El asteroide Nysa revela una estructura de tres lóbulos nunca vista
El asteroide (44) Nysa, conocido desde 1857, esconde una forma que ningún otro cuerpo conocido del sistema solar había mostrado hasta ahora, y además viaja acompañado de una pequeña luna.
Nysa es uno de los asteroides más grandes y brillantes del cinturón principal, la región entre las órbitas de Marte y Júpiter donde se concentra la mayoría de estos cuerpos rocosos. Pese a llevar más de un siglo y medio catalogado, ha hecho falta la resolución de los telescopios más avanzados del mundo para descubrir que su forma no se parece a la de ningún otro asteroide conocido.
Tres lóbulos donde antes solo se veían dos
Un equipo internacional liderado por Kate Minker, con participación de observatorios como el Lowell y el Observatorio Europeo Austral, ha empleado imágenes de altísima resolución obtenidas con óptica adaptativa (una tecnología que corrige en tiempo real las distorsiones que la atmósfera terrestre introduce en las observaciones) para reconstruir la forma tridimensional de Nysa con un detalle sin precedentes.
El resultado, publicado como carta científica en Astronomy & Astrophysics, muestra un cuerpo de unos 75 kilómetros de diámetro compuesto por tres masas o lóbulos claramente diferenciados, unidos entre sí por dos estrechamientos o cuellos. Hasta ahora, todos los asteroides con forma de mancuerna que se habían identificado eran bilobulados, es decir, formados por dos masas unidas por un único cuello. Nysa es el primer caso confirmado de una estructura trilobulada.
Una pequeña luna que había pasado inadvertida
Además de la insólita forma del propio asteroide, las observaciones revelaron la existencia de un pequeño satélite, designado provisionalmente S/2026 (44) 1, de aproximadamente un kilómetro de diámetro, que orbita a Nysa a una distancia de al menos 170 kilómetros. Este tipo de lunas diminutas alrededor de asteroides suelen pasar desapercibidas durante décadas, ya que su tamaño y su cercanía al cuerpo principal las sitúan justo en el límite de lo que la tecnología de observación puede resolver desde la Tierra.
Cómo pudo formarse un cuerpo con tres lóbulos
Los investigadores manejan dos hipótesis principales para explicar el origen de esta estructura tan poco habitual. La primera es que Nysa sea en realidad un sistema triple en contacto, es decir, tres cuerpos independientes que en algún momento del pasado del sistema solar chocaron suavemente y quedaron pegados por su propia gravedad, un proceso conocido en otros asteroides bilobulados pero nunca observado con tres componentes.
La segunda posibilidad es que se trate de un único cuerpo coherente, pero con una forma extraordinariamente irregular, moldeada por impactos sucesivos a lo largo de miles de millones de años sin llegar nunca a fragmentarse del todo. Distinguir entre ambos escenarios exigirá nuevas observaciones que permitan analizar la composición interna y la distribución de masa del asteroide con más precisión.
Por qué importa un asteroide con esta forma
Cada nueva forma confirmada entre los asteroides ayuda a los astrónomos a reconstruir cómo chocaban y se fusionaban los cuerpos pequeños en los primeros tiempos del sistema solar, un proceso que en última instancia también dio forma a planetas como la Tierra. Un cuerpo trilobulado como Nysa, si resulta ser un sistema de tres componentes en contacto, obligaría a revisar los modelos actuales sobre cómo de comunes son este tipo de fusiones múltiples entre objetos pequeños, y podría no ser el único de su clase esperando a ser descubierto en el cinturón de asteroides.
El hecho de que Nysa llevara más de siglo y medio siendo observado sin que nadie detectara su verdadera forma también dice mucho sobre los límites de la astronomía tradicional basada en telescopios terrestres. Solo la combinación reciente de espejos de gran diámetro, óptica adaptativa de última generación y algoritmos de reconstrucción de imagen ha permitido resolver detalles de apenas unas decenas de kilómetros a cientos de millones de kilómetros de distancia, la escala necesaria para distinguir un lóbulo de otro en la superficie de un asteroide de este tamaño.
Los autores del estudio esperan ahora aplicar la misma técnica de imagen a otros asteroides grandes del cinturón principal que, como Nysa hasta ahora, podrían estar ocultando formas igual de insólitas bajo la apariencia de simples puntos de luz en los catálogos astronómicos.
REFERENCIA
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