La diferencia de deseo sexual entre hombres y mujeres es real, pero no es biológica

hombres y mujeres

Una revisión de más de trescientos estudios sostiene que la brecha de libido entre sexos se explica por experiencias tempranas negativas, no por una diferencia innata

¿Nacen los hombres con más deseo sexual que las mujeres, o simplemente aprenden a desearlo de forma distinta? Diana Peragine, investigadora postdoctoral en la Universidad de Toronto Mississauga, ha revisado más de trescientos estudios de psicología y salud pública para responder a esa pregunta, y su conclusión desafía una idea que se suele dar por hecha: la llamada brecha de libido entre hombres y mujeres no tendría un origen biológico fijo, sino que se forjaría en las primeras experiencias sexuales de cada persona.

Índice
  1. Un vistazo diferente a las primeras veces
  2. Por qué esto cambia el diagnóstico habitual
  3. Lo que una revisión no puede demostrar por sí sola
  4. REFERENCIAS

Un vistazo diferente a las primeras veces

Peragine construye lo que llama el modelo de oportunidades y resultados del aprendizaje biodesarrollo, una forma de estudiar cómo el cerebro adolescente, especialmente receptivo al aprendizaje en esa etapa, queda condicionado por sus primeras experiencias sexuales. Y ahí aparece lo que la investigadora denomina la "brecha de placer": mientras muchos hombres jóvenes describen su primera relación sexual como algo mayoritariamente positivo, un porcentaje mucho mayor de mujeres jóvenes asocia ese primer contacto con dolor, incomodidad, autoconciencia sobre su propio cuerpo o incluso riesgos para la salud.

Esa diferencia inicial, sostiene Peragine, no se queda en un recuerdo aislado. Se convierte en un aprendizaje que moldea las expectativas y el interés sexual durante el resto de la vida adulta. En otras palabras, el problema no sería que las mujeres deseen menos por naturaleza, sino que el deseo sexual femenino arranca, con más frecuencia, de una experiencia que enseña a asociar el sexo con algo negativo.

Por qué esto cambia el diagnóstico habitual

Durante décadas, buena parte de la investigación sobre diferencias de género en el deseo sexual ha buscado explicaciones hormonales o evolutivas: niveles de testosterona, presión selectiva, diferencias cerebrales estructurales. El planteamiento de Peragine no las descarta por completo, pero añade una capa que suele quedar fuera del debate: el contexto social y educativo en el que ocurre el primer contacto sexual, incluyendo el acceso desigual a información, anticoncepción y apoyo médico. El estrés también afecta de forma distinta al deseo sexual según el género, otro factor que refuerza la idea de que el contexto pesa más de lo que se solía admitir.

Si la brecha de libido es en buena parte aprendida, esto quiere decir que mejorar la educación sexual y reducir el malestar en las primeras experiencias podría, con el tiempo, reducir también esa diferencia de deseo entre hombres y mujeres en la vida adulta.

Lo que una revisión no puede demostrar por sí sola

Se trata de una síntesis y un modelo teórico construido a partir de literatura ya publicada. Eso significa que su fuerza depende de la calidad de los más de trescientos trabajos que revisa, y que hará falta investigación específica, diseñada para poner a prueba directamente el modelo de Peragine, antes de dar el asunto por cerrado.

Puede que la próxima vez que alguien hable de "instinto" para explicar por qué desea más o menos sexo, la pregunta correcta no sea de qué está hecho su cuerpo, sino qué aprendió su cuerpo la primera vez que alguien lo tocó.

REFERENCIAS

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