En Europa hemos prohibido muchas sustancias peligrosas que aún se usan en EE.UU., pero ahí siguen
Una revisión sistemática de 181 estudios publicados en Environmental Research halla que químicos prohibidos desde los años setenta, siguen detectándose en 25 países europeos
Prohibir un contaminante no hace que desaparezca del planeta. Esa es la lección incómoda que confirma una nueva revisión sistemática sobre la familia de compuestos químicos conocida como éteres difenílicos polibromados (PBDE), ampliamente usados durante décadas como ignifugantes en electrónica, textiles, plásticos, vehículos y mobiliario. Su prohibición en Europa comenzó en los años setenta en algunos países y culminó en 2019 con la prohibición de la variante más resistente, el BDE-209. Medio siglo después del inicio de esas restricciones, los PBDE siguen estando en todas partes.
Una revisión de 181 estudios en 25 países
El equipo liderado por el profesor Khaled Abass, de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos), junto con investigadores de la Universidad de Oulu en Finlandia, la Universidad Técnica de Ostrava en la República Checa y la Universidad de Belgrado en Serbia, revisó 181 estudios revisados por pares que cubrían 25 países europeos. La búsqueda se realizó en las bases de datos Ovid, Scopus y Web of Science hasta noviembre de 2025, siguiendo la metodología PRISMA de revisiones sistemáticas. Los investigadores analizaron la presencia de los PBDE en seis compartimentos ambientales distintos: aire, agua, sedimentos, suelos, nieve y fangos de depuradora. El resultado, publicado en la revista Environmental Research, es claro en todos los frentes: los PBDE están presentes en entornos tanto urbanos e industriales como remotos, incluyendo zonas alpinas y árticas.
Los sedimentos no son un pozo sin fondo
El hallazgo más preocupante de la revisión tiene que ver con dónde se acumula la mayor concentración. La variante BDE-209 domina en los compartimentos ricos en partículas, es decir, los sedimentos de ríos y lagos, los fangos de depuradora y los sistemas vinculados a las aguas residuales. Durante décadas, se tendió a ver esos sedimentos como un almacén pasivo donde el contaminante quedaba atrapado e inerte.
La revisión desmonta esa idea: los sedimentos pueden actuar como reservorios a largo plazo que liberan lentamente los contaminantes hacia las masas de agua, los suelos, los sistemas de gestión de residuos y, eventualmente, las cadenas alimentarias. Las variantes con menor número de átomos de bromo, como el BDE-47 y el BDE-99, aparecen más en el aire y el suelo, lo que refleja que cada variante sigue rutas distintas a través del medio ambiente. El agua, en cambio, muestra concentraciones más bajas y transitorias, lo que sugiere que las prohibiciones han tenido algún efecto, aunque no suficiente.
La trampa de la economía circular
La revisión pone el dedo en una tensión política que va a volverse más urgente. Europa está apostando con fuerza por modelos de economía circular que alargan la vida de los materiales mediante el reciclaje. El problema es que muchos de esos materiales, fabricados antes de que se aplicaran las prohibiciones de los PBDE, contienen cantidades significativas de estos compuestos. Al reciclarlos sin un control químico riguroso, se corre el riesgo de que los ignifugantes prohibidos vuelvan a entrar en nuevos productos y, con ellos, en los hogares y entornos de trabajo. Circularidad sin vigilancia química puede convertirse, según los autores, en un mecanismo involuntario de redistribución de contaminantes heredados.
El problema está también en casa
Una de las conclusiones más prácticas del estudio apunta al interior de los edificios. El polvo doméstico y el aire interior de hogares, oficinas y colegios siguen siendo vías de exposición relevantes, especialmente en entornos con alta densidad de dispositivos electrónicos. Los PBDE se liberan lentamente de los plásticos y los tejidos que los contienen y se depositan en el polvo, que luego puede inhalarse o ingerirse. Dado que las personas pasan la mayor parte del tiempo en espacios cerrados, los autores reclaman que los programas de vigilancia presten más atención a los ambientes interiores, no solo a los ecosistemas naturales.
La conclusión de fondo es que la regulación química necesita ir acompañada de vigilancia ambiental a largo plazo. Vigilar un solo compartimento, un solo país o una sola variante ya no basta. Los PBDE migran entre el polvo, las aguas residuales, los fangos, los suelos y los organismos vivos en una cadena interconectada que las prohibiciones ralentizan pero no detienen de golpe. El trabajo subraya que los contaminantes heredados no pertenecen solo al pasado; siguen siendo un problema activo que las políticas ambientales no pueden dar por cerrado.
REFERENCIA
- Polybrominated diphenyl ethers (PBDEs) contamination across environmental compartments in Europe (Abass et al., Environmental Research, 2026. DOI: 10.1016/j.envres.2026.125047)
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