La nueva ciencia de la "marcha atrás": el riesgo es menor del que se pensaba, pero sigue ahí
Dos estudios sobre el líquido preseminal llegan a cifras muy distintas: el primero encontró espermatozoides en el 41% de los hombres; el segundo, solo en el 25%
La marcha atrás tiene fama de ser el método anticonceptivo más antiguo del mundo y, según la medicina moderna, uno de los menos fiables. El argumento central no suele discutirse: antes de eyacular, el cuerpo masculino libera un líquido que puede contener espermatozoides, y eso hace que incluso una ejecución perfecta del método no garantice nada. Lo que sí se ha discutido recientemente es cuántos hombres producen ese esperma previo y con qué frecuencia. La respuesta depende, según se ve, de a quién preguntas y cómo lo mides.
El estudio que puso en guardia a la ginecología
En 2011, investigadores del Reino Unido publicaron en la revista Human Fertility un experimento sencillo pero revelador. Recogieron 40 muestras de líquido preseminal de 27 voluntarios apoyando una placa de laboratorio en el momento previo a la eyaculación y las analizaron al microscopio. El resultado fue llamativo: en 11 de los 27 participantes (el 41%) había espermatozoides en alguna de las muestras, y en 10 de ellos (el 37% del total) una proporción de ese esperma era móvil, es decir, capaz en principio de alcanzar un óvulo.
El estudio reveló también algo más inquietante: el patrón no era aleatorio. En cada hombre, o todas sus muestras contenían esperma o ninguna lo hacía, lo que sugería que se trata de una característica individual, no de una cuestión de suerte en cada encuentro. Desde entonces, el dato del 41% circuló en folletos de educación sexual, consultas de ginecología y debates sobre métodos anticonceptivos como la cifra de referencia.
La repetición con reglas más estrictas
En 2024, un equipo de investigadoras de Los Ángeles decidió repetir el experimento con condiciones más exigentes. Reclutaron a 24 hombres con experiencia real practicando la marcha atrás, les pidieron esperar al menos 72 horas desde la última eyaculación y, sobre todo, orinar justo antes de cada recogida de muestra. La razón era técnica: la uretra puede albergar espermatozoides residuales de una eyaculación anterior, y esos restos se mezclan con cualquier líquido que la atraviese después, incluido el preseminal.
Si el protocolo de 2011 no exigía vaciar la vejiga, parte del esperma detectado en aquellas muestras podía ser un intruso de la relación previa, no una producción activa de las glándulas de Cowper. Con 70 muestras analizadas en el nuevo estudio, los números cambiaron de forma notable. El esperma apareció solo en el 12,9% de las muestras, procedente de seis de los 24 participantes: un 25%, uno de cada cuatro hombres, frente al 41% del estudio anterior. De esas muestras positivas, apenas siete alcanzaban una concentración que los especialistas consideran clínicamente significativa para un embarazo.
La conclusión publicada en la revista Contraception es más tranquilizadora que la de 2011, pero no anula el riesgo: un cuarto de los hombres del estudio produjo líquido preseminal con espermatozoides en alguna de sus muestras, sin ser consciente de ello en ningún momento.
Por qué los números son tan distintos (y lo que no sabemos todavía)
La explicación más probable de la divergencia entre ambos estudios es precisamente la orina previa. Si el esperma detectado en 2011 venía en parte de restos uretrales y no de las glándulas de Cowper, el protocolo más limpio de 2024 estaría midiendo algo más cercano a la producción real. Eso haría que el 25% sea una estimación más fiable del porcentaje de hombres que genuinamente libera esperma antes de eyacular.
Ninguno de los dos estudios cierra la pregunta con certeza: las muestras son pequeñas (27 y 24 participantes), las condiciones de laboratorio no replican del todo la fisiología real del coito, y el estudio de 2024 permitió a los propios participantes determinar si cumplían las condiciones del protocolo, lo que deja margen para el error. Tampoco se ha medido si orinar entre una relación y la siguiente en la vida real reduce el riesgo del mismo modo que en el laboratorio, aunque la lógica biológica lo sugiere.
Lo que cambia para quien usa la marcha atrás
En España, según la Encuesta de Anticoncepción 2024 de la Sociedad Española de Contracepción, el 1,4% de las mujeres de 15 a 49 años usa el coito interrumpido como método principal. Entre la población joven de 16 a 25 años, alrededor de un 20% recurre a él de forma ocasional o habitual. Para todos ellos, la nueva cifra del 25% es mejor noticia que el 41% de 2011, pero no es una buena noticia en términos absolutos: significa que uno de cada cuatro hombres libera esperma antes de eyacular sin saberlo, sin que exista ninguna señal que lo avise y sin que sea posible detectarlo fuera de un laboratorio. La Sociedad Española de Contracepción sigue clasificando el método entre los de menor eficacia, y estos datos no cambian esa recomendación.
El dato práctico más relevante que surge de comparar los dos estudios es la mecánica del riesgo: incluso en una ejecución perfecta de la marcha atrás, el riesgo arranca antes de la eyaculación. Reducirlo al máximo pasa por medidas adicionales, como el uso de preservativo desde el primer contacto o, en caso de fallo, recurrir a la píldora del día después, una red de seguridad que en realidad no debería usarse si hay una buena prevención. Saber que el número puede ser más bajo de lo que circulaba hasta ahora no equivale a saber que el número es cero.
REFERENCIAS
- Killick, S. R., Leary, C., Trussell, J. y Guthrie, K. A. (2011). Sperm content of pre-ejaculatory fluid. Human Fertility, 14(1), 48-52. DOI 10.3109/14647273.2010.520798.
- Patel, J., Nelson, A. L. y Nguyen, B. T. (2024). Low to non-existent sperm content of pre-ejaculate in perfect-use contraceptive withdrawal, a pilot study. Contraception, 140, 110555. PMID 39122085.
- Sociedad Española de Contracepción / Sigmados. (2024). Encuesta de Anticoncepción en España 2024.
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