Así era Purgatorius, nuestro pariente más antiguo, que conoció a los dinosaurios

Purgatorius mckeeveri

Dientes fósiles de Purgatorius, el pariente más antiguo conocido de todos los primates, aparecen 800 kilómetros más al sur de lo que se había documentado nunca antes.

Son diminutos. Tan pequeños que, según describe el paleontólogo Jordan Crowell, coautor del hallazgo, cabrían en la punta del dedo de un bebé. Y sin embargo, estos molares superiores encontrados en la cuenca de Denver, en Corral Bluffs, Colorado, pertenecen a Purgatorius, el género más antiguo conocido emparentado con todos los primates que existen hoy (lémures, monos, simios y, al final de esa larga cadena, nosotros).

Índice
  1. Ochocientos kilómetros más al sur de lo esperado
  2. Una brecha de dos millones de años que ahora tiene sentido
  3. Lo que unos dientes sueltos no pueden confirmar todavía
  4. REFERENCIAS

Ochocientos kilómetros más al sur de lo esperado

Hasta este hallazgo, los fósiles de Purgatorius se habían encontrado únicamente en yacimientos mucho más al norte, en Montana y zonas cercanas. El equipo liderado por Stephen Chester, del Denver Museum of Nature & Science, ha documentado ahora la presencia de este género más de ochocientos kilómetros al sur de cualquier localización previa. Los fósiles se datan en unos sesenta y cinco coma nueve millones de años, apenas un suspiro geológico después de la extinción que acabó con los dinosaurios no aviares hace sesenta y seis millones de años.

Ese margen de tiempo tan corto es la parte más interesante del hallazgo. Sugiere que, nada más despejarse el terreno tras la extinción masiva, los primeros parientes de los primates ya se estaban expandiendo con rapidez por buena parte de Norteamérica, colonizando nuevos territorios mientras los ecosistemas todavía se recomponían del cataclismo.

Una brecha de dos millones de años que ahora tiene sentido

El hallazgo también ayuda a rellenar lo que los propios investigadores describen como una brecha temporal de dos millones de años respecto a primates posteriores documentados más al suroeste. Antes de este descubrimiento, esa brecha dejaba sin explicar cómo pasó este linaje de los yacimientos del norte a los del suroeste del continente. Los fósiles de Corral Bluffs actúan como un peldaño intermedio, tanto en el tiempo como en el espacio, entre esos dos extremos geográficos.

Purgatorius no se parecía en nada a un primate moderno. Era un animal diminuto, probablemente arborícola, que se alimentaba de insectos y frutos blandos, mucho más parecido a una musaraña que a un lémur. Pero comparte con todos los primates posteriores ciertos rasgos dentales que permiten a los paleontólogos rastrear el parentesco incluso a partir de un puñado de dientes sueltos.

Lo que unos dientes sueltos no pueden confirmar todavía

El propio equipo advierte de una limitación importante: se trata de dientes aislados, sin cráneo ni esqueleto asociado, lo que complica determinar con certeza si pertenecen a una de las especies de Purgatorius ya descritas o si representan una especie nueva, todavía sin nombre formal. Jordan Crowell señala que los especímenes "pueden pertenecer a una especie anterior" dentro del género, pero confirmarlo exigiría encontrar más restos, idealmente con mandíbulas completas, en el mismo yacimiento o en otros cercanos.

Cada vez que aparece un fósil así de pequeño y de aparentemente poco vistoso, merece la pena recordar que la historia completa de nuestro propio linaje como primates no se escribió con esqueletos espectaculares, sino con animales del tamaño de un ratón que sobrevivieron al peor cataclismo que ha sufrido la vida en la Tierra y, contra todo pronóstico, se hicieron con el mundo que quedó vacío.

REFERENCIAS

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