El filete de mamut, mejor si es de hembra
Un análisis genético de 521 mamuts concluye que los huesos en yacimientos humanos están dominados por hembras, señal de que los cazadores de la última glaciación las elegían a ellas
Por toda Eurasia y Norteamérica aparecen desde hace más de un siglo enormes acumulaciones de huesos de mamut, a veces con restos de cien animales apilados en un mismo punto. Durante décadas los arqueólogos se han preguntado si esos cementerios eran obra de la naturaleza o de la mano humana. Un equipo de paleogenetistas acaba de zanjar el debate con una pista inesperada escondida en el ADN de los huesos: el sexo de los mamuts.
El misterio de los montones de huesos
La pregunta parece sencilla y llevaba mucho tiempo sin respuesta clara. Un gran montón de huesos puede formarse de manera natural, si los animales fueron cayendo poco a poco en una trampa como una ciénaga o un sumidero, o puede ser el resultado de la caza y el despiece por parte de grupos humanos. Distinguir una cosa de la otra a partir de los huesos rotos resulta endiabladamente difícil. El equipo del Centre for Palaeogenetics de Estocolmo encontró la solución donde nadie había mirado con suficiente escala: en la proporción de machos y hembras.
Para ello reunieron el mayor conjunto de datos genéticos de mamut lanudo jamás analizado. En total estudiaron 521 individuos repartidos por Eurasia y Norteamérica, de los cuales 448 se secuenciaron por primera vez, procedentes de 11 grandes acumulaciones asociadas a humanos y de 420 restos dispersos en contextos naturales. Leyendo los cromosomas sexuales en el ADN de cada hueso pudieron determinar el sexo de animales muertos hace decenas de miles de años, algo imposible de saber a simple vista con un fragmento suelto. El trabajo se publicó en la revista Current Biology.
Ellos mueren en trampas, ellas caen ante los humanos
El contraste que encontraron fue tan nítido como revelador. Los restos hallados en contextos naturales y dispersos eran mayoritariamente machos, en torno a un 66%. En cambio, los grandes amontonamientos ligados a yacimientos humanos estaban dominados por hembras, que rondaban el 70%, y todos los depósitos con más de cinco individuos mostraban ese mismo sesgo femenino. La explicación tiene que ver con la biología del animal, muy parecida a la de los elefantes actuales.
Este comportamiento podría haber pesado en el declive de la especie, que se extinguió hace entre 10.000 y 12.000 años
Las hembras viven en manadas matriarcales, mientras que los machos jóvenes y adultos tienden a llevar una vida más solitaria y a asumir más riesgos. Un macho que va por libre tiene más papeletas de caer solo en una trampa natural, lo que explica el sesgo masculino de esos yacimientos. El predominio de hembras allí donde había humanos apunta, por tanto, a que fueron ellos quienes acumularon esos huesos, cazando preferentemente a las hembras.
Por qué las hembras
Queda la pregunta de por qué esa preferencia. El investigador David Díez-del-Molino, coautor sénior del estudio, apunta a una explicación práctica: cazar una manada resulta más rentable, y sería más fácil acorralar a un grupo con crías, en el que las madres no huirían para no abandonarlas, ayudándose además del terreno para inmovilizar a los animales en el barro o en zonas pantanosas antes de atacarlos con lanzas o dardos. Esa selección tiene una lectura de fondo importante.
Abatir sobre todo a las hembras reproductoras es mucho más dañino para la supervivencia de una población que cazar machos, así que este comportamiento podría haber pesado en el declive de la especie, que se extinguió en los continentes hace entre 10.000 y 12.000 años, un final en el que el papel del ser humano sigue siendo objeto de debate. El estudio dejó, de propina, una rareza fascinante: un mamut de la isla de Wrangel presentaba una combinación cromosómica peculiar, un mosaicismo similar al síndrome de Turner humano, documentado por primera vez en una especie extinta.
Más allá del hallazgo concreto, el trabajo demuestra hasta dónde puede llegar hoy el ADN antiguo, capaz de reconstruir el árbol genealógico de una especie y también el comportamiento de los animales y la cultura de los humanos que los cazaban hace milenios. La historia tiene, además, acento español, empezando por Díez-del-Molino, uno de sus cerebros. Conviene recordar que aquellos gigantes lanudos no fueron algo tan remoto y ajeno como parece, ya que el mamut lanudo llegó a habitar el norte de la península ibérica durante la última glaciación. Bajo el hielo de entonces, y ahora bajo el bisturí genético, esos huesos siguen contando su historia.
REFERENCIA
- Palaeogenomic sex inference of mammoth remains sheds light on the anthropogenic nature of bone accumulations (Moots et al.; autores sénior David Díez-del-Molino y Love Dalén, Current Biology, 2026. DOI: 10.1016/j.cub.2026.07.023)
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