Los hobbits de Flores comían las sobras de los dragones de Komodo y no sabían usar el fuego

Homo floresiensis

El análisis tafonómico más detallado hasta la fecha en la cueva de Liang Bua concluye que el Homo floresiensis no cazaba el ni cocinaba con fuego, sino que carroñeaba los restos que los dragones de Komodo dejaban

Cuando en 2003 los arqueólogos sacaron a la luz los primeros huesos del Homo floresiensis en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, el descubrimiento pareció cuadrar de una forma casi demasiado buena. Los restos de un homínido diminuto, con el cráneo del tamaño de un pomelo y apenas metro y tres centímetros de estatura, aparecían mezclados con miles de útiles de piedra y con huesos de Stegodon, un pariente extinto de los elefantes del tamaño de un búfalo. Conclusion obvia: el pequeño Homo floresiensis, apodado el hobbit, era un cazador sofisticado que abatía megafauna con herramientas de sílex. Algunos huesos ennegrecidos apuntaban incluso al uso del fuego. Un nuevo estudio publicado desmonta esa teoría.

Índice
  1. Quién comió qué, y en qué orden
  2. El experimento con el dragón de Komodo vivo
  3. Cero huesos quemados frente a cientos en capas posteriores
  4. Un homínido más primitivo de lo que se pensaba
  5. Referencia

Quién comió qué, y en qué orden

La tafonomía estudia qué ocurre con los restos de un organismo desde su muerte hasta que se convierte en registro fósil. Analizar las marcas de corte, las fracturas y el patrón de consumo sobre los huesos permite reconstruir la secuencia de quién tuvo acceso al cadáver y en qué orden.

Elizabeth Grace Veatch, paleoantropóloga de la Universidad de Nueva York y autora principal del estudio, junto con la coautora Briana Pobiner, del Instituto Smithsoniano, examinaron sistemáticamente los huesos de Stegodon de Liang Bua buscando marcas de corte producidas por herramientas de piedra. Las encontraron. Pero su distribución contó una historia diferente a la que se había asumido durante veinte años: las marcas se concentraban en los huesos craneales y las vértebras torácicas, las partes con menos carne y de menor valor nutritivo, no en los huesos largos de las extremidades donde estarían los grandes músculos.

El Homo floresiensis era cognitivamente menos avanzado que sus contemporáneos en otras partes del mundo

Ese patrón es exactamente el que se esperaría de un carroñero que llega al cadáver cuando el depredador principal ya ha consumido las partes más codiciadas. Si el Homo floresiensis hubiera cazado el Stegodon, sus marcas de corte deberían aparecer en las zonas de mayor valor, donde la carne es más abundante. El hecho de que estén donde están sugiere que llegó después, no antes.

El experimento con el dragón de Komodo vivo

Para reforzar esa interpretación, el equipo realizó algo que pocas veces ocurre en paleontología: un experimento de alimentación con un animal vivo. Pusieron a un dragón de Komodo en contacto con una carcasa de Stegodon y registraron sistemáticamente qué partes consumió primero y qué dejó. Los dragones de Komodo son los únicos depredadores capaces de matar un Stegodon adulto en Flores, y lo hacen como todos los grandes carnívoros: empezando por las vísceras y las partes con mayor valor energético.

Lo que dejaban los Komodo tras su festín era, en gran medida, exactamente lo que aparece marcado con herramientas de piedra en los huesos de Liang Bua: los restos óseos periféricos, con poco músculo adherido. La coincidencia entre el patrón del experimento y el patrón del registro arqueológico apuntaló la hipótesis del carroñeo.

Cero huesos quemados frente a cientos en capas posteriores

El otro pilar de la imagen del Homo floresiensis como homínido avanzado, el uso del fuego, también cae. Los huesos ennegrecidos que habían llevado a los investigadores a postular el uso controlado del fuego por parte del floresiensis corresponden en realidad, según el nuevo análisis, a capas estratigráficas de ocupación humana moderna posterior, no a los niveles del floresiensis.

"Los huesos de rata lo demuestran con claridad: cero huesos quemados en las capas del Homo floresiensis, cientos de huesos quemados en las capas de los humanos modernos", señaló Veatch. "Las afirmaciones sobre comportamientos avanzados han ido siendo desmanteladas poco a poco, pero nuestro estudio confirma directamente nuestra sospecha de que el Homo floresiensis no usaba fuego ni cazaba megafauna, tal como se había afirmado originalmente."

Un homínido más primitivo de lo que se pensaba

El estudio añade peso a una interpretación que ha ido ganando terreno en los últimos años: el Homo floresiensis era cognitivamente menos avanzado que sus contemporáneos en otras partes del mundo. Con un cerebro solo ligeramente más grande que el de un chimpancé, el floresiensis parece haber ocupado un nicho ecológico de carroñero oportunista secundario, aprovechando lo que los grandes depredadores de la isla dejaban en lugar de desarrollar estrategias de caza propia.

Adam Brumm, de la Universidad Griffith, que no participó en el estudio, consideró que el trabajo demuestra "de forma convincente" que el floresiensis probablemente no cazaba Stegodon. Martin Porr, de la Universidad de Australia Occidental, señaló que el hallazgo "sitúa al Homo floresiensis más en línea con lo que sabemos de otros homínidos de cuerpo pequeño", y que abre de nuevo la pregunta sobre su lugar en el árbol genealógico humano: si desciende de homínidos pequeños que tenían un rango geográfico más amplio, o de Homo erectus que se fue empequeñeciendo en el aislamiento insular y perdiendo capacidades en el proceso.

Esa pregunta, señaló Porr, requiere más investigación en Flores y en los territorios circundantes. Lo que el estudio de Veatch y Pobiner deja establecido con solidez es lo que el floresiensis no hacía. Ahora toca entender mejor lo que sí era.

Referencia

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