En Tenerife han visto a esta galaxia duplicar su tamaño en un instante... cósmico
A 30 millones de años luz de la Tierra, una galaxia espiral escondía desde hacía décadas una segunda mitad de sí misma
Messier 74 lleva más de dos siglos fotografiada, medida y comparada con la Vía Láctea en los manuales de astronomía. Aun así, se le escapaba a todo el mundo casi la mitad de su cuerpo. Un equipo de astrónomos ha encontrado, en la oscuridad que rodea a esta galaxia espiral, un segundo disco de estrellas tan débil que ningún telescopio grande lo había detectado antes. Ese disco no llevaba ahí toda la vida de la galaxia: se formó hace un instante, en términos cósmicos, en menos de 1.000 millones de años.
Un disco que llevaba décadas escondido a plena vista
El hallazgo, firmado por un equipo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) liderado por Ignacio Ruiz Cejudo, aparece en la revista Astronomy & Astrophysics. Usando el Transient Survey Telescope, un telescopio de un metro instalado en el Observatorio del Teide, en Tenerife, el equipo captó estrellas hasta 10 veces más débiles que las que detectan catálogos habituales como el Sloan Digital Sky Survey.
Ahí apareció un disco azulado y extremadamente tenue que extiende la galaxia hasta unos 30 kiloparsecs de su centro (un kiloparsec equivale a unos 3.260 años luz), el doble de los 14 kiloparsecs que se le atribuían hasta ahora. "Hemos encontrado que M74 tiene un disco exterior extremadamente tenue y azul que nadie había visto antes", resume Ruiz Cejudo. El mismo Observatorio del Teide protagonizó hace unas semanas otro hallazgo, en aquel caso el de un asteroide que pasó peligrosamente cerca de la Tierra.
Cómo un telescopio de un metro superó a los gigantes
¿Cómo logra un telescopio modesto ver lo que a instrumentos mucho mayores se les ha escapado durante décadas? La respuesta no está en el tamaño del espejo, sino en la paciencia y en el procesado de las imágenes. "Detectar una estructura tan débil requiere una estrategia de observación y análisis de datos que sea amigable con estas estructuras", explica Ignacio Trujillo, coautor del estudio.
El equipo acumuló muchas horas de exposición sobre el mismo punto del cielo hasta alcanzar un brillo de superficie de alrededor de 31 magnitudes por segundo de arco cuadrado, un nivel de detalle que exige eliminar con mucho cuidado cualquier resto de luz parásita, desde el brillo del cielo nocturno hasta los reflejos internos del propio telescopio. "Esto demuestra que, con la instrumentación adecuada y una reducción de datos cuidadosa, un telescopio de un metro puede revelar estructuras que escapan a telescopios mucho más potentes", añade Miquel Serra-Ricart, también firmante del trabajo.
Una colisión de hace 1.000 millones de años, la sospechosa principal
El equipo del IAC baraja una explicación concreta para tanta prisa evolutiva: hace aproximadamente 1.000 millones de años, la galaxia UGC 1176 podría haber pasado lo bastante cerca de M74 como para agitar su gas exterior y disparar una oleada de formación estelar.
Es un escenario plausible, apoyado en la coincidencia de tiempos entre el paso calculado de UGC 1176 y la edad media de las estrellas del nuevo disco, de entre 262 y 1.015 millones de años según el margen de error del cálculo, pero no una colisión observada directamente, así que no se puede descartar del todo algún otro mecanismo interno de la propia M74. «Si UGC 1176 pasó cerca de M74 hace aproximadamente 1.000 millones de años, habría sacudido el gas del disco exterior y disparado la formación de estrellas», plantea Trujillo.
Encontronazos de este tipo entre galaxias no son excepcionales: hay otros casos de colisiones galácticas captadas con telescopios instalados en las islas Canarias, aunque en aquella ocasión el choque se veía en pleno directo y no como una cicatriz antigua.
Lo que esto supone para el resto de las galaxias
Los modelos estándar de formación galáctica asumen un crecimiento gradual y hacia fuera: los discos se ensanchan poco a poco a medida que pasan los eones. Este hallazgo sugiere que, al menos en algunos casos, ese crecimiento puede llegar en forma de estirón repentino, y que buena parte de esa historia queda escondida bajo el límite de sensibilidad de los grandes cartografiados del cielo.
Se suma a otras sorpresas recientes sobre cómo se comportan las galaxias. Hace poco se observó una galaxia por el telescopio James Webb que, contra todo pronóstico, no gira. El equipo del IAC ya prepara la siguiente ronda de observaciones profundas sobre otras galaxias cercanas, para comprobar si el estirón de M74 fue una rareza o la norma general.
Antes de dar por cerrado el catálogo de cualquier galaxia ya fotografiada mil veces, quizá haga falta apagar las prisas, apuntar el mismo telescopio de siempre y dejar la cámara abierta unas cuantas horas más de las habituales.
REFERENCIAS
- Ruiz Cejudo, I., Trujillo, I., Guerra Arencibia, S., Alarcón, M. R., Serra-Ricart, M., y Kaboud, O. "The explosive growth of the Messier 74 galaxy. A galaxy doubling its size in less than a Gigayear". Astronomy & Astrophysics (aceptado, en prensa), 2026. https://arxiv.org/abs/2606.20793
- Instituto de Astrofísica de Canarias. "Un estudio del IAC desvela que las galaxias pueden crecer de forma 'explosiva'". 4 de septiembre de 2026.
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