Una erupción volcánica podría haber sido el desencadenante de la Peste Negra, que causó millones de muertes en la Edad Media
La pandemia de COVID-19, causó en los primeros años (2020-2023) un total de 2,2 millones de muertes en Europa, lo que equivale aproximadamente a un 0,3% de la población. Ahora imagina que en su lugar, hubieran sucumbido a la enfermedad 370 millones de europeos, la mitad de la población actual. Una de cada dos personas.
Pues bien, esto es lo que ocurrió en la Edad Media durante la Peste Negra. Se calcula que murieron entre 25 y 50 millones de personas, entre un 30 y un 60% de la población de Europa en aquella época, estimada en unos 80 millones. Una catástrofe demográfico como nunca antes se había visto en la historia.
La Peste Negra: la epidemia que asoló Europa
Los estudios indican que la Peste Negra se originó en Asia Central y llegó hasta Europa a través del Mar Negro. Pero las razones y la forma en que se propagó la bacteria causante, Yersinia pestis, todavía son un gran tema de debate.
Ahora una nueva hipótesis cobra fuerza. Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge y del Leibniz Institute for the History and Culture of Estern Europe, analizó el clima de Europa y del Mediterráneo de los años 1345, 1346 y 1347, en plena Peste Negra, a través de los anillos de crecimiento de los árboles de diferentes zonas de Europa, con el objetivo de encontrar el origen de la plaga.
Una erupción volcánica, en el origen de la Peste Negra
Los investigadores sugieren que una erupción volcánica, que ocurrió sobre el año 1345, fue el desencadenante inicial que llevó a la Peste Negra. La erupción liberó cenizas y aerosoles sulfurosos en la atmósfera. Estos nubarrones, además de causar daños graves por inhalación, redujeron la luz solar y enfriaron el clima en gran parte de Europa y del Mediterráneo, un fenómeno conocido como invierno volcánico. Esto afectó gravemente a la agricultura, las cosechas fallaron en toda Europa, provocando una hambruna.

La red comercial de cereales de Venecia, Génova y Pisa que evitó que gran parte de Italia pasara hambre en 1347, pero también llevó la bacteria de la peste Yersinia pestis a Venecia y otros puertos del Mediterráneo durante la segunda mitad de 1347, desde donde se propagó rápidamente.
La crisis climática postvolcánica y el hambre en la región Mediterránea entre los años 1345 y 1347, obligaron a Italia a importar grano de la Horda de Oro, un Estado mongol que ocupaba lo que ahora es parte de Rusia, Ucrania y Kazajistán.
Un cargamento de grano en la Edad Media tenía, inevitablemente, pasajeros indeseados: las ratas. Estas ratas del grano, a su vez, venían infectadas de pulgas que eran portadoras de la bacteria de la Peste Negra, Yersinia Pestis. Las pulgas se alimentaban de la sangre de las ratas, que podían vivir durante meses del cargamento de grano. Al llegar a Italia, el grano se distribuyó junto con las ratas, con ellas las pulgas y, con ellas, la peste. Desde Italia la enfermedad se propagó de esta forma a toda Europa.
Los científicos encontraron las pruebas de esta vinculación entre el clima y la peste gracias a los anillos de crecimiento de árboles en los que detectaron los llamados «anillos azules», en concreto en los pinos del Pirineo, que son señal de veranos fríos y húmedos y, por tanto, de malos años de cosecha.
Por otro lado, los investigadores analizaron las muestras de hielo de Groenlandia y de la Antártida, donde encontraron picos de azufre que corresponden a los mismos años. Esto confirma que se trató de una erupción volcánica, pero el volcán en concreto no ha sido determinado aún. La única erupción conocida entre 1250 y 1360 es la de Samalas, datada en el año 1257, pero los investigadores encontraron otros nueve picos de azufre, correspondientes a erupciones de volcanes aún no identificados, que podrían haber estado en los trópicos.
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