño de ensayos controlados aleatorizados de mayor escala.
Efectos cognitivos en adultos sanos: más evidencia, también con matices
Más allá del Alzheimer, la revisión de 2025 en el Journal of Psychiatry and Brain Science compiló la evidencia acumulada sobre los efectos de la creatina en la función cognitiva de adultos sanos. Los hallazgos más sólidos corresponden a situaciones de estrés metabólico cerebral: en adultos con privación de sueño, una dosis de creatina mejoró de forma mensurable el rendimiento cognitivo en tareas de memoria de trabajo y razonamiento complejo. En deportistas sometidos a sobrecarga de entrenamiento, la suplementación atenuó el deterioro cognitivo asociado a la fatiga acumulada. En pacientes con depresión, añadir creatina a la terapia cognitivo-conductual mejoró los resultados más allá de lo que la terapia sola producía.
En adultos sanos y descansados, el efecto es más modesto y menos consistente entre estudios, lo que es coherente con la hipótesis del tampón energético: la creatina añade margen cuando el sistema está bajo presión, no cuando opera con holgura.
Lo que viene ahora
El valor de los datos actuales sobre creatina y Alzheimer no está en los números concretos, que son preliminares, sino en la viabilidad demostrada de la intervención y en la coherencia del mecanismo propuesto. La creatina monohidrato es un suplemento de bajo coste, ampliamente disponible, con un perfil de seguridad muy bien establecido en décadas de uso deportivo y con una lógica mecanicista sólida para la neuroprotección. Si los ensayos controlados de mayor tamaño que están en marcha confirman los efectos cognitivos en Alzheimer, sería uno de los hallazgos terapéuticos más accesibles de la última década para una enfermedad que sigue sin tratamientos que modifiquen su curso de forma significativa.