Luis Miguel Domínguez, naturalista: "Un zoo es anacrónico, algo que debe desaparecer"

Luis Miguel Domínguez

Luis Miguel Domínguez es un reconocido naturalista, ecologista y divulgador. Es bien conocido por su faceta como director y presentador de series documentales sobre el medio ambiente en televisión y radio, como Fauna Callejera, Biodiario, Aquí la Tierra y Amazonía, última llamada.

A lo largo de su carrera, ha compaginado esta labor de comunicación masiva con una activa militancia ecológica en organizaciones internacionales clave como Greenpeace, Survival International y Adena. Mantiene un firme compromiso con la fauna ibérica, siendo el presidente y fundador de la asociación Lobo Marley (Ciudadanos por el Lobo y por el Mundo Rural), una plataforma dedicada a proteger y conservar al lobo ibérico frente a los conflictos con la ganadería tradicional.

En el ámbito personal, Domínguez ha demostrado una gran resiliencia tras sufrir un grave ictus en 2019, una dura experiencia de superación que plasmó en su libro terapéutico Corazón valiente: Salvar la vida después de un ictus, y volver a vivirla.

Para Luis Miguel Domínguez no hay medias tintas: los zoos no deberían existir. Hablamos con él y descubrimos un mundo en el que los animales tienen derechos y no deben ser privados de libertad.

Darío Pescador:  ¿Por qué los zoos son una mala idea desde el punto de vista del bienestar de los animales?

Luis Miguel Domínguez: Porque no consiguen, ni aún queriendo, clonar el ecosistema en el que los animales habitan. Porque hay algo muy importante que debemos siempre tener en cuenta. Un animal sin contexto natural es nada, no existe.

Un pingüino absurdamente colocado en una mampara de cristal con un suelo pintado de blanco para que simule el hielo es una triste pantomima. No conseguirán jamás darle a los animales lo que necesitan para su bienestar. De hecho, ahora mismo el centro zoológico que más problemas tiene, que más denuncias acumula y que más ataques resiste es el de Cabárceno.

Cabárceno parece maravilloso, parece un espacio único en Europa, porque es una antigua mina con muchos kilómetros cuadrados de territorio y parece que por eso allí yo puedo acumular a 500 osos pardos y en medio una jirafa y dos elefantes. Pues no, usted no puede hacer eso y de hecho se están muriendo muchos animales en Cabárcelo, esta misma semana una elefanta. En Cabárcelo hemos visto morir muchos especímenes y fíjate que es el ejemplo aparente de un éxito empresarial en ese sentido.

Pues no, no lo es. No lo es porque generar a día de hoy espacios, además con dinero público, pero bueno, eso ya es otra derivada. Generar un espacio para mantener en cautividad a un ser cuya mayor característica y virtud es el libre albedrío es algo anacrónico, es algo que debe sin duda desaparecer.

DP: Sin embargo los zoos han cambiado mucho en los últimos, desde que existen. Antes se tenían los animales literalmente en jaulas y luego parece que hubo una mayor conciencia y se desarrollaron hábitats un poco más grandes para que pudieran tener más libertad de movimiento. ¿Tu impresión de todo esto es que no es suficiente?

LMD: Claro, yo por supuesto reconozco ese esfuerzo, como te digo que en paralelo a ese esfuerzo la cuenta de resultados de esas empresas privadas ha sido excelente. O sea que no solamente lo hacen para que los animales estén mejor, cosa a lo que la ley cada vez más les obliga, sino que lo hacen para que su negocio vaya bien, vaya viento en popa y eso está ocurriendo. Pero en todo caso insisto, primero ¿de dónde vienen los especímenes?

Sabemos que antiguamente eran capturados directamente en la naturaleza. Y segundo ¿cuál es la vida que les propones? 40, 50, 80 años de cautividad. O sea, una cadena perpetua inmerecida, sin juicio previo y sin haber cometido ningún acto delictivo. La moral es una cosa humana. Usted se ha portado mal, entonces le meto cadena perpetua. Usted se ha portado bien, siga su camino. En fin, a mí me parece que es una fórmula innecesaria, de verdad. Y además negativa, con un resultado atroz.

DP: ¿Hay alguna virtud redentora, hay alguna especie que se encontraba en peligro y que gracias a que está en cautividad se ha podido conservar? ¿Hay algún contraejemplo de todo esto que nos diga, bueno, en este caso hubo una excepción?

LMD: Bueno, la verdad es que al respecto hay ejemplos que yo contemplo como trampas, porque la narrativa que a través de estos ejemplos se puede desarrollar es una narrativa tramposa. Por ejemplo, decir que el león de Laldas, que sabes que es una subespecie de león africano que vivió hasta los años 40 del siglo XX en total libertad en el norte de África. El león de Laldas se ha salvado porque el zoo de Rabat y el zoo de Casa Blanca tienen entre uno y otro, tienen 10 ejemplares.

Eso es una trampa, porque lo que hay que decir es que esos ejemplares que están hoy en los zoos de Rabat y de Casa Blanca son los ejemplares que acumuló el rey Hassan II de Marruecos. Los acumuló en un proceso que es el que llevó a la extinción a ese animal, que era robar cachorros de la naturaleza para exhibirlos en sus palacios. Y ciertamente es lo que Hassan hizo en aquellos años, porque era un acto de poder tener leones en palacio.

Esto ya los césares romanos lo habían inculcado a su sociedad. El león de Laldas era en definitiva un inmueble en vez de un ser vivo. Era un bien mueble que se regalaban de unos a otros, que se pasaban de unas a otras monarquías y que así se extinguió.

Pero claro se ha salvado, se han salvado los ejemplares que estaban ya previamente en cautividad, se han salvado. El oso panda con Chulín a la cabeza, por ejemplo, en el zoológico de Madrid. También animales regalados a la corona española, regalos a Juan Carlos I.

Bueno, yo prefiero que el ecosistema del oso panda en China se preserve, se vigile y se custodie. Porque de nada sirve que los ositos sigan entre cuatro paredes, cuando en realidad donde deberían estar es ahora mismo haciendo el amor o el acto sexual, como cada cual quiera decirlo, pues en alguno de los valles de la China profunda.

DP:  ¿Los niños de hoy llevarán a sus hijos al zoo?

LMD: Yo creo que no. Sinceramente tengo la sensación, yo tengo un hijo de 17 años ahora, ha sido niño hasta hace poquito y él mismo cuando en el colegio proponían el zoológico era uno de los del grupo que decía que no, porque la verdad es que un niño ante el espectáculo de cualquier especie sufriendo ante sus ojos lo pasa mal. Ese niño vuelve a casa con un conflicto muy serio, porque no hay nada más que verlos.

Realmente no hay que ser un zoólogo, no hay que ser un etólogo impresionante para observar la tristeza a través de los ojos de una hembra de gorila, por ejemplo, que sostiene a su cría junto a su pecho de mala manera, como una persona desvalida. De hecho, por eso justamente la legislación al respecto ha cambiado muchísimo. Ese ha sido uno de los grandes avances que la sociedad ha ido consiguiendo poco a poco.

El hecho de considerar a los animales seres sintientes y objeto de derecho. O sea, ahora ya un orangután, un chimpancé, un guacamayo, ya no son una cosa de colores muy bonita que está ahí, pero que ni siente ni padece, no. Ya desde el punto de vista de la legalidad y del derecho internacional, son seres sintientes.

Son de hecho personas no humanas. Así lo dicen varias sentencias mundiales. Y gracias a eso hay una mirada diferente, porque una persona no humana, un ser sintiente, se considera, un juez va a considerar siempre, incompatible con la dignidad de ese ser, el vivir en cautividad, el sufrir abusos.

Eso es incompatible con el hecho de que la ley te reconozca tu categoría como ser sintiente y como persona no humana. Tú no puedes vivir en cautividad. Está claro.

DP: ¿Hay esperanza de que cambien las leyes que regulan los zoos?

LMD: Espero que poco a poco algunas pequeñas batallas se vayan conquistando. La guerra es otra cosa. La guerra es un conjunto de batallas. Pero esta era una muy importante, porque esta tiene que ver con lo más sagrado que tenemos cada uno de nosotros y que caracteriza a nuestra fauna, que es el libre albedrío, que es la libertad. Es lo más sagrado. Es lo primero que uno tiene que respetar ante ti.

Tengo que respetarlo yo, tu libertad. Y por supuesto, ante cualquier animal, un lobo, un lobo, lo más bello que él controla, que él porta, que él defiende es su libertad, la capacidad de en una noche caminar 40 o 50 kilómetros. Esa es la gran virtud del lobo, su libertad de movimiento.

Entonces, cuando tú generas un negocio basado en la privación de libertad de los seres vivos, simple y llanamente para que alguien se divierta mirando aquello unos minutos y hipotecas la vida entera de un ser. Ese es un negocio que evidentemente no puede ser. Acabar con eso es lo que debe hacer una sociedad civilizada y moderna.

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