Un ensayo muestra que la “ventilación enteral”, administrar un líquido rico en oxígeno por el recto para las personas con las vías respiratorias obstruídas, resulta segura y tolerable

Respirar mantiene vivo a cualquiera, y hacerlo por vías alternativas suena a chiste de laboratorio hasta que la biología se pone seria. La llamada ventilación enteral consiste en introducir por el ano un líquido perfluorocarbonado capaz de transportar grandes cantidades de oxígeno, para que la mucosa del colon lo absorba y lo lleve a la sangre.

Un equipo de Japón y Estados Unidos, liderado por Cincinnati Children’s Hospital, ha completado el primer ensayo en humanos de ventilación enteral. El estudio no buscaba demostrar eficacia clínica, sino seguridad y tolerabilidad en adultos sanos. Los investigadores reclutaron a 27 hombres de 20 a 45 años y les administraron por vía intrarrectal perfluorodecalina no oxigenada, en dosis únicas de hasta 1.500 mililitros, es decir, un litro y medio. Tenían que retener el líquido durante 60 minutos. El objetivo, comprobar si el procedimiento resultaba factible, qué molestias causaba y si aparecían alteraciones en constantes vitales o en analíticas de sangre.

Veinte participantes lograron mantener el líquido la hora completa. En los niveles más altos, la mayoría reportó hinchazón y molestias abdominales leves. No se registraron eventos adversos graves. Las pruebas de laboratorio, incluidos los marcadores de función hepática y renal, se mantuvieron dentro de rangos normales durante el seguimiento. El equipo también usó un modelo basado en datos de animales grandes para predecir cuánto oxígeno podría transferirse al torrente sanguíneo cuando el líquido esté saturado de oxígeno, ya que este ensayo utilizó perfluorodecalina sin oxigenar.

Una línea de trabajo que, entre bromas, acabó recibiendo un Ig Nobel en 2024 por demostrar que muchos mamíferos pueden “respirar” por el ano

“Estos son los primeros datos en humanos, y los resultados se limitan únicamente a demostrar la seguridad del procedimiento y no su eficacia”, afirma Takanori Takebe, médico e investigador en Cincinnati Children’s y la Universidad de Osaka. “Pero ahora que hemos establecido la tolerancia, el siguiente paso será evaluar cuán eficaz es el proceso para llevar oxígeno al torrente sanguíneo”. Su comentario refleja la hoja de ruta: repetir la prueba con perfluorodecalina plenamente oxigenada y medir, con rigor, la mejora real en la saturación de oxígeno.

La idea no ha salido de la nada. Los investigadores se inspiraron en la biología de ciertos peces de fondo, que tragan aire en la superficie y absorben oxígeno por el intestino cuando las branquias no bastan en aguas pobres en oxígeno. Esa observación, junto a los resultados previos en modelos porcinos publicados en 2021, abrió una línea de trabajo que, entre bromas, acabó recibiendo un Ig Nobel en 2024 por demostrar que muchos mamíferos pueden “respirar” por el ano. El reconocimiento Ig Nobel premia hallazgos que primero hacen reír y luego pensar. El galardón, paradójicamente, dio visibilidad a una hipótesis que ahora empieza a cruzar la frontera clínica.

El ensayo humano, aunque modesto, aporta algo esencial para cualquier terapia novedosa, la certeza de que el procedimiento puede aplicarse sin causar daños evidentes a corto plazo. La perfluorodecalina se eligió por su excelente capacidad para transportar oxígeno y por su inercia biológica. La evaluación incluyó vigilancia de constantes vitales, analíticas seriadas y medición de la exposición sistémica al compuesto. El diseño evitó riesgos innecesarios, de ahí que el líquido no estuviera oxigenado en esta fase. El siguiente capítulo añadirá el ingrediente decisivo, el oxígeno, para cuantificar la transferencia a sangre.

Si la ventilación enteral demuestra eficacia, podría ofrecer una herramienta de rescate en situaciones dramáticas. Pacientes con vías aéreas bloqueadas por trauma o inflamación, o con neumonías graves que comprometen el intercambio gaseoso, podrían beneficiarse de un apoyo temporal que permita descansar a los pulmones y evite lesiones adicionales causadas por ventilación mecánica agresiva. El procedimiento, por su sencillez relativa, aspira a ser una alternativa accesible en entornos donde la tecnología avanzada no está disponible de inmediato.

El equipo prevé repetir el estudio para determinar qué volumen y qué duración optimizan la oxigenación. También explorará aplicaciones en cuidados neonatales, donde los pulmones inmaduros sufren especialmente. Paralelamente, avanza el desarrollo traslacional con la creación de una empresa, EVA Therapeutics, para llevar la tecnología hacia ensayos clínicos formales. Como siempre, el calendario dependerá de la financiación y del escrutinio regulatorio.

La historia de fondo enlaza ciencia básica, innovación biomédica y cultura popular. Décadas atrás, los perfluorocarbonos alimentaron la investigación en sustitutos sanguíneos y oxigenación líquida. La película “Abyss” de 1989 convirtió esa posibilidad en una escena memorable. Hoy, el laboratorio devuelve el golpe a la ficción con datos en humanos, aunque todavía no podamos declarar ganada la partida. Hay preguntas prácticas por resolver, empezando por la eliminación de dióxido de carbono y la logística de administrar litros de líquido con seguridad en pacientes críticos.

Mientras tanto, el estudio publicado en Med sella el paso clave de la prueba de concepto. Confirma que el cuerpo humano tolera la vía enteral para un líquido portador de oxígeno, en volúmenes relevantes y sin alterar parámetros clínicos básicos. Faltan los ensayos que midan la eficacia real y comparen esta técnica con estándares de cuidado. Si esas pruebas confirman el potencial, la ventilación enteral podría convertirse en una herramienta más del arsenal contra la insuficiencia respiratoria. Si no, quedará como una valiosa lección metodológica y, de paso, como anécdota científica con premio incluido. En cualquier caso, nadie podrá decir que la medicina no explora todas las vías.

REFERENCIA

Safety and Tolerability of Intrarectal Perfluorodecalin for Enteral Ventilation in a First-in-Human Trial