El estómago de un joven pterosaurio fosilizado conserva cristales y microfósiles vegetales que zanjan un viejo debate sobre su dieta.

Hace unos 120 millones de años, un pterosaurio cayó sobre un estanque poco profundo en el noreste de China. El sedimento lo cubrió con rapidez. El esqueleto quedó sellado y, para alegría de los paleontólogos, también su estómago. El fósil, descrito la semana pasada en Science Bulletin, es el primero en el que se documenta un pterosaurio con el vientre lleno de plantas.

Los pterosaurios fueron reptiles voladores que compartieron época con los dinosaurios, aunque no eran dinosaurios. Entre ellos, los tapejáridos destacaban por sus picos sin dientes, parecidos a los de los loros. La especie encontrada es Sinopterus atavismus, un tapejárido que de adulto alcanzaba entre dos y cuatro metros de envergadura. El ejemplar analizado era juvenil, con metro y medio de punta a punta, y fue descrito por primera vez en 2019 por un equipo liderado por Xinjun Zhang y Shunxing Jiang.

Este fósil del pterosaurio Sinopterus atavismus conserva el estómago de la criatura, que contiene cientos de depósitos minerales asociados con materia vegetal, lo que sugiere que murió con el estómago lleno de plantas. Shunxing Jiang

Este fósil del pterosaurio Sinopterus atavismus conserva el estómago de la criatura, que contiene cientos de depósitos minerales asociados con materia vegetal, lo que sugiere que murió con el estómago lleno de plantas. Shunxing Jiang

La región pertenece a la famosa Biota de Jehol. Entre 133 y 120 millones de años atrás, allí había lagos tranquilos y humedales que los volcanes cubrían de ceniza de forma periódica. Los cadáveres que caían en esas aguas quedaban sepultados por cenizas que, al hundirse, creaban tumbas anóxicas. Por eso, en ocasiones, los fósiles preservan coloraciones, tejidos blandos o contenidos estomacales. Este S. atavismus conserva un estómago claramente visible con posibles restos de comida. Ante tal oportunidad, el equipo de Jiang y Zhang lo estudió con radiografías de alta resolución desde varios ángulos. El interior mostró dos tipos de minerales inéditos en pterosaurios y ambos apuntan a una dieta vegetal.

En la parte superior del estómago aparecieron numerosos cristales grandes de cuarzo. El cuarzo es frecuente en gastrolitos, piedras estomacales mineralizadas que muchas aves y lagartos actuales almacenan en la molleja o en el estómago para triturar alimentos duros como la materia vegetal. Más abajo, el equipo descubrió cientos de fitolitos. Estos pequeños depósitos minerales se forman entre las células de las plantas y resisten la descomposición. En dinosaurios solo se habían visto dos veces, en especies vegetarianas, una en excrementos fosilizados y otra adherida a dientes.

Este S. atavismus conserva un estómago claramente visible con posibles restos de comida

Hasta ahora, la imagen dietaria de los pterosaurios se inclinaba hacia lo animal. Se pensaba que comían reptiles, peces e insectos. De hecho, los cinco ejemplos previos de contenidos estomacales en el registro fósil de pterosaurios proceden del género Rhamphorhynchus y confirman una dieta piscívora. Algunos investigadores habían propuesto, por rasgos anatómicos como el tamaño y la forma de los picos, que ciertas especies podrían haber comido plantas. Los tapejáridos, sin dientes y con pico de loro, parecían hechos para triturar frutos, nueces y semillas. Pero ese argumento indirecto no convencía a la mayoría.

La nueva evidencia sí lo hace. “Esto es un descubrimiento de una vez cada cien años”, dice David Martill, paleontólogo de la Universidad de Portsmouth que no participó en el estudio. Añade que la prueba es una “pistola humeante” de la herbivoría en pterosaurios y que muestra, de forma definitiva, que no siempre fueron carnívoros. R. Pêgas, de la Universidad de São Paulo, coincide en el valor de la prueba directa. “La evidencia directa es fundamental para zanjar este tipo de debate”, afirma. “Esto cierra el debate y confirma que los pterosaurios tenían más diversidad dietaria de la que se pensaba”. Martill reconoce que ha cambiado de idea. “Yo, por mi parte, pensaba que la punta fina del pico de los tapejáridos se usaba sobre todo para coger pulgas de agua en zonas someras o para comer insectos”.

Se pensaba que comían reptiles, peces e insectos

El estudio, además, inicia un ajuste de cuentas con la ecología de estos reptiles alados. Determinar plantas exactas a partir de fitolitos es difícil. Aun así, los del estómago de este pterosaurio parecen proceder sobre todo de plantas leñosas, con algunos de angiospermas o coníferas. “Creo que nuestro estudio abre una nueva ventana con varias posibilidades para entender mejor a los animales extintos, incluida su conducta alimentaria”, señala el coautor Alexander Kellner, paleontólogo de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

La combinación de gastrolitos y fitolitos resulta especialmente convincente. Los gastrolitos indican procesamiento mecánico de alimentos duros. Los fitolitos certifican que esos alimentos eran vegetales. Juntos, cierran el círculo. El conjunto encaja con la forma del pico de los tapejáridos, apto para sujetar y moler frutos y semillas. Con este fósil, la discusión deja de girar en torno a interpretaciones de la anatomía para basarse en lo que había, literalmente, en el estómago.

El hallazgo obliga a integrar la herbivoría en la historia natural de los pterosaurios. Cambian las hipótesis sobre cómo se movían entre hábitats, cómo dispersaban semillas o cómo competían con otros animales del ecosistema de Jehol. También invita a revisar colecciones en busca de contenidos estomacales pasados por alto. Como apunta Martill, “este es un descubrimiento fascinante y uno que muy fácilmente podría haberse pasado por alto”. Toca reevaluar la ecología de un buen número de pterosaurios.

REFERENCIA

First occurrence of phytoliths in pterosaurs—evidence for herbivory