Estudio: no es cierto que todos los caminos llevaban a Roma

Cartago - Calzada romana antigua. Vista de la calzada romana antigua en las villas romanas de Cartago, Túnez.

Los investigadores aplican el análisis de redes a 299.171 kilómetros de calzadas romanas y descubren cuál era el auténtico centro del Imperio.

Todos hemos oído el dicho y oído que todos los caminos llevan a Roma. Durante dos milenios, la frase ha funcionado como metáfora de un poder centralizado que irradiaba desde su capital hacia los confines del mundo conocido. El análisis científico más exhaustivo realizado hasta ahora sobre la red de calzadas del Imperio acaba de demostrar que, al menos por tierra, la metáfora estaba equivocada.

Índice
  1. La ciudad que nadie esperaba
  2. Cómo se mide una red de 2.000 años
  3. Un Imperio de redes provinciales
  4. La herencia que circula bajo nuestros pies
  5. REFERENCIA

La ciudad que nadie esperaba

La red de calzadas romanas, en el apogeo del Imperio hacia el año 150 d. C., se extendía por 299.171 kilómetros. Un equipo de investigadores ha aplicado herramientas de ciencia de redes a este sistema para calcular cuáles eran sus nodos con mayor centralidad: los puntos por los que pasaba el mayor número de rutas posibles entre dos ciudades cualesquiera del Imperio.

mapa de carreteras de roma @pythonmaps
Mapa de carreteras de roma @pythonmaps

El resultado sorprende. Ciudades como Antioquía, Bizancio, Ancira y Corinto ocupaban posiciones estratégicas mucho más importantes que la propia Roma para la movilidad terrestre a escala imperial. La capital solo destacaba como nodo central dentro de la red italiana. El estudio, publicado en la revista Nature Communications, apunta a que la imagen tradicional de un Imperio radial con Roma en el centro no se corresponde con la realidad de la infraestructura terrestre.

Los propios investigadores señalan que esta conclusión afecta a las rutas por tierra. La conectividad marítima, que no formaba parte del análisis, probablemente invertía ese patrón y situaba a Roma en una posición más central: sus puertos y la red fluvial dibujaban un mapa diferente al de las calzadas.

Cómo se mide una red de 2.000 años

El análisis combina varias técnicas. Los investigadores emplearon métricas de centralidad de redes (de intermediación, de cercanía y de grado), análisis topográficos que midieron la pendiente y la sinuosidad de cada tramo, y comparaciones directas con la red de carreteras modernas.

La sinuosidad media de las calzadas romanas resultó ser de 1,048 (un valor de 1 equivale a una línea perfectamente recta), lo que confirma que los romanos preferían la línea recta donde el terreno lo permitía. Las carreteras modernas, con una sinuosidad media de 1,024, son ligeramente más rectas gracias a los túneles y viaductos actuales. El 90,5% de las calzadas mantenía pendientes aptas para el tráfico con ruedas (por debajo del 16% de gradiente).

Un Imperio de redes provinciales

Otro hallazgo relevante tiene que ver con la organización del sistema. Las principales calzadas mostraban consistentemente mayor importancia estratégica que los caminos secundarios, pero la estructura de la red variaba mucho según la provincia. Algunas seguían un patrón lineal, discurriendo a lo largo de ríos o fronteras (como las del Rin o el Danubio). Otras mostraban estructuras centralizadas en torno a capitales provinciales. Otras, en cambio, presentaban redes más distribuidas.

Esto sugiere que la planificación romana era fundamentalmente provincial. Las calzadas respondían a necesidades militares, administrativas y económicas locales, y su trazado aprovechaba rutas preexistentes y la lógica de la conquista gradual, en lugar de responder a un diseño impuesto desde la capital.

La herencia que circula bajo nuestros pies

La correlación entre las calzadas romanas y las carreteras modernas es positiva pero moderada (ρ=0,46 en todo el Imperio), con una enorme variabilidad local. En algunas regiones de Europa occidental, especialmente el norte de Italia y la cuenca del Rin-Mosa, los cambios han sido mayores. En otras zonas, las calzadas romanas siguen siendo la columna vertebral del trazado viario actual.

Los investigadores señalan que este conjunto de datos, el más completo elaborado hasta ahora para el sistema viario romano, abre la puerta a estudios de historia económica sobre la persistencia de las infraestructuras y los distintos ritmos de desarrollo en los territorios que formaron parte del Imperio.

La red que conectó Britania con Mesopotamia, los Alpes con el desierto del Sahara, sigue dejando huella en los mapas de hoy. Su centro, según revelan los números, estaba mucho más al este de lo que el dicho popular sugería.

REFERENCIA

Imagen:Mapa de carreteras de roma @pythonmaps

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