Un cohete a la deriva de Elon Musk hace un nuevo cráter en la Luna

crater en la luna

Hoy, 5 de agosto, hacia las 06:35 UTC, una etapa superior de un Falcon 9 de Space X a la deriva desde 2025 ha impactado contra la Luna

La Luna está a punto de estrenar cráter, y esta vez la culpa es nuestra. O mejor dicho, de Elon Musk. Un trozo de chatarra espacial de fabricación humana lleva meses en curso de colisión con nuestro satélite, y decenas de astrónomos han puesto el despertador para intentar cazar el momento del impacto. Conviene avisar de que, cuando leas esto, es muy posible que el golpe ya se haya producido, porque estaba previsto para las primeras horas de hoy.

Índice
  1. Un cohete a la deriva desde 2025
  2. Cita en el cráter Einstein
  3. Difícil de ver, valiosísimo de estudiar
  4. REFERENCIA

Un cohete a la deriva desde 2025

El protagonista es un objeto catalogado como 2025-010D, la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX. Pesa unas cuatro toneladas y mide unos 12 metros de largo, y es en esencia una estructura metálica hueca. Despegó el 15 de enero de 2025 desde Florida con una doble misión a bordo: llevar hacia la Luna el módulo Blue Ghost 1, de la empresa Firefly, y el Resilience, de la japonesa ispace. Cumplida su tarea de empujarlos hacia una trayectoria translunar, la etapa se quedó sin combustible para regresar a la Tierra o alejarse al espacio profundo, así que quedó vagando en una órbita alta e inestable que cruzaba la de la Luna.

lugar aproximado del impacto en la Luna
lugar aproximado del impacto en la Luna

La gravedad hizo el resto y acabó poniéndola en rumbo de colisión, algo que los astrónomos detectaron el pasado mayo. A diferencia de un caso confuso de 2022, en el que un cohete que impactó en la Luna se atribuyó primero a SpaceX y luego a China, esta vez el origen del objeto no ofrece dudas.

Cita en el cráter Einstein

Según el preprint publicado en arXiv por un equipo de 23 investigadores encabezado por Benjamin Fernando, el impacto se ha producido hacia las 06:35 UTC, cerca del cráter Einstein, en el borde de la cara visible de la Luna. La etapa ha llegado  a unos 2,43 kilómetros por segundo (cerca de 8.750 kilómetros por hora), con un ángulo de 34 grados respecto a la vertical, y descargaría una energía cinética de 11,8 gigajulios, el equivalente a unas 2,8 toneladas de TNT.

El resultado esperado es un cráter de entre 20 y 30 metros, con una capa de material expulsado de unos 70 metros de diámetro y polvo lanzado hasta unos 100 kilómetros de altura.

Difícil de ver, valiosísimo de estudiar

Ninguna de las naves espaciales que ya se encontraban en órbita alrededor de la Luna estaba en posición de captar el impacto en directo, por lo que la primera tarea de los científicos ahora es comparar imágenes de la superficie tomadas antes y después para detectar un nuevo cráter de impacto.

Aún así, la etapa viaja despacio para lo que es un impacto lunar, y a menor velocidad el destello es más tenue, hasta el punto de que nunca se ha confirmado la observación de un impacto en la cara iluminada de la Luna. Las mejores posiciones para intentarlo estaban en Sudamérica y parte de Norteamérica, mientras que desde España la observación resultaba prácticamente inviable.

El verdadero premio, en todo caso, es científico. Como conocemos con precisión la masa, el tamaño, la composición y el momento aproximado del golpe, este impacto funciona como un experimento calibrado, ideal para poner a prueba los modelos de brillo del destello y de la dinámica del polvo, y para ensayar las técnicas de localización de impactos que servirán en futuros experimentos sísmicos lunares.

Se espera un único cráter, más limpio de interpretar que el doble que dejó el objeto de 2022, y el precedente más famoso sigue siendo la sonda LCROSS, que la NASA estrelló adrede en 2009 y que ayudó a confirmar la presencia de hielo de agua.

Más allá del espectáculo, este golpe involuntario apunta a un problema de fondo que va a más. Nadie regula de verdad quién puede estrellar su chatarra contra la Luna, una superficie de enorme valor científico e incluso arqueológico.

Con el tráfico hacia el espacio cislunar en plena expansión, empujado por misiones privadas como las que viajaban en este mismo cohete, cabe esperar más impactos de este tipo y, con ellos, un debate sobre las reglas del juego en el que Europa y la Agencia Espacial Europea también tienen mucho que decir. Resulta revelador el contraste: somos capaces de predecir casi al segundo dónde caerá nuestra propia basura en otro mundo, y en cambio aún no nos hemos puesto de acuerdo sobre si deberíamos estar haciéndolo.

REFERENCIA

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