VIDEO: Estas son las imágenes más nítidas del Sol jamás vistas

Estas son las imágenes de mayor resolución de la superficie del Sol, o fotosfera, que se han captado hasta la fecha

El Telescopio Solar Inouye, el más potente del mundo, ha captado la fotosfera con un detalle sin precedentes y ha descubierto diminutos remolinos de plasma

Nunca habíamos mirado tan de cerca la cara de nuestra estrella. Las nuevas imágenes de la superficie del Sol muestran un hervidero de remolinos que se forman y se deshacen en cuestión de segundos, un baile turbulento que hasta ahora quedaba emborronado por la falta de resolución. Ese detalle inédito no es solo espectacular, ya que ha permitido resolver de golpe varios de los grandes enigmas de la física solar.

Índice
  1. Un área de 19 kilómetros del Sol
  2. Remolinos por todas partes
  3. El motor oculto del clima espacial
  4. El enigma de la corona ardiente
  5. REFERENCIA

Un área de 19 kilómetros del Sol

El responsable de la hazaña es el Telescopio Solar Daniel K. Inouye, instalado en una cima de la isla de Maui, en Hawái, y el primero de la historia con un espejo de cuatro metros dedicado a observar el Sol. Con él, un equipo internacional ha obtenido las imágenes de mayor resolución jamás tomadas de la fotosfera, la superficie visible de la estrella. Trabajando en luz violeta, a una longitud de onda de 416 nanómetros, el instrumento distingue estructuras de apenas 19 kilómetros, su límite físico de resolución, y sigue sus rapidísimos movimientos segundo a segundo. Resolver algo tan pequeño en un objeto que está a 150 millones de kilómetros es lo que ha destapado un paisaje invisible hasta ahora, según el trabajo publicado en la revista Nature.

Los científicos afirman haber identificado la fuerza motriz que está detrás de las repentinas explosiones de plasma solar y campos magnéticos que el Sol envía al espacio.
Los científicos afirman haber identificado la fuerza motriz que está detrás de las repentinas explosiones de plasma solar y campos magnéticos que el Sol envía al espacio. NASA/SDO

Remolinos por todas partes

La superficie del Sol está cubierta de gránulos, unas celdas de convección en las que el plasma caliente asciende por el centro, se enfría y vuelve a hundirse por los bordes, más oscuros. Al zumar en las fronteras de esos gránulos, los astrónomos esperaban ver interfaces suaves y difusas, y en su lugar encontraron vórtices nítidos que crecen y se rompen. Se trata de la llamada inestabilidad de Kelvin-Helmholtz, el mismo fenómeno físico que convierte las ondas en olas cuando el viento sopla sobre un lago, que dibuja los rizos de ciertas nubes y que agita las atmósferas de Júpiter y Saturno. La teoría llevaba décadas prediciendo que debía darse también en el Sol, pero nunca se había observado en su superficie. La sorpresa fue doble al comprobar que cubre la fotosfera por completo, lejos de aparecer de forma aislada. Unas simulaciones de plasma magnetizado confirmaron después la identificación.

El motor oculto del clima espacial

Lo importante es lo que esos remolinos provocan. Al girar, retuercen el campo magnético del Sol y acumulan energía magnética, que puede liberarse de forma súbita en fogonazos gigantescos, las fulguraciones y las eyecciones de masa coronal. Son esos estallidos los que generan el llamado clima espacial, capaz de dañar las redes eléctricas, averiar los satélites y poner en peligro a los astronautas. Las imágenes han captado, por tanto, el pequeño motor que está detrás de las grandes explosiones. Como señalan los investigadores, entender esta maquinaria hasta sus escalas más diminutas es un paso imprescindible para llegar algún día a predecir esas tormentas solares, del mismo modo que hoy pronosticamos el tiempo en la Tierra.

Una imagen del Sol captada por la NASA en la que se aprecian eyecciones
Una imagen del Sol captada por la NASA en la que se aprecian eyecciones

El enigma de la corona ardiente

El hallazgo promete además resolver misterios más profundos. La inestabilidad de Kelvin-Helmholtz es una forma muy eficiente de trocear los grandes flujos de plasma en movimientos cada vez más pequeños, hasta escalas microscópicas donde la energía se transforma fácilmente en calor. Eso podría explicar por qué la corona, la atmósfera exterior del Sol, alcanza temperaturas mucho más altas que la propia superficie, una paradoja que trae de cabeza a los físicos desde hace generaciones. El fenómeno ayudaría también a entender cómo se disipa con rapidez el campo magnético solar, algo que el ciclo de 11 años exige pero que los modelos actuales no logran reproducir del todo.

El Sol sigue siendo el mejor laboratorio de la naturaleza, nuestra estrella más cercana y una fuente inagotable de física fundamental. No en vano, la primera prueba experimental de la relatividad general de Einstein llegó al observar un eclipse solar en 1919. Un siglo después, afinar la mirada hasta los 19 kilómetros ha bastado para convertir una vieja predicción teórica en un hecho observado y lleno de remolinos. El siguiente paso, según el equipo, será enseñar a los ordenadores a rastrear de forma automática esos torbellinos en la avalancha de datos que promete el telescopio.

REFERENCIA

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