¿Hablas varios idiomas? Tu cerebro no es como el de otra gente

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Una investigación liderada desde el País Vasco encuentra que las personas que hablan más lenguas muestran patrones de conexión cerebral más jóvenes de lo que corresponde a su edad

Cambiar de idioma a media conversación es un ejercicio mental exigente: hay que elegir un vocabulario, silenciar el otro y ajustar sonidos y gramática en cuestión de segundos. Ese esfuerzo constante, repetido durante años, podría estar dejando una huella beneficiosa en el cerebro de quienes lo practican. Un equipo de investigación con acento español acaba de aportar una pista intrigante en esa dirección, aunque conviene leerla con las cautelas propias de este tipo de estudios.

Índice
  1. Un reloj para la edad del cerebro
  2. Seis, siete, trece años más joven
  3. Un patrón que ya se veía en 27 países
  4. Asociación, no receta mágica
  5. REFERENCIAS

Un reloj para la edad del cerebro

El trabajo lo lidera la doctora Lucia Amoruso, del Basque Center on Cognition, Brain and Language de San Sebastián, junto a colegas de Chile, Argentina e Irlanda. Su idea de partida fue construir un reloj de la edad cerebral, es decir, una forma de estimar cuántos años aparenta un cerebro a partir de cómo se comunican sus regiones. Para ello registraron la actividad de 728 personas mediante magnetoencefalografía, una técnica que capta los débiles campos magnéticos que generan las neuronas al activarse.

Un sistema de inteligencia artificial aprendió después qué aspecto tiene la conectividad cerebral típica en cada etapa de la vida y, con ese patrón, fue capaz de calcular la edad de un cerebro por su actividad. Los investigadores aplicaron luego ese reloj a un grupo distinto de 144 personas del País Vasco, una región idónea porque sus habitantes pueden usar a diario español, euskera, francés e inglés. Los resultados se presentaron en el congreso FENS Forum 2026.

Seis, siete, trece años más joven

La diferencia apareció al comparar la edad real de cada participante con la que predecía su actividad cerebral. Quienes hablaban dos lenguas tenían cerebros que parecían unos seis años más jóvenes que los de las personas monolingües. La distancia crecía hasta unos siete años entre quienes manejaban tres idiomas y alcanzaba unos 13 años en los que hablaban cuatro. El efecto, además, no dependía solo del número de lenguas, ya que empezar antes con el segundo idioma y dominarlo mejor también se asociaban a un envejecimiento cerebral más retrasado. Según resume Amoruso, la experiencia multilingüe funciona como un gradiente, de modo que importa tanto la profundidad como la duración del contacto con las lenguas, más allá de la simple etiqueta de bilingüe.

Un patrón que ya se veía en 27 países

Conviene situar este anuncio en su contexto, porque no llega solo. La presentación de San Sebastián se apoya en un estudio anterior, este sí revisado por pares y publicado en la revista Nature Aging a finales de 2025, en el que el mismo grupo, con Agustín Ibáñez a la cabeza junto a Amoruso, analizó datos de 27 países europeos. Aquel trabajo ya había encontrado que el multilingüismo protege frente al envejecimiento acelerado, tanto en comparaciones entre personas como en su seguimiento a lo largo del tiempo. La novedad de ahora es que empieza a poner un mecanismo cerebral, la conectividad neuronal, a un patrón poblacional que ya se conocía.

Asociación, no receta mágica

Los autores ajustaron sus análisis por edad, sexo y nivel educativo, pero reconocen que sus datos no pueden demostrar que hablar varios idiomas sea la causa directa de un cerebro más joven. Las personas multilingües pueden diferir también en su estilo de vida, su actividad social u otras experiencias que ayudan a mantener sano el cerebro, y cualquiera de esos factores podría explicar parte de la asociación. Hay que sumar, además, que las cifras más espectaculares, las de los seis, siete y trece años, proceden de una comunicación de congreso que todavía no ha pasado el filtro de la revisión por pares. Estamos, por tanto, ante un indicio prometedor y coherente, no ante una prueba cerrada.

Aun con todas esas reservas, el mensaje de fondo resulta alentador y encaja con lo que ya sabemos sobre la salud cerebral. Como recuerda la neurocientífica Christina Dalla, ajena a esta investigación, la manera en que usamos el cerebro a lo largo de la vida influye en cómo envejece, sobre todo cuando nos exponemos a un aprendizaje esforzado que lo mantiene activo, y aprender una lengua es uno de los ejemplos más claros. La historia tiene, para el lector español, un doble atractivo: se cocina en el multilingüe País Vasco y ofrece un argumento científico más, junto a los culturales y sociales, para valorar y aprender idiomas a cualquier edad, aunque cueste. Cuanto antes se empiece, mejor, pero nunca es tarde para darle trabajo al cerebro.

REFERENCIAS

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