Estos son los cuatro sitios de la Luna que la NASA quiere explorar, y no son los polos
Un informe de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. propone cuatro zonas de aterrizaje para el programa Artemis fuera de los polos lunares.
En abril de 2026, cuatro astronautas a bordo de la misión Artemis II sobrevolaron la Luna por primera vez en más de medio siglo. Fue un hito, pero también el punto de partida de una pregunta más difícil. Para responderla, la NASA encargó a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos que reuniera a un comité de 13 expertos y cuatro paneles de especialistas. Tras 19 reuniones y la intervención de 89 ponentes a lo largo de 2025, el resultado es un informe que propone cuatro destinos concretos para futuras misiones tripuladas, todos alejados de los polos lunares donde ya se centra el resto del programa Artemis.
El cráter Bhabha, primer destino en la cara oculta
La primera prioridad del comité es el cráter Bhabha, ubicado en la cara oculta de la Luna dentro de la cuenca South Pole-Aitken (SPA), la mayor estructura de impacto conocida del satélite, con casi 2.500 kilómetros de diámetro. La cara oculta nunca está orientada hacia la Tierra, lo que exige satélites de retransmisión para mantener las comunicaciones, y es el único lugar del Sistema Solar con un silencio radioeléctrico completo, protegido de todas las emisiones terrestres y sin ionosfera apreciable.
Ese aislamiento la convierte en el único punto desde el que es posible detectar señales en frecuencias inferiores a 30 megahercios, un rango que la ionosfera terrestre bloquea por completo. En esas longitudes de onda se esconden ecos de la Edad Oscura cósmica, el período anterior a la formación de las primeras estrellas, así como emisiones de radio de exoplanetas con campos magnéticos, los mismos que protegen la posibilidad de vida en un planeta. La misión en Bhabha también recogería muestras de la roca original de la cuenca SPA, formada hace unos 4.300 millones de años según datos del programa chino Chang'e-6, que aterrizó robóticamente en la cara oculta en 2024. Esas muestras permitirían calibrar la cronología del Bombardeo Intenso Tardío, el período en que una lluvia masiva de asteroides esculpió los planetas rocosos del Sistema Solar.
Mons Hadley, regreso al lugar del Apolo 15
La segunda prioridad es Mons Hadley, donde aterrizó la misión Apolo 15 en julio de 1971. Allí permanecen desde entonces el módulo de descenso del cohete Falcon, el vehículo lunar LRV y los instrumentos científicos del Apollo Lunar Surface Experiments Package (ALSEP), todos expuestos durante más de 55 años a la radiación solar y a los impactos de micrometeoritos. El informe propone recoger piezas de ese equipamiento y muestras orgánicas de los residuos biológicos dejados por los astronautas para estudiar cómo los materiales de ingeniería sobreviven (y se degradan) a medio siglo en la superficie lunar.
Los resultados informarán el diseño de los hábitats y vehículos que las futuras misiones de larga duración van a necesitar. La misión también estudiaría las interacciones entre el motor de la nueva nave y el regolito, la capa superficial del satélite, un factor crítico para poder aterrizar junto a infraestructuras ya instaladas. El informe recomienda además instalar en Mons Hadley un observatorio de meteorología espacial para monitorizar la radiación que afectará a los astronautas en estancias prolongadas.
La cuenca Orientale y los orígenes del Sistema Solar
La tercera prioridad es la cuenca Orientale, una estructura de múltiples anillos formada por un impacto masivo en los primeros tiempos del Sistema Solar, situada en el borde ecuatorial de la cara visible de la Luna. Una misión allí devolvería muestras para entender cómo se formaron las grandes cuencas lunares y cómo evolucionó la diferenciación interna del satélite, el proceso por el que sus capas de roca se separaron según su densidad tras la solidificación del océano de magma primordial. El comité propone además instalar en Orientale un observatorio de ondas gravitacionales que abriría una ventana a los fenómenos más energéticos del universo, sin equivalente posible en la Tierra.
La meseta de Aristarcho y el vulcanismo lunar
La cuarta opción es la meseta de Aristarcho, una región con una diversidad volcánica singular y cronológicamente más reciente que la de los otros destinos. Las muestras obtenidas allí completarían la historia del volcanismo lunar desde sus etapas más primitivas hasta sus últimas manifestaciones. El comité considera además que Aristarcho sería un lugar adecuado para instalar un observatorio de meteorología espacial junto a un experimento de blindaje con regolito, orientado a estudiar la capacidad del suelo lunar para proteger a los astronautas de la radiación cósmica.
El informe establece que el orden de prioridad puede modificarse en función de las capacidades técnicas disponibles, incluidas las comunicaciones necesarias para operar en la cara oculta. Las cuatro misiones propuestas son de corta duración, no requieren infraestructura preinstalada y son complementarias entre sí y con la exploración polar ya planificada. Juntas configuran un programa de ciencia lunar que ninguna misión robótica ni humana ha podido ejecutar hasta ahora.
REFERENCIA
Human Exploration Across the Moon. Committee on Key Non-Polar Destinations Across the Moon to Address Decadal-level Science Objectives with Human Explorers. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine, 2026.
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