Para bajar la tensión arterial puedes hacer ejercicio, o también darte un baño caliente
Un estudio con adultos con sobrepeso demuestra que la inmersión en agua a 40 °C produce mayores beneficios vasculares que una sesión de ciclismo estático.
El 31% de los adultos de todo el mundo no cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física. Para muchos, la causa no es falta de voluntad: la artrosis, el sobrepeso, los problemas cardíacos o simplemente la edad hacen que media hora de ejercicio moderado sea difícil o directamente imposible. Para ese grupo, un nuevo estudio publicado en la revista European Journal of Applied Physiology señala una alternativa sorprendente: meterse en una bañera de agua caliente.
Bicicleta frente a bañera
Kristanti Wigati, fisióloga del ejercicio de la Universidad de Australia Occidental, reclutó a 25 adultos de entre 45 y 70 años con sobrepeso u obesidad para comparar los efectos vasculares de dos intervenciones de 30 minutos cada una. La primera fue una sesión de ciclismo estático a una intensidad de entre el 60% y el 70% de la frecuencia cardíaca máxima, lo que equivale a un ejercicio moderado bien establecido como beneficioso para el sistema cardiovascular. La segunda fue una inmersión hasta el pecho en agua a 40 °C, la temperatura de un baño caliente estándar. Cada participante realizó las dos, en orden aleatorio y con al menos 72 horas de separación entre una y otra.
El equipo midió la frecuencia cardíaca, la presión arterial media y la temperatura corporal central durante las intervenciones. Para evaluar la respuesta de los microvasos cutáneos (los capilares y arteriolas más pequeñas de la piel), utilizaron tomografía de coherencia óptica, una técnica de imagen no invasiva que permite visualizar los vasos de la dermis con gran detalle sin necesidad de extraer sangre ni introducir instrumentos en el cuerpo.
Lo que revelan los vasos bajo la piel
Los resultados mostraron que el baño caliente superaba al ejercicio en varias medidas clave. La inmersión produjo mayores reducciones tanto en la presión arterial sistólica como en la diastólica. También generó respuestas microvasculares significativamente más pronunciadas: mayor diámetro de los vasos, mayor velocidad del flujo sanguíneo y mayor densidad de microvasos con flujo detectable. El ejercicio, en cambio, produjo una frecuencia cardíaca más elevada, lo que era esperable en una actividad que solicita directamente la musculatura esquelética.
«La inmersión en agua caliente puede actuar como un estímulo vascular similar al del ejercicio», escriben los autores en el estudio. La idea no es nueva: investigaciones anteriores en adultos jóvenes y sanos habían sugerido que los baños calientes repetidos mejoraban la función de los vasos sanguíneos y reducían la rigidez arterial. Lo novedoso aquí es que el efecto se confirma en personas mayores con sobrepeso, precisamente quienes más dificultades tienen para moverse y quienes más necesitan alternativas al gimnasio.
Por qué el calor imita al ejercicio en las arterias
El mecanismo que comparten el ejercicio y el calor es la vasodilatación inducida por el estrés hemodinámico. Durante el ejercicio, los músculos en trabajo necesitan más sangre, lo que aumenta el flujo y el rozamiento del torrente sanguíneo contra las paredes arteriales. Ese rozamiento (la tensión de cizallamiento) estimula el endotelio, la capa de células que recubre los vasos, y provoca que libere óxido nítrico, un gas que relaja y dilata las arterias. Con el agua caliente ocurre algo parecido: el calor dilata los vasos periféricos para disipar el exceso de temperatura corporal, lo que también aumenta el flujo y el estrés hemodinámico.
Según los autores, la inmersión genera además una mayor tensión térmica sobre todo el organismo que la producida por el ejercicio moderado en el mismo tiempo. Ese calentamiento generalizado explicaría en parte por qué la respuesta vascular fue más intensa con el baño que con la bicicleta.
No obstante, los investigadores advierten contra una lectura demasiado entusiasta. El estudio es pequeño (25 personas), no igualó las condiciones de tensión térmica entre ambas intervenciones y no midió efectos a largo plazo. Su conclusión es que el baño caliente «podría servir como estrategia complementaria o alternativa para inducir estímulos vasculares beneficiosos», no que sea intrínsecamente superior al ejercicio.
Para quienes no pueden moverse con facilidad, sin embargo, saber que la bañera podría convertirse en aliada de su salud cardiovascular ya es una buena noticia. La prescripción más fácil de seguir que ha generado la fisiología del ejercicio en mucho tiempo está disponible en casi todos los hogares.
REFERENCIA
- Acute vascular responses to hot water immersion versus moderate-intensity exercise in overweight and obese older adults. Wigati K et al. European Journal of Applied Physiology, 2026.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Para bajar la tensión arterial puedes hacer ejercicio, o también darte un baño caliente puedes visitar la categoría SALUD.
Continúa Leyendo