Helen Hobbs, genetista: "No debemos ver el tratamiento para el colesterol como un sustituto para los cambios en el estilo de vida"
La doctora Helen Hobbs, genetista de la Universidad de Texas, gana el Abarca Prize 2026 por su trabajo sobre el colesterol y las enfermedades cardiovasculares
Pocas moléculas han generado tanta confusión como el colesterol. Desde los años sesenta, las autoridades sanitarias señalaron la grasa y el colesterol de la dieta como los grandes enemigos del corazón. Parte de esa historia se escribió con dinero de por medio. Documentos internos revelados en 2016 muestran que la industria azucarera financió en secreto una revisión científica que culpaba a la grasa y restaba importancia al azúcar.
Uno de los errores más persistentes fue pensar que el colesterol de los alimentos pasaba casi directamente a la sangre. Durante décadas se recomendó no superar los 300 miligramos diarios, y el huevo acabó en la lista negra. Sin embargo, una revisión de 40 estudios publicada en 2015 encontró que su efecto sobre el LDL (el llamado colesterol "malo") es modesto, y no halló una relación clara con el infarto o el ictus. El hígado fabrica la mayor parte del colesterol que circula por el cuerpo y ajusta su producción según lo que comemos.
El colesterol de la sangre, en cambio, es otra historia. Las personas con hipercolesterolemia familiar (una alteración genética que dispara el LDL desde el nacimiento) sufren infartos décadas antes de lo normal. Un consenso europeo de 2017, basado en datos de más de dos millones de personas, concluyó que el LDL causa aterosclerosis (la acumulación de placas en las arterias) y que el daño depende de cuánto LDL hay y durante cuántos años. Al revés también funciona. Quien nace con el LDL bajo tiene unas arterias mucho mejor protegidas.
Ahora bien, el corazón no enferma por una sola causa. El estudio INTERHEART, con casi 30.000 personas de 52 países, identificó nueve factores que explican alrededor del 90 % del riesgo de un primer infarto. Además de los lípidos alterados, la lista incluye el tabaco, la tensión alta, la diabetes, la grasa abdominal, el estrés, el sedentarismo y la falta de frutas y verduras. El colesterol es una pieza importante del rompecabezas, junto a muchas otras.
Aquí entra en escena Helen Hobbs. Esta genetista de la Universidad de Texas Southwestern, investigadora del Instituto Médico Howard Hughes, puso en marcha el Estudio del Corazón de Dallas junto a Jonathan Cohen. En 2006 demostraron que, entre los participantes afroamericanos, quienes portaban mutaciones que inactivan el gen PCSK9 tenían un 28 % menos de LDL y un 88 % menos de riesgo coronario. Ese hallazgo abrió la puerta a una nueva familia de fármacos contra el colesterol. Hobbs ha recibido el Breakthrough Prize en Ciencias de la Vida y, en 2026, el premio Valentin Fuster del Colegio Americano de Cardiología. Es además la ganadora de la sexta edición del Abarca Prize en 2026, el premio internacional de ciencias médicas dotado con 100.000 euros que concede la Fundación de Investigación HM Hospitales.
Darío Pescador El colesterol sería una molécula conocida solo para los científicos si no fuera porque, durante muchos años, se ha convertido en tema de conversación entre quienes toman medicamentos para controlar sus niveles de colesterol en sangre. Sin embargo, muchas personas desconocen la influencia de la genética en el colesterol. ¿Cuál es la relación entre sus descubrimientos sobre el gen PCSK9 y el papel del colesterol en la enfermedad?
Helen Hobbs: Creo que existe un precedente muy importante para mi hallazgo: la identificación de los genes que causan niveles muy altos de colesterol. Porque, independientemente del gen en cuestión (un trastorno monogénico, es decir, un trastorno causado por un solo gen), y sin importar qué gen esté mutado, si provoca un colesterol muy alto, se asocia con una enfermedad coronaria prematura. Con la aparición de enfermedades arteriales a una edad temprana.
Ese fue un mensaje increíblemente importante. El mensaje era que el colesterol por sí solo puede causar enfermedades cardíacas. Porque estamos hablando de jóvenes que no tienen otros factores de riesgo. Lo único que tienen es el colesterol alto. Y a veces desarrollan enfermedades cardíacas desde la infancia, incluso a los tres años.
Es decir, se puede desarrollar una cardiopatía potencialmente mortal. Así que creo que esa fue la observación más importante relacionada con el colesterol y las enfermedades cardíacas. Lo que no estaba claro era si un nivel de colesterol muy bajo realmente protegería a la persona, y hasta qué punto te protegería. Sabíamos que el colesterol era importante, como dijiste. Pero, ¿cuán importante es? ¿Y es realmente necesario?
Cuando empecé, esa todavía era una pregunta abierta. Porque sabemos que las enfermedades cardíacas son complejas. Es decir, existen múltiples factores que contribuyen. Hipertensión, diabetes, tabaquismo, niveles bajos de HDL, entre otros. ¿Y cuán importante es el colesterol en comparación con todos estos otros factores de riesgo?
Ahí es donde la genética resulta fundamental. Porque en estudios epidemiológicos, sabíamos que un nivel bajo de colesterol se asociaba con una menor incidencia de enfermedades cardíacas. Pero las personas con niveles bajos de colesterol también suelen alimentarse mejor. Suelen tener un peso menor. Tienden a hacer más ejercicio. Existen otros muchos factores que podrían explicar por qué estas personas están protegidas contra las enfermedades cardíacas.
Lo genial de la genética es que permite analizar a las personas sin basarse en ningún otro aspecto de su biología. Es algo con lo que nacieron. Así, se puede comparar a las personas en función de algo en su genoma, en lugar de basarse en su nivel de colesterol. Esa es la belleza de la genética. Se puede seleccionar aleatoriamente a las personas basándose únicamente en una diferencia de secuencia. Y ahí es donde creo que nuestro trabajo tuvo valor.
Gracias a que pudimos encontrar una diferencia de secuencia lo suficientemente común, pudimos analizar a las personas que presentaban dicha diferencia de secuencia asociada con niveles bajos de colesterol y enfermedades cardíacas.
DP: Veo un riesgo que existe para los medios de comunicación y también para la gente común, de simplificar demasiado las afecciones médicas. En este caso, ¿si tuviéramos una cura de edición genética para el colesterol alto y las enfermedades cardiovasculares, eso desviaría la atención del hecho de que las elecciones de estilo de vida también son importantes? ¿Sería lo suficientemente protectora como para que la gente se relajara y se pusieran a comer golosinas todo el día?
HH: Sí, yo reo que no existe una protección absoluta, ¿verdad? Sin duda, si uno pudiera reducir su colesterol a niveles muy bajos a lo largo de su vida, tendría un impacto enorme en la enfermedad coronaria. Pero existen muchas otras enfermedades y trastornos que también son mortales, y desde luego no te va a proteger contra eso. Hay muchísimos aspectos de la salud y el colesterol, aunque la enfermedad de las arterias coronarias sea la principal causa de muerte.
Por lo tanto, creo que no deberíamos verlo como un sustituto de todos los demás cambios en el estilo de vida que necesitamos hacer para llevar una vida larga y saludable.
DP: En cuanto a la edición génica, ¿estamos lejos de que esa posibilidad se convierta en un tratamiento real? ¿Y qué personas serían candidatas para la edición genética del gen PCSK9?
HH: Creo que es como todo lo demás. Cuando uno emprende algo nuevo, empieza con personas que tienen un pronóstico muy malo. Porque, ante todo, no hay que hacer daño. Y cuando no se conocen con certeza las consecuencias a largo plazo de lo que se está haciendo, hay que limitarlo a las personas con un pronóstico muy desfavorable. Por lo tanto, será un proceso iterativo, como todas las terapias nuevas. Se empieza con las personas más afectadas, con el peor pronóstico, con la esperanza de obtener un efecto beneficioso, y luego se va extendiendo a la población general.
Así que llevará tiempo. Llevará tiempo. En otros aspectos, la edición genética evolucionará mucho más rápidamente. Pero ahora contamos con muchos tratamientos eficaces para el colesterol y están surgiendo otros, lo que sin duda cambiará las cosas. Creo que al final encontraremos la manera de hacerlo. El mayor problema con el tratamiento del colesterol es que la gente deja de tomar los medicamentos. Es increíble que la mayoría, o mejor dicho, hasta el 50%, deje de tomarlos al cabo de un par de años.
Así que o bien tenemos que resolver el problema de cómo lograr que la gente tome los medicamentos, o bien tendremos que buscar otras maneras de hacerlo. Pero existen muchas otras opciones. Los ARNip, dado que el hígado es donde se concentra toda la acción del colesterol, serán una buena opción. Y ahí, el tratamiento es mucho más sencillo: solo hay que usarlo una vez cada seis meses. Así que, aunque no soy una experta en la rapidez con la que avanzarán estas cosas, creo que pasará bastante tiempo antes de que CRISPR se convierta en el tratamiento para la hipercolesterolemia. Muchísimo tiempo.
DP: ¿Por qué las estatinas siguen siendo el tratamiento de primera línea? Las estatinas generan mucha controversia, tienen efectos secundarios y parecen una herramienta poco precisa. ¿Cree que los inhibidores de PCSK9 actuales podrían convertirse en el tratamiento de elección en lugar de las estatinas, o incluso reemplazarlas en algún momento?
HH: No creo que vaya a suceder pronto, porque las estatinas llevan mucho tiempo en el mercado y son muy seguras. Es decir, aunque sabemos que tienen algunos problemas, son tratamientos muy seguros y eficaces.
Lo genial de la combinación de PCSK9 y estatinas es que, en parte, lo que atenúa la eficacia de las estatinas es PCSK9. Ambas están reguladas por el mismo factor de transcripción. Por lo tanto, al administrar una estatina, se incrementa la producción de PCSK9, lo que atenúa la sobreexpresión del receptor de LDL, que es como funcionan las estatinas: la sobreexpresión de la proteína principal que elimina el LDL de la sangre. Eso se ve atenuado por la regulación positiva simultánea de PCSK9. Así que, juntos, son dinamita. Son realmente dinamita.
Así que no veo que eso vaya a suceder muy pronto, porque hay mucha gente que toma estatinas y no necesita un inhibidor de PCSK9. Y, aunque fui yo quien, en cierto modo, popularizó el PCSK9 como tratamiento, o al menos impulsó su uso, si fuera yo, tomaría una estatina porque es muy segura.
Lo interesante del PCSK9 es que es un medicamento increíblemente eficaz, muy bien tolerado, y la gente puede vivir sin él. Lo sabemos. Pero se ha conservado bien a través de la evolución. ¿Por qué lo tenemos? No lo sabemos. No sabemos cuál es la razón por la que tenemos el gen PCSK9.
DP: Sí, ¿por qué tu cuerpo te tiene que hacer eso? ¿Por qué inhibir tus receptores para algo que puede amenazar tu salud?
HH: Correcto. Esa es una pregunta importante. Uno podría pensar que una posibilidad es que sabemos que el receptor de LDL es el conducto para que ciertos agentes infecciosos entren al hígado. Quizás queríamos reducir la cantidad de receptores de LDL para protegernos de alguna enfermedad infecciosa. Esa es una posibilidad. Otra sería asegurar que haya suficiente colesterol en la circulación, que llegue a las gónadas y a las glándulas suprarrenales, donde se necesita para la producción de hormonas. Simplemente no lo sabemos.
Esto último parece menos probable porque las personas que no tienen PCSK9 están perfectamente bien. Tienen hijos. Parecen estar bien. Pueden soportar el estrés, al menos el tipo de estrés que nosotros, como médicos, podemos provocar para comprobar si las glándulas suprarrenales funcionan correctamente. Así que, sinceramente, no lo sabemos. Pero resulta interesante que la PCSK9 esté presente en algunas especies y ausente en otras y, aparentemente, no hay ninguna lógica en ello. Pero la habrá. Alguien lo averiguará, pero aún no lo sabemos. Así que, entre una estatina y un inhibidor de PCSK9, yo seguiría optando por la estatina por su seguridad. Sin embargo, el PCSK9 también parece ser muy bien tolerado, seguro y extremadamente eficaz para reducir el colesterol.
DP: Las pruebas genéticas son cada vez más comunes, y creo que pronto los sistemas nacionales de salud las incorporarán como práctica habitual. Si alguien descubre que tiene una variante genética que puede predisponerle a tener colesterol alto en el futuro, ¿qué medidas debería tomar cuanto antes para protegerse?
HH: El consejo es comenzar la terapia para reducir los lípidos mucho antes en la vida. Y porque lo que sabemos y lo que nos enseñaron las mutaciones de PCSK9 es que no se trata del LDL en un momento dado, sino del LDL a lo largo del tiempo. Lo importante es la exposición acumulada al LDL. Eso es lo que hay que tener en cuenta.
Hay que pensar que si se tiene un nivel alto de LDL, si es muy alto, no se necesitan muchos años de exposición para desarrollar aterosclerosis. Pero si se tiene un nivel moderadamente alto de LDL, esa es la razón por la que las personas con hipercolesterolemia familiar, que tienen un nivel moderadamente alto de LDL, comienzan a sufrir infartos entre los 30 y los 40 años. Si bien es cierto que suele tardar ese tiempo, lo importante es la exposición acumulada. Pero lo que debemos responder es cuándo y cuánto debemos reducir el colesterol.
Esas son las preguntas pendientes ahora mismo. Y estamos trabajando en ello. Sabemos que en la prevención secundaria queremos reducirlo drásticamente, por debajo de 60 miligramos por decilitro. Y en la prevención primaria, seguimos intentando responder a esas preguntas. ¿Cuándo empezamos y hasta qué punto debemos reducir la dosis? Lo sabremos con el tiempo.
DP: Además del Abarca Prize usted también ha ganado el Breakthrough Prize (Premio Revelación) por tu trabajo. ¿Crees que los científicos y la ciencia en general necesitan más atención y que deberían ser considerados superestrellas para que se concreten la financiación y los avances?
HH: Creo que el Breakthrough Prize es un premio inusual. Pero creo que para mí, fue un proceso para descubrir qué quería hacer y cuál era mi lugar. Y parte de ese camino consiste en conocer gente, escucharla, verla, ver lo que hace. Y lo que uno espera, sin duda lo que yo esperaba cuando gané el Premio Breakthrough, es que alguien te vea y diga: «¡Guau! Me identifico mucho con lo que hace. Me parece una historia muy interesante». Y piensan: yo también podría hacerlo. Así que sí creo en la narrativa personal. Y creo que es más difícil.
Supongo que se puede lograr en grupo, pero es mucho más difícil. Recuerdo haber visto los lanzamientos espaciales, a la NASA y a toda esa gente en la sala, tan emocionada mientras los cohetes daban vueltas, solucionaban problemas y resolvían incidencias. Me pareció realmente emocionante.
Quiero decir, no pensé en ir allí, pero aprecié lo que hicieron esas personas. Así que, cuando llegó el momento, ¿apoyamos esto? Estás un poco informado al respecto y tienes cierta intuición. Esa es una situación en la que puedes identificarte con un grupo. Creo que es mucho más difícil en la ciencia, más difícil para mí. Debo decir que parte de la diversión de hacer ciencia es ver cómo tus propias ideas se convierten en realidad.
No se me da bien —nunca se me ha dado bien— el trabajo en equipo. Tengo un compañero científico. Así que... me uní a él cuando redactamos el Estudio del Corazón de Dallas. Ha sido fantástico. Se llama Jonathan Cohen. Hacemos todo juntos, y eso es muy divertido.
Eso hace que la ciencia sea más divertida porque podemos hablar de ciencia todo el tiempo, y te permite abrir más la mente porque tienes a otra persona que te ayude a filtrar tus pensamientos. Así que me gusta eso.
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