El vapeo no es inocuo, ni una solución para dejar de fumar, sino al contrario, puede llevar al consumo de cigarrillos, pero la prohibición en lugar de la regulación solo empeora el problema 

El patio de un instituto cualquiera a la hora del recreo. Entre risas y conversaciones, se ven grupos de adolescentes compartiendo no solo apuntes, sino también pequeños dispositivos electrónicos que producen nubes de vapor con aroma a frutas. Esta escena, cada vez más común, esconde la encrucijada de salud pública del vapeo entre los jóvenes.

Aunque a simple vista parezca simple vapor de agua, los cigarrillos electrónicos liberan un aerosol que contiene sustancias como el diacetilo (relacionado con enfermedades pulmonares graves), formaldehído (un conocido carcinógeno) y metales pesados como níquel y plomo. Pero el verdadero caballo de Troya es la nicotina: el 99% de estos dispositivos la contienen, y la nicotina es una sustancia muy adictiva.

El cerebro adolescente, aún en desarrollo hasta aproximadamente los 25 años, es especialmente vulnerable. La nicotina altera las áreas responsables del control de impulsos, el aprendizaje y la regulación emocional. Las consecuencias son conocidas: los jóvenes que vapean tienen un 34% más de riesgo de sufrir problemas cardíacos y un 55% más de probabilidades de desarrollar ansiedad o depresión.

No hay que engañarse, los vapeadores no sirven para dejar de fumar, son solo una forma más de suministrar nicotina. Sin embargo, para un adulto fumador empedernido, cambiar al vapeo puede significar una reducción del 95% en su exposición a toxinas comparado con fumar cigarrillos. Los cigarrillos electrónicos no queman tabaco, evitando así la producción de alquitrán, benceno y monóxido de carbono, responsables de la mayoría de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Lo mismo ocurre con los cigarrillos electrónicos basados en tabaco calentado, donde no se produce combustión y por tanto se reducen los tóxicos, y las bolsitas de nicotina que han hecho de Suecia el primer país libre de humo del mundo.

Pero lo que es una alternativa menos dañina para adultos fumadores se convierte en una puerta de entrada peligrosa para jóvenes que nunca han fumado antes. Los estudios muestran que los adolescentes que usan estos dispositivos tienen el triple de probabilidades de empezar a fumar cigarrillos tradicionales.

La industria del vapeo ha creado productos casi a medida para el público joven: dispositivos que parecen memorias USB (fáciles de ocultar), sabores que recuerdan a golosinas y campañas en redes sociales con influencers populares. No es casualidad que el 85% de los jóvenes usuarios prefieran los sabores frutales o dulces.

Pero lo más preocupante es que los adolescentes no usan estos dispositivos como se diseñaron. El 84% modifica sus vapeadores de formas peligrosas: alteran las baterías (aumentando riesgo de explosiones), mezclan sus propios líquidos o manipulan las bobinas de calentamiento. Cada modificación aumenta la exposición a toxinas y metales pesados.

Prohibir o regular

Algunos países han encontrado fórmulas interesantes. Letonia prohibió todos los sabores excepto el tabaco. Australia los convirtió en productos de prescripción médica. Texas implementó programas educativos online para jóvenes pillados con estos dispositivos.

Pero las prohibiciones absolutas han demostrado ser contraproducentes. Argentina, con su prohibición total desde 2011, ve cómo florece un mercado negro donde los jóvenes acceden sin restricción a productos sin control de calidad. Lo mismo ocurre en países como Brasil, Holanda, México, Venezuela o India.

España corre el riesgo de terminar así. Una nota de prensa emitida por la Unión de Empresarios y Promotores del Vapeo advierte de el nuevo proyecto de ley de la ministra Mónica García va a conseguir doblar el número de menores vapeando e inundar España de productos ilegales y dudosa seguridad. El proyecto de ley contempla la prohibición de los sabores de los cigarrillos electrónicos, pero no regula la distribución de estos productos, que se podrán comprar en cualquier comercio.

La solución puede estar en regular basándose en datos y estudios científicos. La prohibición de sabores atractivos para menores también corre el riesgo de alejar a los adultos dependientes de la nicotina que podrían usar estos productos para reducir los daños que causan los cigarrillos. La verificación de edad y la venta a través de canales regulados, así como un control de la publicidad y el marketing de estos productos, promete mejores resultados.

Proteger a los jóvenes del vapeo requiere reconocer una verdad incómoda: estos productos pueden ser simultáneamente una alternativa menos dañina para adultos fumadores y una amenaza significativa para adolescentes.