El estudio que aclaró qué es el squirting de una vez por todas

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Siete mujeres se sometieron en 2015 a ecografías antes, durante y después de eyacular para averiguar de dónde sale el fluido del squirting

Vejiga vacía. Vejiga llena. Vejiga vacía otra vez. Ese fue el guion, grabado con una sonda de ecografía pegada al abdomen, que siguió un equipo de urólogos y ginecólogos franceses para resolver una de las preguntas más discutidas de la sexualidad femenina: qué es exactamente el líquido que algunas mujeres expulsan en cantidades notables durante la excitación o el orgasmo, un fenómeno conocido como squirting.

Índice
  1. Qué reveló el ecógrafo en cada fase
  2. Orina sí, pero no solo orina
  3. Gräfenberg y los 70 años de confusión sobre el punto G
  4. Por qué la etiqueta importa
  5. REFERENCIAS

Qué reveló el ecógrafo en cada fase

El equipo reclutó a siete mujeres sin ninguna alteración ginecológica conocida que declaraban squirting frecuente y abundante. A cada una se le hizo una ecografía justo después de orinar de forma voluntaria (para partir de la vejiga vacía), otra durante la estimulación sexual previa a la emisión, y una tercera segundos después de eyacular.

Así se comporta nuestra vejiga durante la excitación, según muestran las tres pasadas de imagen: vacía al principio, se llena de forma visible mientras avanza el juego sexual y vuelve a vaciarse justo después de la emisión. Si alguna vez te has preguntado si el squirting resta líquido a la vejiga, la respuesta gráfica llegó de las propias imágenes.

Orina sí, pero no solo orina

El segundo paso fue bioquímico. Los investigadores compararon muestras de orina tomadas antes de la actividad sexual con el fluido recogido en el momento del squirting, midiendo urea, creatinina y ácido úrico, tres sustancias que son marcadores clásicos de la orina. En la mayoría de los casos, las concentraciones fueron prácticamente indistinguibles entre ambas muestras.

Sin embargo, en el fluido emitido también apareció, en algunas participantes, antígeno prostático específico (PSA), una proteína que asociamos casi siempre a la próstata masculina y que no estaba presente en la orina de esas mismas mujeres tomada minutos antes. La explicación más plausible señala a las glándulas de Skene, dos pequeñas estructuras alrededor de la uretra que comparten origen embrionario con la próstata y que por eso reciben el apodo de "próstata femenina".

Este estudio aporta justo el dato bioquímico que faltaba: una mezcla variable, no una sustancia única. Conviene no perder de vista que la muestra fue de solo siete mujeres, y todas ellas ya identificaban el fenómeno en su propio cuerpo con facilidad, así que el resultado retrata bien el mecanismo sin permitir calcular en qué porcentaje de mujeres aparece esa fracción prostática.

Gräfenberg y los 70 años de confusión sobre el punto G

La confusión sobre este fluido viene de lejos. En 1950, el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg describió una zona erógena en la pared anterior de la vagina que terminó bautizada con su apellido, el famoso "punto G", origen de buena parte del mito que analizamos en El mito del Punto G.

Tres décadas después, en 1981, un equipo con Beverly Whipple al frente publicó el caso detallado de una mujer que eyaculaba de forma abundante en el laboratorio, y esa observación abrió la puerta a tratar la emisión femenina como un fenómeno fisiológico real y no como un episodio aislado de incontinencia. Ya ocurrió antes que la ciencia decidiera poner cifras exactas donde solo había intuición o vergüenza: hace poco supimos, por ejemplo, cuántas terminaciones nerviosas tiene realmente el clítoris, un dato que durante décadas nadie se había molestado en contar.

Por qué la etiqueta importa

Durante años, algunas mujeres han sentido vergüenza, o incluso han evitado la penetración, por miedo a "hacerse pis" encima de su pareja, cuando en realidad vivían una respuesta fisiológica normal ante la excitación. Saber que la vejiga se llena y se vacía como parte del proceso no convierte el squirting en algo sucio ni en un error del cuerpo, del mismo modo que sudar durante el ejercicio tampoco lo es. La fracción de origen prostático, cuando existe, añade una capa fisiológica real encima de la vesical, sin sustituirla.

Queda por resolver por qué algunas mujeres producen esa fracción prostática y otras no, y si depende del tamaño de sus propias glándulas de Skene, de la intensidad de la excitación o simplemente del azar anatómico de cada cuerpo. Mientras la ciencia sigue esa pista, la etiqueta exacta de lo que ocurre bajo tu piel importa menos que una idea sencilla: nada de lo que tu cuerpo hace durante el sexo necesita una explicación para ser válido.

REFERENCIAS

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