Un yacimiento madrileño conserva decenas de cráneos de bisontes, uros y rinocerontes sin mandíbula, llevados allí por motivos que indican que los neandertales eran más inteligentes de lo que creemos
Los neandertales no solo cazaban y tallaban piedra. Desde hace años, varios hallazgos apuntan a conductas simbólicas, como el uso de pigmentos, plumas o acumulaciones insólitas de restos animales. En 2023, un equipo describió en la cueva de Descubierta, en el valle del Lozoya, una agrupación única de cráneos de grandes herbívoros con cuernos, asociados a huellas de dientes neandertales, piedras talladas musterienses y hogares donde se hacía fuego. Faltaban las mandíbulas y el resto de huesos, lo que sugería que los animales se descarnaron en otros lugares y que solo las cabezas se llevaron a la cueva por motivos no alimentarios. Ahora, un nuevo trabajo aporta una pieza clave: cómo se formó el depósito y durante cuánto tiempo se sostuvo esa práctica.
El estudio aplica estadística espacial y tafonomía, las dos herramientas que permiten distinguir lo que depositaron las personas de lo que movió la geología. El nivel 3 de Des-Cubierta es un paquete de gravas sostenidas por clastos, formado por sucesivas caídas de bloques desde el techo. Los autores midieron tamaños y distribución de esas rocas y compararon su patrón con el de los restos arqueológicos, incluidos los cráneos. También evaluaron el estado de conservación según su posición. Con ese trabajo fino, verifican que los materiales geológicos y los culturales no siguen las mismas reglas en el espacio. Esto indica que, aunque los derrumbes moldearon el sedimento, la colocación de los cráneos responde a decisiones humanas.
Por qué los neandertales eran más inteligentes de lo que creemos
El equipo identifica bandas con menos bloques que marcan pausas entre episodios de derrumbe. Entre esas franjas, aparecen intercalados los cráneos. Esa alternancia dibuja una cronología relativa. No los dejaron todos de golpe. Volvían a la cueva, una y otra vez, y añadían nuevas piezas. La práctica se transmitió durante un periodo prolongado, aunque las dataciones no permiten fijar un intervalo concreto. Las fechas por series de uranio, una técnica que mide el decaimiento de isótopos en carbonatos como estalagmitas o en carbones, sitúan la actividad en un arco amplio del Pleistoceno medio y superior, entre unos 135.000 y 50.000 años. El sedimento tiene unos dos metros de espesor, suficiente para acumular muchos episodios discretos.
El tipo de cráneos también habla. Son grandes herbívoros con cuernos o astas, como uros, bisontes o rinocerontes esteparios. La ausencia de otras partes del esqueleto y la selección de cabezas sugiere un sentido simbólico, quizá trofeos o elementos rituales. No conocemos el significado, y el artículo lo admite sin rodeos. Los autores escriben que la acumulación responde a un «propósito específico no subsistencial, cuyo significado sigue siendo incierto». Aun así, el patrón repetido indica una norma cultural. No es una casualidad, ni un depósito arrastrado por el agua, ni una guarida de carnívoros.
¿Por qué acumularon cráneos si no lo necesitaban?
La conservación varía según la posición. Cerca del ápice del cono de derrubios, los cráneos se preservan mejor. En áreas sometidas a procesos edáficos o erosivos, aparecen más fragmentados. Esta relación refuerza la lectura de que la arquitectura del sedimento condicionó la integridad, pero no originó la acumulación. El reensamblaje de fragmentos, una técnica para unir piezas de un mismo hueso, muestra poco movimiento posterior al depósito. Los autores interpretan que el cono canalizó los materiales, pero que los cráneos quedaron, en buena medida, donde se colocaron.
El trabajo tiene otra consecuencia. La integración de geología y arqueología permite descartar un solo evento. «La acumulación de cráneos de grandes herbívoros no fue un único episodio de depósito, sino el resultado de episodios repetidos dentro de un proceso de larga duración», concluyen. Esto obliga a pensar en generaciones de neandertales que heredaron una tradición. Quizá el grupo celebraba algo allí, quizá marcaba el paisaje con símbolos comprensibles para sus miembros. No sabemos qué contaban esos cráneos, pero sí que alguien quiso contarlo muchas veces.
El caso de Des-Cubierta se suma a un cambio en la forma en que vemos a los neandertales, que muestran una capacidad de pensamiento abstracto y de crear prácticas que van más allá de la comida y la supervivencia. En una galería estrecha, a 1.118 metros de altitud en la sierra de Guadarrama, dejaron una colección que aún nos interpela.
REFERENCIA
Imagen: En el interior de la cueva se encontraron cráneos de bisontes, uros y rinocerontes. Crédito de la imagen: Baquedano et al., Nature Human Behaviour 2023 (CC BY 4.0)