Durante años los psicólogos pensaban que nuestros amigos se nos parecen, pero no
Un estudio con personas organizadas en grupos de cuatro amigos reales, muestra que la similitud de personalidad apenas predice nada, la satisfacción con una amistad depende de otro factor
Existe una idea sobre la amistad que pocos cuestionan: nos llevamos mejor con las personas que se parecen a nosotros. Mismo sentido del humor, misma forma de ver el mundo, misma intensidad emocional. La expresión "Dios los cría y ellos se juntan" lleva siglos resumiendo esa intuición. Los algoritmos de las aplicaciones de citas la usan para emparejar a personas y los departamentos de recursos humanos la invocan para construir equipos. La psicología social la ha tratado durante décadas como punto de partida en lugar de como hipótesis. Un estudio acaba de someterla a una prueba más precisa que casi cualquier investigación anterior, y el resultado es que la intuición es en gran medida incorrecta.
El diseño que otros estudios no habían intentado
La investigación tiene un problema metodológico persistente: la mayoría de los estudios sobre amistad examinan pares de amigos de forma aislada, ignorando que las amistades no ocurren en el vacío sino dentro de redes sociales. Tu relación con una persona está moldeada por el contexto del grupo en el que ambos existís.
El equipo liderado por Hyewon Yang, de la Universidad Estatal de Michigan, abordó eso reclutando 371 grupos de exactamente cuatro amigos, para un total de 1.484 participantes. Cada grupo verificó su conexión real mediante una videollamada. Después, cada persona evaluó su propia personalidad y la personalidad de cada uno de los otros tres miembros del grupo usando el modelo de los Cinco Grandes (apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo). Este diseño de evaluación cruzada permite separar con precisión algo que los estudios anteriores confundían habitualmente: la similitud real (qué tan cerca están objetivamente dos personas en un rasgo) y la similitud percibida (qué tan parecidos cree cada uno que son). Las dos cosas se comportan de forma muy distinta.
Los amigos se parecen, pero mucho menos de lo que parecen
Los datos confirmaron que los amigos son similares en personalidad en cuatro de los cinco rasgos. Pero cuando se miran los tamaños del efecto, la similitud es tan débil que saber cómo es una persona da muy poca información útil sobre cómo será su amigo. Las correlaciones son reales, pero tan pequeñas que apenas superan el nivel del azar en términos prácticos.
La excepción más llamativa es la extraversión, el rasgo que intuitivamente más se asocia con la compatibilidad social: los amigos no mostraron similitud significativa en ese rasgo. Una persona muy extrovertida no tiene más probabilidades de tener amigos extrovertidos que introvertidos.
El segundo hallazgo es más incómodo: las personas creen sistemáticamente que sus amigos son mucho más parecidas a ellas de lo que esos amigos se describen a sí mismos. La distancia entre similitud real y similitud percibida fue grande y consistente en los cinco rasgos. Una parte de la experiencia de conectar con alguien puede ser una construcción cognitiva, no una verificación de compatibilidad real. La cercanía genera la ilusión de parecido porque tendemos a interpretar a las personas queridas a través del filtro de nosotros mismos.
Este es el hallazgo que más directamente contradice el supuesto dominante. La satisfacción con las amistades no fue predicha por lo parecidos que dos personas eran en personalidad, ni por lo parecidos que creían ser. Dos personas casi idénticas en los cinco rasgos o completamente distintas tenían la misma probabilidad de sentirse bien con su amistad. "Ni la similitud de personalidad real ni la percibida entre amigos predijo su satisfacción con las amistades", señaló Yang.
Lo que sí predice la satisfacción es el carácter del otro
Si el parecido no importa, ¿qué sí importa? Los datos apuntan en una dirección clara y poco romántica pero más accionable: lo que determina si una amistad se siente bien es el nivel absoluto de rasgos positivos de la otra persona, no el grado en que esos rasgos se comparten.
Tener amigos con puntuaciones altas en amabilidad y responsabilidad predijo mayor satisfacción con la amistad, independientemente de si esos rasgos coincidían o no con los propios. La amabilidad produce interacciones más cálidas y empáticas en el día a día. La responsabilidad produce fiabilidad, seguimiento y consideración. Ambas hacen que la relación sea más fácil de mantener y más segura de habitar, con independencia de quién sea el otro.
El neuroticismo jugó en la dirección opuesta: las personas con mayor tendencia a la ansiedad y la inestabilidad emocional declararon menor satisfacción con sus amistades, y tener amigos con altos niveles de neuroticismo también se asoció con menor bienestar en la relación, probablemente porque la turbulencia emocional frecuente desgasta incluso las relaciones más dispuestas.
Lo que el estudio no puede responder
La muestra tenía una edad media de 19 años, era mayoritariamente femenina y las amistades duraban de media tres años y medio. Cómo la similitud de personalidad afecta a amistades más largas formadas en la edad adulta y la madurez queda abierto. El diseño transversal captura un momento en el tiempo sin rastrear cómo evolucionan las relaciones. El estudio midió solo los Cinco Grandes rasgos de la personalidad, sin examinar valores compartidos, creencias políticas o compromisos vitales, que podrían mostrar patrones distintos a la personalidad.
Dentro de esos límites, el argumento es bastante claro. La amistad no requiere encontrar a tu espejo psicológico. Requiere encontrar personas que sean genuinamente buenas de tener cerca: amables, fiables y emocionalmente estables. Esas cualidades no tienen que ver con la similitud. Tienen que ver con el carácter.
Referencia
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