Los dos fármacos han conseguido que alzhéimer pase de incurable a tratable
Una revisión de los ensayos de los fármacos lecanemab y donanemab concluye que reducen la progresión del alzhéimer hasta un 40% en fases tempranas de la enfermedad.
Durante décadas, el diagnóstico del alzhéimer fue, en la práctica, una noticia sin salida. Los médicos podían controlar algunos síntomas (la agitación, los trastornos del sueño, la depresión), pero carecían de cualquier herramienta para frenar la destrucción progresiva del tejido cerebral. Todo eso está cambiando. Una revisión publicada en septiembre de 2026 en la revista Equity Neuroscience por investigadores de la Universidad de Houston analiza los ensayos clínicos de los dos primeros fármacos que han logrado modificar el curso de la enfermedad, y su conclusión es que el alzhéimer empieza a entrar, con cautela, en la categoría de las enfermedades tratables.
La proteína que daña el cerebro décadas antes de los síntomas
El alzhéimer no empieza cuando aparecen los primeros olvidos. La acumulación anormal de una proteína llamada amiloide-beta, que forma placas en el cerebro, puede detectarse hasta 20 años antes de que la persona note ningún síntoma. Durante todo ese tiempo, el cerebro intenta compensar el daño; cuando fracasa, el deterioro cognitivo ya tiene décadas de historia acumulada.
Lecanemab y donanemab son anticuerpos monoclonales diseñados para eliminar esas placas de amiloide antes de que el daño sea irreversible. Ambos han recibido aprobación de la FDA de Estados Unidos para tratar el alzhéimer en fase temprana, una categoría que incluye a los pacientes con deterioro cognitivo leve y a quienes están al inicio de la demencia, con confirmación de amiloide elevado mediante pruebas de imagen o biomarcadores en sangre.
Lo que muestran los ensayos clínicos de fase 3
Los resultados de los ensayos de fase 3, recogidos en la revisión de Goswami y colegas, son los primeros en demostrar una reducción clínicamente significativa de la progresión del alzhéimer con un fármaco. Donanemab redujo el avance en un 38-40% sobre la escala integrada de valoración de la enfermedad (iADRS), y en el ensayo de fase 2 el 40% de los participantes logró una eliminación completa de las placas. Lecanemab, por su parte, redujo el deterioro cognitivo y funcional en un 27% respecto al placebo, con reducciones de entre el 49% y el 56% en el ritmo de pérdida de calidad de vida a los 18 meses.
Lo que ofrecen estos fármacos es enlentecer el proceso. Los pacientes tratados siguen deteriorándose, pero a un ritmo menor que sin tratamiento. Para las familias afectadas, esa diferencia puede traducirse en meses adicionales de autonomía, de reconocimiento de los seres queridos, de vida con mayor calidad.
El efecto adverso principal: edema y microhemorragias cerebrales
El riesgo más relevante de ambos fármacos son las anomalías de imagen relacionadas con el amiloide (ARIA), que incluyen edema cerebral (ARIA-E) y microhemorragias (ARIA-H). En los ensayos clínicos, el edema cerebral apareció en entre el 12,6% y el 26,7% de los pacientes; las microhemorragias, en entre el 7,2% y el 30,5%. La mayoría de los casos fueron leves o moderados y se resolvieron en semanas sin dejar secuelas, pero exigen un seguimiento estrecho con resonancia magnética y, en los casos más graves, la suspensión del tratamiento.
Las reacciones a la infusión intravenosa (la vía de administración de ambos fármacos) afectaron al 24,5% de los pacientes con lecanemab y al 7,6% de los tratados con donanemab. Esa vía exige visitas periódicas a centros hospitalarios con equipamiento especializado, lo que añade una barrera logística considerable para muchos pacientes.
«Los beneficios clínicos, aunque moderados, representan un avance significativo en el tratamiento de una enfermedad que hasta ahora carecía de opciones modificadoras de su curso», señalan los autores de la revisión.
Las barreras que limitan el acceso a los nuevos tratamientos
La revisión dedica buena parte de su análisis a los obstáculos que dificultan el acceso equitativo. El coste de fabricación de los anticuerpos monoclonales es elevado, la cobertura de los seguros médicos varía considerablemente entre países y sistemas sanitarios, y los ensayos clínicos presentaron una representación limitada de grupos étnicos y raciales minoritarios, lo que introduce incertidumbre sobre la generalización de los resultados a poblaciones más diversas.
La disparidad geográfica agrava el problema: los centros de infusión y seguimiento necesarios para administrar y monitorizar estos tratamientos se concentran en áreas urbanas, dejando en desventaja a los pacientes rurales y a quienes tienen menor acceso a atención especializada.
La revisión de la Universidad de Houston marca un hito en la historia de la enfermedad. Los expertos piden ahora que los sistemas sanitarios, las aseguradoras y los reguladores trabajen de forma coordinada para que estos avances lleguen a los pacientes que más los necesitan. La frontera entre el alzhéimer sin tratamiento modificador y el alzhéimer tratable ya se ha cruzado; el reto pendiente es hacerla accesible para todos.
Referencia
- Donanemab and lecanemab in Alzheimer's disease treatment: A narrative review of clinical trials and discussion of implications for patient access — Equity Neuroscience (2026)
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