Tu perro reconoce tus emociones con solo mirarte a la cara

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Un estudio con resonancia magnética en 14 perros muestra que su cerebro reacciona de forma distinta ante caras humanas alegres, neutras, enfadadas, tristes o asustadas. Es la primera prueba de que son capaces de diferenciar entre distintas emociones negativas solo con mirar el rostro.

Cualquiera que conviva con un perro sabe que el animal parece leernos el pensamiento, atento al tintineo de unas llaves o a la correa colgada del perchero. Un nuevo trabajo sugiere que esa sintonía va todavía más lejos de lo que creíamos, y que a nuestros perros les basta con mirarnos a la cara para captar cómo nos sentimos, sin necesidad de otras pistas.

Índice
  1. Perros muy buenos dentro del escáner
  2. Una cara feliz enciende la recompensa
  3. Distinguir el miedo de la rabia
  4. Con matices
  5. REFERENCIA

Perros muy buenos dentro del escáner

Para asomarse al cerebro canino, los neurocientíficos Laura Cuaya y Raúl Hernández-Pérez, de la Universidad de Viena, entrenaron a 14 perros de familia, entre ellos border collies y golden retrievers, para que permanecieran completamente quietos, despiertos y sin sujeción, dentro de una máquina de resonancia magnética. Mientras registraban su actividad cerebral, los animales miraban fotografías de rostros humanos con distintas expresiones. Como resume la propia Cuaya, los perros se portaron francamente bien en una tarea nada fácil, lo que permitió al equipo publicar sus resultados en la revista iScience.

Una cara feliz enciende la recompensa

En el primer experimento, los perros observaron caras de desconocidos con expresión alegre o neutra. El resultado fue tierno y revelador a la vez, ya que las caras felices activaban con más fuerza una región del cerebro asociada a la recompensa que las neutras. Dicho de otro modo, una sonrisa humana se registra en la mente del perro como algo bueno, aunque provenga de alguien a quien no conoce de nada. La expresión de nuestro rostro, por sí sola, tiene la capacidad de gustarle.

Distinguir el miedo de la rabia

El hallazgo más novedoso llegó en el segundo experimento, centrado en las emociones negativas. Al mostrarles rostros enfadados o tristes frente a otros asustados, el cerebro de los perros generó patrones de actividad distintos según la emoción. Es la primera evidencia de que estos animales pueden diferenciar entre dos emociones negativas fijándose únicamente en la cara, sin recurrir a las señales que suelen usar, como el lenguaje corporal, el olor o el tono de voz. El dato sugiere que el procesamiento emocional del perro es más fino y detallado de lo que los científicos suponían hasta ahora. Investigaciones anteriores ya habían demostrado que los perros distinguen si una cara humana expresa algo positivo o negativo, y que esas emociones activan zonas diferentes de su cerebro, pero quedaba por saber si eran capaces de afinar dentro de lo negativo, separando por ejemplo la rabia del miedo. Este trabajo indica que sí.

Con matices

Conviene tomarse el resultado con la debida prudencia. La muestra es pequeña, apenas 14 perros, y los propios investigadores advierten de que quizá no todos los canes se comporten igual. Hay que recordar, además, que lo que revelan las imágenes es que el cerebro diferencia esas emociones, un paso importante que no equivale necesariamente a comprenderlas en el sentido pleno de la palabra. Aun así, el trabajo enriquece el retrato de cómo el perro llegó a convertirse en un compañero tan sintonizado con nosotros, y abre la puerta a entender cómo evolucionó esa habilidad a lo largo de la domesticación. El equipo planea ahora estudiar cómo responde el cerebro del animal a un sonido que se considera el equivalente canino de la risa. De hacer lo mismo con gatos, en cambio, ni hablar, porque, como bromea Hernández-Pérez, sería una tarea casi imposible.

Queda, en cualquier caso, una excusa científica más para sonreír al próximo perro que se cruce en el camino. Según este estudio, hay bastantes probabilidades de que capte el gesto y lo interprete como lo que es, una señal amable. Detrás de esa mirada atenta que tantas veces nos devuelven hay un cerebro trabajando a fondo para entender qué sentimos, y acertando más de lo que jamás habríamos imaginado.

REFERENCIA

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