VIDEO: Estas orcas literalmente revientan un pez luna, ¿caza o diversión?

orcas revientan pez

Dos vídeos tomados en el golfo de California muestran a orcas adultas embistiendo a toda velocidad a un pez luna hasta desintegrarlo, con la cría del grupo esperando su turno para comer.

Imagen: Estrategia de alimentación de la orca «embestida para fragmentar» con el pez luna de cola afilada (Masturus lanceolatus). (A) Una hembra adulta nada con un molido en la boca. (B) La hembra suelta el molido cuando el macho adulto lo golpea con fuerza. (C) Fragmentos del molido. (D) Una orca juvenil entra en el encuadre. (E) La orca juvenil nada hacia los fragmentos. (F) La orca juvenil comienza a consumir los fragmentos del molido.

En julio de 2024, la bióloga marina Kathryn Ayres buceaba con tiburones en el golfo de California cuando su equipo avistó un grupo de orcas. Siguieron a los animales con la embarcación, a distancia prudente, y ella se lanzó al agua con la cámara. Lo que grabó a pocos metros de la superficie la dejó sin palabras: una hembra adulta sujetaba en la boca el cadáver de un pez luna gigante cuando un macho irrumpió a toda velocidad, boca arriba, y estrelló la cabeza contra el pez, que se deshizo en una nube de fragmentos. Ayres había visto antes a orcas cazar peces luna, nunca que uno estallara.

Índice
  1. Un pez luna que estalla
  2. La misma maniobra, catorce meses después
  3. Para qué destrozar un pez que ya está muerto
  4. Dos vídeos, muchas cautelas
  5. REFERENCIA

Un pez luna que estalla

La escena, publicada ahora en la revista Frontiers in Ethology, ocurrió al mediodía del 29 de julio de 2024 sobre un monte submarino frente a San José del Cabo (Baja California Sur). El grupo estaba formado por tres hembras adultas, un macho y un juvenil, y poco antes se le había grabado con un dron comiéndose una mantarraya. El pez luna ya estaba muerto: una gran herida lateral indicaba que las vísceras, la parte más rica en grasa, se le habían extraído antes. La hembra lo agarraba por el clavus, esa aleta trasera redondeada que estos peces lucen en lugar de cola, y lo soltó un instante antes del impacto. El golpe del macho produjo un sonido audible bajo el agua y dispersó fragmentos de tejido por toda la columna.

Ahí llega el detalle que da sentido a la maniobra. Un juvenil, de entre el 50% y el 75% del tamaño de la hembra adulta, entró en escena y se dedicó a comer los trozos pequeños que flotaban a la deriva. Los adultos, en cambio, siguieron alimentándose del cuerpo principal abierto en dos, sin tocar esos fragmentos menudos.

La misma maniobra, catorce meses después

El equipo, dirigido por Ayres desde la organización Beneath The Waves y con la participación del ecólogo marino Carlos M. Duarte (vinculado durante años al CSIC y hoy en la universidad saudí KAUST), documenta un segundo episodio casi idéntico, el 7 de septiembre de 2025 en el canal de la isla Cerralvo, registrado en un vídeo cedido por un tercero. Tres hembras adultas y una cría repitieron la secuencia: una sujetaba al pez luna mientras otra lo embestía a gran velocidad, girando después hasta quedar boca arriba. El tejido volvió a fragmentarse, una tercera hembra se unió al banquete y la cría extrajo carne del cadáver principal. Ese mismo día el grupo había cazado un marrajo.

Los autores han bautizado la técnica como "embestir para fragmentar" (ram-to-fragment) y subrayan la coordinación que exige: un animal estabiliza la presa, el otro calcula la carrera, y la primera suelta el bocado justo antes del impacto. Esa precisión apunta a un reparto de papeles.

Para qué destrozar un pez que ya está muerto

El punto clave es que en ambos casos el pez luna llevaba un rato muerto y sin vísceras, con lo que la embestida funciona como una técnica de procesado más que como un golpe mortal. Queda la pregunta de para qué. La hipótesis que mejor encaja con el primer vídeo es la inversión parental: los adultos trocean la presa en pedazos manejables para que el joven pueda comer, mientras ellos se ocupan de la parte grande. Los propios autores admiten funciones no excluyentes, como repartir el alimento entre todo el grupo, practicar y aprender, o simplemente jugar. Las orcas tienen fama de juguetear con la comida, pasándose presas moribundas de una a otra en una especie de macabro juego de la patata caliente, algo que quizá sirva para enseñar a las generaciones nuevas.

Hay una hipótesis bastante más exótica. Los peces luna poseen bajo la piel una gruesa capa gelatinosa de colágeno, llamada cápsula, formada por casi un 90% de agua, que podría servir a las orcas como fuente de líquido y nutrientes. Al reventar el pez, esa capa y los microbios que la habitan se dispersan, de modo que el grupo entra en contacto con el microbioma de su presa, un intercambio del que quizá obtenga algún beneficio.

Dos vídeos, muchas cautelas

Conviene medir el entusiasmo. El trabajo es un informe breve basado en dos observaciones oportunistas, una de ellas grabada por un tercero, así que describe un comportamiento sin cuantificar su frecuencia. Tampoco pudieron determinar si las orcas implicadas eran las mismas en ambos episodios, por falta de imágenes que permitan identificar individuos. La fragmentación tan aparatosa solo se ha observado con el pez luna picudo (Masturus lanceolatus), cuyo clavus resulta más pronunciado que en sus parientes y ofrece un asidero cómodo, así que queda por saber si la técnica se aplica a otras presas.

Hay además un sesgo que los autores señalan con honestidad: buena parte de lo que sabemos sobre orcas y peces luna procede de vídeos subidos a redes sociales por turistas y operadores de buceo, así que resulta imposible distinguir si estos episodios ocurren más a menudo o si simplemente hay más ojos y más cámaras en el agua. Ese turismo creciente plantea también un problema de molestias a los animales, hasta el punto de que México aprobó en 2025 un plan para regular el nado con orcas en el golfo.

El interés de fondo va más allá de la anécdota espectacular. Cada táctica nueva que se documenta refuerza la idea de que las estrategias de caza de las orcas son flexibles, se adaptan a la presa y se transmiten de una generación a la siguiente, lo que en la práctica significa que existen culturas distintas dentro de la misma especie. Distinguir esas culturas y esos ecotipos (los grupos especializados en presas y técnicas propias) resulta imprescindible para protegerlas, ya que conservar una población pasa por entender de qué vive y cómo lo aprende. Un pez luna reventado en el golfo de California acaba contando algo bastante más grande sobre la inteligencia social de estos animales.

REFERENCIA

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