Este planeta tiene un océano de lava, entonces, ¿de qué son sus nubes?
El James Webb ha detectado nubes de silicatos en TOI-561 b, un planeta cubierto de lava fundida que completa su órbita en solo 10,7 horas.
Hay planetas donde llueven diamantes, planetas donde soplan vientos de hierro fundido a miles de kilómetros por hora y planetas donde el año dura menos de un día terrestre. TOI-561 b pertenece a esta última categoría. Completa una órbita alrededor de su estrella en apenas 10,7 horas, vive permanentemente a casi 1.800 grados centígrados en su cara iluminada y tiene la superficie cubierta de un océano de magma. Todo apuntaba a que un mundo así no podría conservar atmósfera alguna. El telescopio espacial James Webb acaba de demostrar lo contrario.
Un mundo de roca fundida a once horas de su estrella
TOI-561 b es una supertierra con un radio un 40% mayor que el de la Tierra y una masa el doble de la nuestra. Orbita su estrella, similar al Sol pero más antigua y con menor contenido de metales, a tan solo 1,6 millones de kilómetros. Para dimensionar esa distancia, Mercurio, el planeta más próximo al Sol en el Sistema Solar, orbita a unos 58 millones de kilómetros de nuestra estrella. A semejante proximidad, la radiación estelar debería destruir cualquier envoltura gaseosa en un período geológicamente breve, dejando al planeta como una roca desnuda e incandescente.
El equipo liderado por Samuel Boucher y Lisa Dang, de la Universidad de Waterloo, observó el planeta durante 37 horas con el instrumento NIRSpec del telescopio James Webb, cubriendo casi cuatro órbitas completas. Emplearon una técnica llamada curva de fase: registrar cómo varía el brillo y la emisión térmica del planeta a medida que recorre su órbita, desde la posición en que su cara iluminada apunta hacia nosotros hasta el momento en que se oculta detrás de la estrella. Es el equivalente astronómico de tomar la temperatura a un planeta desde distintos ángulos a lo largo de varios días.
Nubes de silicato que reflejan tres cuartas partes de la luz
El resultado contradecía las predicciones. La cara diurna de TOI-561 b resultó ser mucho más fría de lo que cualquier modelo calculaba para una roca oscura expuesta a esa irradiación. El albedo del planeta, es decir, la fracción de luz estelar que refleja en lugar de absorber, es de aproximadamente 0,74. El de la Tierra es 0,30 y el de Venus, 0,75. TOI-561 b devuelve al espacio casi las tres cuartas partes de la luz que recibe.
La cara nocturna tampoco acumulaba el calor suficiente para justificar la diferencia. Las simulaciones climáticas apuntan a una explicación: nubes de minerales silicatados en la atmósfera, formadas por dióxido de silicio y silicato de magnesio, los mismos compuestos de las rocas más abundantes en la corteza y el manto terrestres. A las temperaturas de la atmósfera superior de TOI-561 b, estos materiales se vaporizan en la cara caliente, ascienden y se condensan en capas más elevadas donde forman gotitas reflectantes. A diferencia de las nubes de agua terrestres, las precipitaciones de estas nubes serían gotas de cuarzo fundido.
Una atmósfera que los modelos no esperaban
La existencia de esas nubes implica la presencia de una atmósfera densa que las soporte y redistribuya el calor entre la cara diurna y la nocturna, un proceso que los investigadores detectaron directamente en los datos de la curva de fase. La redistribución del calor requiere circulación atmosférica activa, lo que a su vez exige una presión y una densidad de gas suficientes para transportarlo. Todo apunta a una atmósfera gruesa, posiblemente rica en dióxido de carbono como la de Venus pero sometida a temperaturas mucho más extremas, o cargada de dióxido de azufre como la atmósfera volcánica de Ío, la luna más activa de Júpiter.
Lo que queda por resolver es cómo esa atmósfera ha sobrevivido miles de millones de años tan cerca de su estrella, y cuál es su composición exacta. Los autores proponen ampliar las observaciones con el James Webb a longitudes de onda más largas, donde el telescopio puede distinguir entre distintos gases atmosféricos. TOI-561 b era el candidato menos probable a conservar una envoltura de gas. Las nubes de mineral fundido que flotan sobre su superficie tienen mucho que enseñarnos sobre los límites de lo posible en la formación y evolución planetaria.
REFERENCIA
A Highly Reflective Atmosphere on the Lava World TOI-561 b Revealed by JWST/NIRSpec Phase Curve. Boucher S, Dang L, McGinty A et al. The Astronomical Journal, 2026.
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