Mercurio se encoge más de lo esperado y se arruga como una pasa
Un nuevo análisis revela que la rugosidad de la superficie mercuriana oculta arrugas de contracción y que el planeta ha podido perder hasta 23 kilómetros de diámetro.
Cuando un planeta pierde calor, se contrae. Igual que una pasa que se forma al secar una uva, la superficie de Mercurio se ha ido arrugando durante miles de millones de años a medida que su interior se enfría. Esas arrugas, que los geólogos planetarios llaman escarpes o labios de empuje, se extienden por la superficie mercuriana como cicatrices de la historia térmica del planeta. Ahora un equipo de investigadores del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) acaba de demostrar que Mercurio se ha encogido bastante más de lo que pensábamos, y que la culpa de la confusión la tienen los cráteres de impacto.
El planeta que arruga su piel al enfriarse
Mercurio es el planeta más pequeño del sistema solar y el que posee el mayor núcleo metálico en proporción a su tamaño total. A medida que ese núcleo se ha ido solidificando y enfriando desde la formación del sistema solar hace unos 4.500 millones de años, el planeta ha encogido y su corteza se ha comprimido, formando los escarpes que los científicos han cartografiado a partir de las imágenes de la sonda MESSENGER, que orbitó Mercurio entre 2011 y 2015.
Hasta ahora, la contracción estimada de Mercurio oscilaba entre cuatro y dieciséis kilómetros de reducción en diámetro. El nuevo estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters y liderado por Gaku Nishiyama, del DLR y la Universidad de Hokkaido, eleva esa cifra de forma considerable. Según el análisis, la contracción real podría ser entre un 10% y un 30% mayor de lo que los datos directos sugerían, lo que situaría la pérdida total de diámetro en hasta 23 kilómetros. «Un 30% es un poco sorprendente, pero la cantidad corregida de contracción en realidad tiene sentido para mí», señaló Nishiyama.
Los cráteres que esconden las arrugas
La clave del hallazgo está en la rugosidad del terreno. El equipo cruzó los mapas existentes de escarpes de compresión con nuevas cartografías planetarias de la rugosidad superficial de Mercurio. El resultado reveló un patrón sistemático: las zonas más rugosas del planeta, aquellas con mayor densidad de cráteres de impacto y detritos, mostraban menos arrugas de contracción de las esperadas. No porque no las hubiera, sino porque los escombros de los impactos las habían enterrado o deformado hasta hacerlas irreconocibles. «Nos hizo pensar que hay algún proceso que oculta las estructuras de acortamiento», afirmó el investigador.
Los instrumentos de MESSENGER tenían además un límite de resolución: solo podían detectar de forma fiable estructuras mayores de unos cinco kilómetros. Todo lo que queda por debajo de esa escala, o cubierto por el caos geológico de las regiones más bombardeadas, escapaba al recuento. El equipo corrigió ese sesgo estimando la contracción real en las zonas rugosas a partir de las mediciones obtenidas en los terrenos más lisos y menos perturbados.
Un núcleo más grande en el planeta más pequeño
Las consecuencias de esta corrección van más allá de una cifra ajustada. La contracción de Mercurio es un registro geológico directo de la historia térmica de su interior, y las nuevas cifras tienen implicaciones concretas. «Más encogimiento significa que Mercurio podría tener un núcleo metálico más grande», explicó Nishiyama. También podría indicar que el núcleo contiene menos silicio del que se suponía, o que el planeta comenzó con una temperatura interna más elevada al formarse. Las tres hipótesis apuntan a un mundo cuya geología profunda todavía guardaba sorpresas.
Los datos corregidos acercan además las observaciones a lo que predicen los modelos teóricos de enfriamiento planetario, que durante años habían generado una discrepancia incómoda: los modelos pronosticaban más contracción de la que las imágenes permitían ver. El nuevo análisis sugiere que la discrepancia era en buena parte un artefacto de la resolución disponible y de la geología caótica de las zonas más bombardeadas del planeta.
La sonda BepiColombo, misión conjunta de la Agencia Espacial Europea y la japonesa JAXA, está previsto que comience a tomar imágenes de alta resolución de Mercurio en noviembre de 2026. Sus instrumentos superarán con creces las capacidades de MESSENGER y permitirán cartografiar escarpes de contracción en terrenos hasta ahora inaccesibles. La historia del encogimiento de Mercurio, al parecer, aún no ha dicho su última palabra.
REFERENCIA
- Underestimation of Planetary Contraction due to Obscuration by Surface Roughness: The Case of Mercury. Nishiyama G et al. Geophysical Research Letters, 2026.
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