¿Qué es esa medusa flotando sobre Marte?

medusa en Marte

Una imagen de 2023 del róver Curiosity vuelve a circular en redes mostrando una sombra oscura que parece la silueta de una medusa flotando sobre el horizonte marciano

Desde que se descubrieron los "canales" de Marte hace más de un siglo, el Planeta Rojo lleva décadas tentando nuestra imaginación con rocas que parecen caras humanas, estructuras que semejan pirámides y sombras que recuerdan a criaturas.

Un primer plano del fallo. (NASA/JPL-Caltech)
Un primer plano del fallo. (NASA/JPL-Caltech)

La última incorporación a ese catálogo de pareidolia marciana (el fenómeno psicológico por el que el cerebro humano insiste en ver patrones familiares donde no los hay) es una imagen tomada por la cámara de navegación del róver Curiosity el 20 de agosto de 2023 que ha vuelto a hacerse viral en agosto de 2026. En el extremo izquierdo de una foto por lo demás completamente anodina del paisaje marciano aparece una sombra oscura que, con algo de imaginación y bastante buena voluntad, recuerda a una medusa con tentáculos, o mejor aún, al trípode marciano de La guerra de los mundos de H.G. Wells.

Los trípodes marcianos de HG Wells, invadiendo la Tierra
Los trípodes marcianos de HG Wells, invadiendo la Tierra. Wikimedia Commons,
Índice
  1. Trece segundos antes no había nada
  2. Marte, blanco fácil para los rayos cósmicos
  3. El cerebro que ve lo que quiere ver
  4. REFERENCIAS

Trece segundos antes no había nada

La clave del misterio está en cómo trabaja el Curiosity. El róver tiene la costumbre de tomar varias fotografías seguidas del mismo objetivo con el mismo instrumento, una redundancia que resulta muy útil precisamente en casos como este. La imagen de la medusa fue capturada a las 22:27:46 UTC. La misma cámara fotografió exactamente el mismo encuadre a las 22:27:33, trece segundos antes, y a las 22:27:21, veinticinco segundos antes.

Ninguna de las dos imágenes anteriores muestra rastro alguno de la silueta oscura. Lo que duró trece segundos como máximo y no dejó ninguna huella en los fotogramas previos no puede ser una estructura sobre el suelo marciano ni un objeto flotante en la atmósfera. Tiene que ser algo que ocurrió en la cámara misma.

Marte, blanco fácil para los rayos cósmicos

Los rayos cósmicos son partículas de alta energía que viajan por el espacio procedentes de supernovas, púlsares y otros fenómenos violentos del universo. En la Tierra vivimos razonablemente protegidos de ellos gracias a dos escudos: el campo magnético global del planeta, que desvía a muchos, y la atmósfera, lo suficientemente densa como para que los que pasan se fragmenten en cascadas de partículas secundarias que no llegan intactas al suelo.

Marte no disfruta de ninguna de esas ventajas. Carece de campo magnético global, y su atmósfera tiene apenas el 0,5% de la masa de la terrestre. El resultado es que el Curiosity, sentado sobre la superficie marciana, recibe una lluvia constante de partículas energéticas que ningún escudo atenúa demasiado. Cuando una de esas partículas impacta en el detector de silicio de una cámara, puede dejar una marca, un artefacto en la imagen que puede ser un punto brillante, una raya blanca, una mancha estática o, en ciertas condiciones, una sombra oscura de forma caprichosa. E

l científico de imágenes de JPL Justin Maki señaló en 2014 que entre los miles de imágenes que envía el Curiosity, aparecen anomalías por impacto de rayos cósmicos casi cada semana. En un vídeo del Hazcam de 2023 se documenta específicamente un pequeño artefacto negro atribuido a un rayo cósmico golpeando el sensor.

El cerebro que ve lo que quiere ver

La pareidolia funciona más como una característica evolutiva que como un defecto del cerebro. Reconocer rostros y figuras familiares en el entorno fue durante millones de años una ventaja de supervivencia: mejor ver una cara amenazante donde no la hay que no verla donde sí está. Esa misma tendencia es la que convierte una roca erosionada en un perfil humano, una formación basáltica en una pirámide y el rastro de un rayo cósmico en una medusa marciana. El cerebro completa el patrón antes de que la razón pueda frenarle.

Lo que sí puede afirmarse con seguridad, aunque suene paradójico, es que la explicación mundana es más asombrosa que la fantasiosa. Que tengamos un robot del tamaño de un coche circulando por la superficie de otro planeta, tomando fotos cada pocos segundos y enviándolas a la Tierra en tiempo casi real, es un logro que hace apenas un siglo habría parecido ciencia ficción más inverosímil que cualquier medusa marciana.

El Curiosity lleva en Marte desde 2012 y sigue funcionando. Que de vez en cuando un rayo cósmico le golpee la cámara y produzca una sombra inquietante es, en perspectiva, un recordatorio de que nuestro embajador robótico opera en un entorno que la física del universo no diseñó pensando en nosotros.

REFERENCIAS

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