Las señales religiosas ambientales (como los billetes de un dolar con «In God We Trust») aumentan la preferencia por alimentos ultraprocesados perjudiciales para la salud
En los billetes de un dólar aparece escrito «In God We Trust» (confiamos en Dios). En los supermercados de muchos países suenan villancicos en diciembre. Las ciudades con comunidades religiosas activas están salpicadas de símbolos, sonidos y referencias a lo sagrado que la mayoría de las personas no registra conscientemente.
Un nuevo estudio publicado en Psychology & Marketing demuestra que esas señales ambientales, aunque apenas sean percibidas, tienen un efecto medible sobre lo que metemos en el carrito de la compra: más bollería, más snacks, más ultraprocesados, y menos frutas y verduras. ¿Por qué? Porque Dios te protegerá del mal (y del infarto, supuestamente).
Seis estudios para demostrar un mismo mecanismo
Ali Gohary, de la Universidad La Trobe, y Hean Tat Keh, de la Universidad Monash, diseñaron seis experimentos sucesivos para aislar el fenómeno y descartar explicaciones alternativas. El concepto central es la «prominencia de Dios» (God salience en inglés): la activación momentánea de pensamientos relacionados con Dios desencadenada por señales del entorno, independientemente del nivel de religiosidad profunda de la persona. No es lo mismo que ser practicante: es la exposición puntual y muchas veces inconsciente a un recordatorio de lo divino.
Es la creencia implícita de que Dios intervendrá para mitigar las consecuencias negativas de los propios actos
En los estudios de laboratorio, los investigadores activaron la prominencia de Dios de formas distintas: pidiendo a los participantes que escribieran sobre lo que Dios significa para ellos, exponiéndolos a fragmentos de la llamada islámica a la oración, o mostrándoles monedas con la frase «In God We Trust». En todos los casos, los participantes expuestos a esas señales religiosas mostraron una mayor preferencia por alimentos ultraprocesados frente a alimentos mínimamente procesados en comparación con los grupos de control.
El experimento de campo reforzó la validez del hallazgo fuera del laboratorio. Se realizó en un contexto de compra real, con señales religiosas presentes de forma natural en el entorno, y el patrón se replicó: los consumidores expuestos a mayor prominencia de Dios adquirieron más productos ultraprocesados.
Dios como red de seguridad sanitaria
Los análisis de mediación identificaron el proceso que explica por qué ocurre esto. La exposición a señales religiosas activa lo que los investigadores llaman «percepción de curación divina»: la creencia implícita, no necesariamente consciente, de que Dios intervendrá para mitigar las consecuencias negativas de los propios actos, incluyendo el consumo de alimentos poco saludables. Esa creencia funciona como una red de seguridad psicológica que reduce el autocontrol alimentario.
El mecanismo se enmarca en la teoría del control compensatorio, que propone que los seres humanos buscan fuentes externas de orden y protección cuando experimentan incertidumbre o pérdida de control sobre su entorno. En ese marco, la presencia de señales divinas proporciona una sensación de protección que libera recursos cognitivos normalmente dedicados a la autorregulación, incluida la restricción dietética. «El pensamiento de que Dios puede curar las enfermedades reducirá las preocupaciones de los consumidores sobre los efectos negativos para la salud de los alimentos ultraprocesados», explicaron los autores.
El papel clave de la previsibilidad de la intervención divina
Un matiz importante del estudio es que el efecto no es uniforme entre todos los creyentes. La moderación más relevante que los investigadores encontraron fue la «previsibilidad percibida de la intervención de Dios»: el efecto sobre la preferencia por ultraprocesados fue más fuerte en personas que creían que la intervención divina en los asuntos humanos era relativamente predecible y controlable, y más débil en quienes la concebían como impredecible o misteriosa. En otras palabras, la red de seguridad funciona mejor para quienes creen que pueden contar con ella de forma fiable.
Implicaciones para la industria alimentaria y la salud pública
El estudio no sostiene que la religión sea mala para la salud, ni que los creyentes coman peor en términos generales. Lo que documenta es un efecto contextual específico y momentáneo: la exposición puntual a señales religiosas en el entorno de compra puede actuar como un empujón involuntario para que tengan conductas alimentarias menos saludables, sin que el consumidor sea consciente del mecanismo.
Las implicaciones para el diseño de entornos comerciales son directas. Los supermercados y los establecimientos de alimentación que operan en entornos con alta densidad de señales religiosas (temporadas festivas, zonas urbanas con fuerte presencia religiosa, establecimientos próximos a lugares de culto) podrían estar generando de forma inadvertida un contexto que reduce el autocontrol alimentario de sus clientes.
Desde la perspectiva de la salud pública, los resultados añaden un factor de influencia ambiental al ya complejo panorama de los determinantes del consumo de ultraprocesados, un grupo de alimentos que la evidencia nutricional vincula de forma creciente con la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.
Referencia
Imagen generada con IA