Qué son los medicamentos en cascada, y cómo te fastidian la salud

medicamentos en cascada

Un estudio en Canadá identifica 24 combinaciones de medicamentos que generan cascadas: el efecto secundario de un fármaco se confunde con una enfermedad y se receta un nuevo medicamento, y así sucesivamente

Tomar varios medicamentos al mismo tiempo ya es, en sí mismo, un riesgo en personas mayores. A ese riesgo se suma ahora uno más silencioso y difícil de detectar: la posibilidad de que el efecto secundario de un fármaco sea confundido con una nueva enfermedad y lleve a prescribir otro medicamento para tratar algo que en realidad estaba causando el primero. Un equipo internacional liderado desde Toronto acaba de catalogar los 24 casos en los que ese proceso se produce con mayor frecuencia en la población general, con consecuencias evitables tanto para la salud de los pacientes como para los sistemas sanitarios.

Índice
  1. Qué es una cascada de prescripción
  2. Cómo se construyó el mapa de 24 combinaciones
  3. Por qué los mayores y las mujeres son los más vulnerables
  4. Dos herramientas para romper la cadena
  5. REFERENCIA

Qué es una cascada de prescripción

El concepto tiene un nombre técnico, cascada de prescripción potencialmente inapropiada, y una lógica inquietantemente sencilla. Alguien toma un medicamento. Ese medicamento produce un efecto secundario. El efecto secundario parece una nueva enfermedad. El médico, sin conectar los puntos, prescribe un segundo fármaco. El primero sigue activo. El paciente acaba tomando dos medicamentos para lo que en realidad es un solo problema, y solo uno de ellos estaba justificado desde el principio.

El ejemplo más claro del estudio, publicado en la revista BMJ y liderado por la doctora Paula Rochon, directora de investigación del Centro para la Salud de Mujeres Mayores Weston y O'Born del Sinai Health de Toronto, es el de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno. Estos fármacos, habituales para el dolor, se asocian con un aumento de la presión arterial. Cuando ese aumento se registra sin conexión con el AINE ya prescrito, el paciente puede terminar recibiendo un antihipertensivo en lugar de una revisión del analgésico que lo causó. La persona mayor sale de la consulta con dos recetas donde podría haber salido con una revisión de la primera.

Cómo se construyó el mapa de 24 combinaciones

El estudio comenzó con un trabajo previo en el que un panel de doce especialistas internacionales en medicina interna, geriatría y farmacología clínica, procedentes de Canadá, Estados Unidos, Bélgica, Italia, Israel e Irlanda, elaboraron una lista de 65 posibles cascadas de prescripción. El equipo de Rochon cotejó esa lista con los datos de prescripción reales de la población de Ontario, gestionada por el instituto ICES, el organismo de datos sanitarios de la provincia. Para cada posible cascada evaluaron tres factores: la frecuencia con la que el primer fármaco se prescribe en la población, la frecuencia con la que va seguido del segundo, y la solidez de la evidencia que vincula uno con el otro. Ese análisis señaló las 24 cascadas más comunes y con mayor potencial de causar daño real.

Por qué los mayores y las mujeres son los más vulnerables

Las personas mayores llevan con más frecuencia un historial de varias enfermedades crónicas y, en consecuencia, varios medicamentos activos al mismo tiempo. Cuando un sistema médico organizado por especialidades atiende a esa persona en distintos puntos de contacto, la visión del conjunto se fragmenta. Cada prescriptor ve los síntomas; no necesariamente ve todos los fármacos ni su historia. Rochon subraya que con frecuencia las conversaciones entre médico y paciente no conectan los síntomas nuevos con los medicamentos ya prescritos, de modo que nadie reconoce la cadena de eventos ni advierte que están relacionados. Las mujeres mayores están especialmente expuestas porque, a lo largo de la vida, acumulan más enfermedades crónicas, reciben más fármacos y sufren más efectos adversos que los hombres de las mismas edades, lo que las sitúa en mayor riesgo de que una cascada empiece y pase desapercibida.

Dos herramientas para romper la cadena

El equipo apunta a dos líneas de actuación. La primera es tecnológica: los sistemas de apoyo a la decisión clínica integrados en la historia electrónica del paciente podrían identificar en tiempo real cuándo se está prescribiendo un medicamento que encaja con el perfil de una cascada conocida y generar una alerta antes de emitir la receta. La segunda es el papel del farmacéutico: integrarlo de forma más activa en el proceso de prescripción, con acceso al historial completo, le permite detectar patrones que ni el médico ni el paciente ven por sí solos. En ambos casos, el punto de partida es el mismo: saber qué medicamentos toma alguien, por qué se prescribió cada uno y en qué momento, para poder rastrear si lo que parece una enfermedad nueva es en realidad un efecto secundario que ya tiene nombre.

El estudio no implica que los fármacos identificados sean peligrosos por sí mismos, ni que quienes los toman deban preocuparse o cambiar nada por su cuenta. Lo que describe es un fallo sistemático en la comunicación médica que puede repetirse a escala de millones de personas. Quienes noten que han empezado un tratamiento nuevo poco después de iniciar otro anterior pueden preguntar a su médico o farmacéutico si los dos están conectados. Esa pregunta, sencilla y concreta, es exactamente el tipo de conversación que el estudio quiere que ocurra.

REFERENCIA

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