Si tus hijos ya no saben hablar, no puedes echar la culpa al móvil
Un estudio noruego descubre que el vocabulario infantil crece más despacio cuanto más tiempo pasan sus padres mirando el teléfono
El niño de cinco años cuenta algo que le ha ocurrido en el colegio, pero la madre asiente sin levantar los ojos de la pantalla y responde con un "¿sí?" porque no se entera de nada. Esa distracción, repetida miles de veces a lo largo de los años, deja una huella medible en el cerebro del niño que está aprendiendo a hablar. Así lo sugiere un estudio publicado en JAMA Pediatrics que ha seguido a más de 700 niños noruegos desde los cinco hasta los siete años.
El dato que da la vuelta al discurso habitual
España se acaba de estrellar en el informe PISA de 2025 con un fuerte retroceso en comprensión lectora, registrando una media de 451 puntos, lo que supone un descenso significativo respecto a ediciones anteriores y sitúa al alumnado por debajo del promedio de la OCDE.
Este hundimiento de España en el informe PISA refleja dificultades generalizadas en el manejo y la atención de textos extensos, además de evidenciar brechas asociadas a factores socioeconómicos y metodológicos. La respuesta rápida de muchos padres es que la culpa es de los teléfonos móviles, y en parte tienen razón, pero no se trata del teléfono al que tiene acceso el niño, sino del que ellos utilizan.
Durante años, el mensaje a los padres ha sido casi exclusivamente "quita la pantalla a tu hijo". El equipo de la Universidad de Oslo, liderado por Junyi Yang y Øistein Anmarkrud, decidió medir algo distinto: cuánto tiempo pasaban delante del móvil los propios cuidadores mientras estaban con sus hijos.
El resultado fue que por cada hora diaria adicional de uso del teléfono por parte del cuidador principal, el crecimiento anual del vocabulario receptivo del niño (la capacidad de entender palabras) se ralentizaba en 0,42 puntos. En cambio, casi ningún indicador del propio uso de pantallas de los niños se asoció con un desarrollo del lenguaje más lento.
Hay un segundo hallazgo que conviene no perder de vista: los niños que ya tenían dispositivo propio a los cuatro o cinco años puntuaron de partida unos 5 puntos por debajo en vocabulario y 4,5 puntos por debajo en gramática, comparados con quienes no tenían móvil o tableta propios. Los investigadores ajustaron los resultados por el nivel educativo y los ingresos de la familia, así que la diferencia no se explica solo por el contexto socioeconómico.
Por qué importa más el móvil de los adultos
La explicación que proponen los autores tiene que ver con lo que en psicología del desarrollo se llama responsividad: la rapidez y calidad con la que un adulto responde a lo que dice o señala un niño pequeño. Cuando el cuidador está absorto en la pantalla, esas ventanas de interacción (la pregunta que queda sin respuesta completa, el objeto señalado que nadie nombra) se cierran antes de tiempo.
El vocabulario infantil no se construye solo escuchando palabras sueltas, sino en el vaivén de la conversación real. Por eso Anmarkrud insiste en que el uso de pantallas "debe pensarse a nivel familiar, no solo en función de cuántas horas pasa el niño frente a una pantalla".
El propio equipo reconoce un límite: al ser un estudio observacional, no puede afirmarse que el móvil de los padres cause por sí solo el retraso. Aun así, la consistencia del efecto a lo largo de tres años de seguimiento hace difícil despacharlo como casualidad.
España, un país de niños con móvil cada vez más jóvenes
La fotografía en España confirma que el debate no es teórico. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de TIC en los Hogares del INE, el 67,9% de los menores de entre 10 y 15 años ya usaba teléfono móvil en 2025, aunque la cifra bajó respecto a 2024, sobre todo entre los de 10 y 11 años.
La psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias, lo resume con una frase que conecta con el hallazgo noruego: "No podemos pedir a nuestros hijos que se sienten a la mesa sin teléfono si nos ven permanentemente haciendo scroll", y añade: "los niños aprenden de lo que les decimos, pero mucho más de lo que ven".
Esta idea enlaza con lo que ya contamos en Quo sobre cómo la adicción al teléfono de los padres daña el vínculo con sus hijos, y con cómo el móvil afecta al cerebro infantil según la edad. El estudio noruego añade una pieza nueva: no hace falta que sea el niño quien mire la pantalla para que el lenguaje se resienta.
Lo que sí puedes controlar hoy mismo
Retrasar la edad del primer móvil propio sigue siendo una decisión razonable. Sin embargo, el cambio con más impacto inmediato es más sencillo y depende solo de ti: empieza esta noche, en la cena, o mañana por la mañana, en el coche de camino al colegio: deja el teléfono fuera de la vista hasta que la conversación con tu hijo se haya agotado de verdad.
No hace falta un plan de desintoxicación digital familiar, basta con proteger esos minutos de atención completa: son ellos, no las horas totales de pantalla, los que parecen construir el vocabulario.
REFERENCIAS
- Yang J, Furnes B, Morken F, Bahdanovich Hanssen N, Hartveit Lie J, Melby-Lervåg M, Anmarkrud Ø. "Screen Use and Children's Language Development From Ages 5 to 7 Years". JAMA Pediatrics. Publicado en línea el 17 de agosto de 2026. doi: 10.1001/jamapediatrics.2026.3490. PMID: 42606877.
- Instituto Nacional de Estadística. Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares, 2025.
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