El Supertifón Sinlaku (abril de 2026), mientras pasaba de categoría 2 a categoría 5 en el Pacífico norte, generó ondas de gravedad atmosférica que se propagaron a más de 80 kilómetros de altura
Las ondas de gravedad atmosférica no tienen nada que ver con las ondas gravitacionales del espaciotiempo que detecta LIGO: son simplemente ondulaciones del aire generadas cuando paquetes de gas son desplazados verticalmente y la gravedad los restituye, creando oscilaciones parecidas a las que produce una piedra al caer en el agua. Se generan en muchos contextos: montañas que fuerzan al aire a subir, frentes de tormentas, y, especialmente, tifones y huracanes en plena intensificación.
En la atmósfera superior, donde el aire es 100.000 veces menos denso que en la superficie, esas ondas pueden propagarse enormes distancias verticales antes de disiparse. Y en condiciones excepcionales, como las que se dieron el 12 de abril de 2026 sobre el Supertifón Sinlaku, son visibles desde el espacio gracias al fenómeno del airglow: la tenue luminosidad producida por las moléculas de la mesosfera (a entre 80 y 100 km de altura) cuando liberan en forma de fotones la energía solar que absorbieron durante el día.
La tormenta que llegó al borde del espacio
El Supertifón Sinlaku fue uno de los ciclones tropicales de mayor intensidad jamás registrado tan pronto en el año en la región. Alcanzó la categoría de «tifón violento» (el máximo en la escala de la Agencia Meteorológica de Japón, equivalente a un Categoría 5 en la escala Saffir-Simpson) mientras se intensificaba sobre el Pacífico norte. Las imágenes del instrumento VIIRS (Visible Infrared Imaging Radiometer Suite) a bordo del satélite NOAA-20, tomadas en la noche del 12 de abril de 2026 (13 de abril hora local), muestran anillos concéntricos de airglow radiándose desde el centro de la tormenta en todas las direcciones, como si la mesosfera fuera la superficie de un lago perturbada por la energía de la tormenta millones de veces menor que la escala de la perturbación real.
Joan Alexander, investigadora del NorthWest Research Associates, señaló que la razón por la que las ondas llegaron tan lejos hacia arriba sin disiparse fue inusual: «Los vientos estratosféricos relativamente débiles a la latitud de la tormenta en abril de 2026 pueden haber ayudado a preservar las ondas.» Eso, combinado con una Luna en cuarto creciente que iluminaba lo suficiente sin solapar el tenue airglow, creó las condiciones para que los satélites capturaran esta imagen excepcional.
La utilidad práctica: predecir la intensificación de tormentas
Las ondas de gravedad atmosférica no son solo espectaculares visualmente: tienen utilidad práctica para la predicción meteorológica. Los análisis de ciclones pasados muestran que las ondas de gravedad detectables en la atmósfera superior tienden a aparecer precisamente cuando una tormenta está en proceso de intensificación rápida, uno de los aspectos más difíciles de predecir en la meteorología tropical.
Si los satélites geoestacionarios que vigilan los trópicos permanentemente pudieran detectar de forma rutinaria las firmas de ondas de gravedad en tiempo real, eso podría ser un indicador temprano de intensificación, proporcionando horas adicionales de alerta para las costas en peligro. El caso de Sinlaku añade otro ejemplo a esa correlación: las ondas de gravedad observadas el 12 de abril coincidieron exactamente con las 24 horas en las que la tormenta pasó de categoría 2 a categoría 5.
REFERENCIA