A las mujeres con menopausia les han dicho que la terapia con hormonas produce demencia, pero es al revés

menopausia

Un estudio de Stanford con 21.462 autopsias de mujeres halla que las usuarias de estrógenos tuvieron un 35% menos de alzhéimer y un 39% menos de demencia

Durante décadas, la comunidad médica se ha resistido al tratamiento con terapia hormona sustituiva para la menopausia (THS). Consiste en usar medicamentos con estrógeno y, a veces, progesterona, para reemplazar las hormonas que el cuerpo deja de producir tras la menopausia. Este tratamiento calma los sofocos fuertes, los sudores nocturnos y la sequedad vaginal, protege la masa muscular y previene la osteoporosis, mejorando así la calidad de vida diaria.

Aunque el tratamiento con hormonas era habitual en los años 90, Ee 2002, un gran ensayo clínico conocido como Women's Health Initiative (WHI) cambió todo. Entre otras cosas, asoció la terapia hormonal sustitutiva combinada, con estrógeno y progestina, a un mayor riesgo de demencia y cáncer en mujeres mayores de 65 años.

Las recetas de THS cayeron más del 70% en los años siguientes, la FDA de Estados Unidos colocó advertencias en los prospectos y esa sombra de duda persistió durante dos décadas en todo el mundo. Ahora, el análisis más exhaustivo hasta la fecha sobre lo que ocurre dentro de los cerebros de las mujeres que usaron estrógeno aporta una pieza de evidencia que apunta en sentido contrario.

Índice
  1. Lo que ningún estudio había hecho a esta escala
  2. Menos riesgo de demencia y alzhéimer
  3. Los fallos del estudio WHI
  4. Por qué hay que revisar el tratamiento con hormonas
  5. REFERENCIA

Lo que ningún estudio había hecho a esta escala

Jennifer Bruno y sus colegas de Stanford Medicine reunieron datos de 21.462 mujeres de 50 años o más a partir de dos de las mayores bases de datos sobre alzhéimer de Estados Unidos: el National Alzheimer's Coordinating Center, que agrupa 37 centros especializados, y el Alzheimer's Disease Neuroimaging Initiative. El diseño comparaba mujeres que habían tomado estrógeno solo, sin progestina, con mujeres que no habían recibido ninguna terapia hormonal. Las que usaron la combinación de estrógeno y progestina quedaron fuera del análisis, lo que permite aislar el efecto del estrógeno.

La novedad más importante estaba en la herramienta, ya que para las casi 3.000 mujeres cuyos cerebros fueron examinados en autopsia, los investigadores midieron directamente la presencia y densidad de placas de amiloide y ovillos de tau, los depósitos que definen el alzhéimer en términos biológicos, en lugar de depender de diagnósticos clínicos que, como recuerda el equipo, suelen ser menos precisos. Los resultados se publican en la revista Neurology.

Menos riesgo de demencia y alzhéimer

Las usuarias de estrógeno solo mostraron un 35% menos de probabilidades de tener patología de alzhéimer en el cerebro. Durante su vida, también tuvieron un 39% menos de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. En cifras concretas, el 18% de las usuarias de estrógeno no presentó ningún signo de alzhéimer en la autopsia, frente al 10% de las no usuarias; y el 40% mostró los tres marcadores característicos de la enfermedad, frente al 51% de las no usuarias. Los datos de mujeres vivas incluidas en el estudio reforzaron ese patrón a través de biomarcadores en sangre y líquido cefalorraquídeo que también apuntaban a menor carga de amiloide en las usuarias de estrógeno.

Los fallos del estudio WHI

El estudio del WHI y este de Stanford no son directamente contradictorios, porque midieron cosas distintas en poblaciones distintas. El ensayo de 2002 usó una terapia combinada de estrógeno y progestina en mujeres de entre 65 y 79 años, la mayoría más de una década después de su menopausia natural. El brazo de estrógeno solo del WHI, que se suele olvidar, mostró de hecho una tendencia hacia menos demencia, aunque sin alcanzar significación estadística.

La hipótesis de la ventana crítica plantea que el estrógeno podría resultar más protector cuando se empieza en los primeros años tras la menopausia, antes de que los cambios cerebrales se asienten. Las mujeres del WHI ya habrían pasado esa ventana. La FDA, tras una revisión científica completa, retiró en febrero de 2026 las advertencias sobre demencia de los prospectos de los productos de estrógeno solo, una decisión que llegó antes de que se publicara este estudio.

Por qué hay que revisar el tratamiento con hormonas

Las mujeres que deciden usar terapia hormonal pueden diferir sistemáticamente de las que no la usan en factores difíciles de medir: más recursos económicos, mejor acceso a la sanidad, mejores hábitos de vida, mayor conciencia de su salud. Ese sesgo de usuario sano es uno de los fantasmas habituales de la epidemiología observacional que podría afectar a los resultados.

Como señala el propio autor sénior Hadi Hosseini, la literatura reciente sugiere que la THS aporta más beneficio cuando se inicia en la menopausia o cerca de ella, de modo que los datos del estudio podrían estar subestimando el efecto. El trabajo tampoco aborda la terapia combinada ni ofrece datos sobre la duración o la dosis óptima. La propia Bruno es contundente al resumir: hace falta más investigación antes de hacer recomendaciones a las mujeres sobre el uso de estos tratamientos en relación con su salud cerebral.

Lo que aporta el estudio, con casi 3.000 autopsias y 21.000 mujeres, es el mayor conjunto de evidencia biológica directa que existe hasta ahora sobre esta pregunta. Que el estrógeno solo se asocie de forma consistente con menos depósitos en el cerebro, menos diagnósticos de demencia y mejores biomarcadores apunta a una señal real que merece seguir investigándose.

REFERENCIA

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