Imán cósmico: el vacío no está vacío y puede doblar la luz

Vacío

Astrónomos han medido, por primera vez de forma directa, cómo el campo magnético extremo de una estrella de neutrones tuerce la luz que atraviesa el vacío, confirmando una predicción de la física cuántica de hace casi noventa años.

A unos miles de años luz de la Tierra gira un cadáver estelar del tamaño de una ciudad, pero con la masa del Sol. Se trata de un magnetar, el objeto con el campo magnético más potente que conocemos en el universo, cientos de millones de veces más intenso que cualquier imán fabricado en un laboratorio. Un equipo internacional de astrofísicos ha aprovechado esa violencia magnética para poner a prueba una de las ideas más extrañas de la electrodinámica cuántica, y el resultado confirma algo que suena a ciencia ficción: el espacio vacío puede comportarse como un cristal que dobla la luz.

Índice
  1. Qué han observado exactamente
  2. Por qué los magnetares son el laboratorio perfecto
  3. Qué significa para la física
  4. REFERENCIA

Qué han observado exactamente

El equipo, liderado por Zorawar Wadiasingh, combinó observaciones de rayos X con datos de radio del magnetar 1E 1547.0−5408 para medir la polarización de la luz que emite. Encontraron que hasta el 65% de la radiación en la banda de rayos X blandos estaba polarizada, un porcentaje extraordinariamente alto que solo se explica si algo, en el trayecto entre la estrella y los detectores, está alterando de forma sistemática la orientación de las ondas de luz. Ese algo es el propio vacío, deformado por un campo magnético tan intenso que ya no se comporta como un espacio neutro.

Fue el físico alemán Werner Heisenberg quien, en la década de 1930, predijo que un campo magnético lo bastante fuerte podía polarizar el vacío cuántico, un fenómeno bautizado como birrefringencia del vacío. La idea parte de que el espacio vacío no está realmente vacío, sino lleno de pares de partículas virtuales que aparecen y desaparecen constantemente. Un campo magnético extremo puede alinear esas partículas fantasma de tal manera que actúan como un filtro polarizador gigante. El problema es que reproducir en la Tierra un campo cien millones de veces más fuerte que los que generamos en un laboratorio resulta imposible, así que los físicos han tenido que esperar a que la naturaleza les proporcionara su propio experimento.

Por qué los magnetares son el laboratorio perfecto

Los magnetares nacen del colapso de estrellas masivas y concentran una cantidad colosal de material en una esfera de apenas veinte kilómetros de diámetro. Esa compresión extrema genera campos magnéticos que ningún acelerador de partículas puede igualar. Según los investigadores, coordinar por primera vez observaciones simultáneas de radio y rayos X, usando el Imaging X-ray Polarimetry Explorer, el Neutron Star Interior Composition Explorer y el radiotelescopio de Parkes, en Australia, les permitió aislar el efecto del vacío magnetizado de otras posibles explicaciones, como la dispersión de la luz en el material que rodea a la estrella.

Los datos muestran que el grado de polarización cambia con la energía de los fotones, disminuyendo notablemente entre los 2 y los 4 kiloelectronvoltios, exactamente el patrón que predice la teoría cuántica cuando el vacío birrefringente actúa sobre la luz emitida cerca de la superficie estelar.

Qué significa para la física

Confirmar la birrefringencia del vacío no es un simple ejercicio académico. La electrodinámica cuántica es una de las teorías mejor probadas de la física, pero casi todas sus predicciones se han verificado en condiciones de laboratorio, con campos relativamente débiles. Observar cómo se comporta en el extremo opuesto, bajo la fuerza bruta de un magnetar, permite comprobar si la teoría sigue funcionando en circunstancias que ningún ser humano podrá replicar jamás. De momento, la respuesta es sí, lo que refuerza la confianza en un pilar central de la física moderna.

El hallazgo también abre una vía práctica: la polarización de los rayos X procedentes de estrellas de neutrones se convierte en una herramienta para estudiar el interior de estos objetos, un territorio que sigue siendo, en gran medida, un misterio. Cada nuevo magnetar observado con esta técnica añade una pieza al rompecabezas de cómo se comporta la materia bajo las condiciones más extremas que existen fuera de un agujero negro.

Lo fascinante del resultado es que confirma, con datos reales del cosmos, algo que durante generaciones fue solo un cálculo sobre el papel. El vacío que llena la mayor parte del universo esconde una estructura sutil que solo se manifiesta bajo fuerzas descomunales, y ahora, por fin, tenemos pruebas directas de que esa estructura es real.

REFERENCIA

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