El canto de los pájaros revela un inesperado vínculo con el lenguaje humano

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Un estudio en Science Advances halla que el canto del pinzón de Bengala se organiza siguiendo las mismas leyes estadísticas que el habla humana, las mismas que ya se habían visto en las ballenas jorobadas. Sugiere que algunos cimientos del lenguaje podrían ser universales en cualquier comunicación que se aprende y se transmite de una generación a otra.

Damos por hecho que el lenguaje es un rasgo exclusivamente humano, una frontera que nos separa del resto del reino animal. Al escuchar con las herramientas adecuadas el canto de un humilde pájaro, sin embargo, aparece escondida la misma huella matemática que ordena nuestras palabras. Ese hallazgo sugiere que algunos de los ladrillos más profundos del lenguaje quizá sean, más que una rareza de nuestro cerebro, una propiedad que emerge siempre que la comunicación se aprende y se hereda culturalmente.

Índice
  1. Palabras de pájaro
  2. La ley de Zipf, también en el trino
  3. Presente desde el primer intento
  4. Un rasgo de todo lo que se aprende

Palabras de pájaro

El equipo, con investigadores de las universidades de Edimburgo, la Hebrea de Jerusalén, Teikyo (Japón) y St Andrews, tuvo una idea ingeniosa. Aplicó al canto del pinzón de Bengala, un ave famosa por sus cantos complejos y aprendidos, las mismas técnicas que se usan para estudiar cómo los bebés humanos descubren las palabras en el flujo continuo del habla. Al analizar así las grabaciones, comprobaron que el canto se agrupa en secuencias estadísticamente coherentes, el equivalente aviar de nuestras palabras, lejos de ser una ristra desordenada de notas. El trabajo, publicado en la revista Science Advances, encontró que esos bloques se comportan como un pequeño vocabulario.

La ley de Zipf, también en el trino

La coincidencia con el lenguaje va más allá. Esas palabras de pájaro siguen la llamada distribución de Zipf, un patrón según el cual unas pocas unidades se usan constantemente mientras que la gran mayoría aparecen en contadas ocasiones. Pasa igual en cualquier idioma humano, donde términos como los artículos y las preposiciones se repiten sin parar frente a la larga cola de palabras raras. El canto de los pinzones cumple además una segunda regla de la misma familia, la ley de abreviación de Zipf: los bloques de sílabas más frecuentes tienden a ser más cortos, y los menos habituales, más largos. Es exactamente el mismo principio de eficiencia que rige el habla humana, algo que sorprendió incluso a Kazuo Okanoya, coautor del estudio, que llevaba años estudiando a estos pájaros.

Presente desde el primer intento

Uno de los detalles más reveladores tiene que ver con el desarrollo. Los investigadores recogieron datos en las distintas etapas de aprendizaje de las aves y observaron que esos patrones ya estaban presentes en los primeros y torpes intentos de canto de los polluelos, no solo en la versión pulida del adulto. Eso apunta a que la estructura brota de forma natural del propio proceso de aprender a cantar, en lugar de imponerse al final como un adorno, del mismo modo que asoma cuando un bebé va conquistando el habla. La eficiencia, en cierto sentido, se cuela sola en el sistema mientras se aprende.

Un rasgo de todo lo que se aprende

La pieza que cierra el argumento es la comparación entre especies. El mismo grupo, con Ellen Garland de St Andrews, ya había hallado esta estructura estadística en el canto de las ballenas jorobadas. Sumando ahora a los pinzones, el patrón aparece en tres especies separadas por más de 300 millones de años de evolución: humanos, aves y cetáceos. Lo que comparten es una misma manera de comunicarse, aprendida de otros individuos y transmitida de generación en generación, y no un antepasado común reciente. Esa transmisión cultural parece esculpir por sí sola códigos eficientes y fáciles de aprender. Como matiza la investigadora Inbal Arnon, el hallazgo no despoja al lenguaje humano de todo lo que lo hace singular, aunque sí ayuda a distinguir qué comparte y qué no con los demás sistemas de comunicación de la naturaleza.

La conclusión invita a mirar el mundo sonoro que nos rodea con otros oídos. Algunas de las señas de identidad más profundas del lenguaje quizá sean menos un accidente biológico de nuestra especie y más una ley hacia la que tiende cualquier código que se aprenda y se pase de unos a otros. La próxima vez que escuches cantar a un pájaro al amanecer, piensa que puede estar obedeciendo, sin saberlo, las mismas reglas estadísticas que ordenan esta misma frase.

REFERENCIA

Language-like statistical structure arises in learned signalling: evidence from birdsong (Kirby, Okanoya, Garland, Takahasi y Arnon, Science Advances, 2026. DOI: 10.1126/sciadv.aea3015)

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