Los casos de cáncer aparecen en personas cada vez más jóvenes. ¿Qué está ocurriendo?

Durante la última década, los oncólogos han documentado una tendencia que no encaja bien en ningún modelo explicativo previo: los cánceres que históricamente aparecían en personas mayores de 60 o 70 años están aumentando de forma consistente en adultos de menos de 50. El cáncer colorrectal es ya la primera causa de muerte por cáncer en estadounidenses menores de 50 años, una posición que no ocupaba hace una generación.

Se han propuesto explicaciones: mejor detección, cambios dietéticos, mayor sedentarismo, exposición a contaminantes. Ninguna producía un mecanismo biológico concreto y medible que conectara los factores de exposición con el riesgo de cáncer. El estudio publicado hoy en Nature Medicine ofrece ese mecanismo: las generaciones más jóvenes están envejeciendo más rápido a nivel biológico, y ese envejecimiento acelerado es directamente responsable de parte del exceso de cáncer temprano.

Qué mide la edad biológica y cómo se calculó

La edad cronológica cuenta el tiempo. La edad biológica mide lo que ese tiempo ha hecho al cuerpo: cuánto se han desgastado los sistemas orgánicos y los procesos celulares respecto a lo que se esperaría para alguien de esa edad cronológica. Los investigadores usaron una medida validada llamada PhenoAge, calculada a partir de nueve biomarcadores que aparecen en cualquier analítica de sangre rutinaria: albúmina, fosfatasa alcalina, creatinina, proteína C reactiva, glucosa, volumen corpuscular medio, amplitud de distribución eritrocitaria, recuento de leucocitos y proporción de linfocitos.

A diferencia de los relojes epigenéticos que requieren secuenciación especializada, estos son los mismos números que el médico de cabecera ya tiene en la analítica. La edad biológica que calculan refleja el coste fisiológico acumulado de todo lo que le ha ocurrido al cuerpo a lo largo de una vida de exposiciones.

Los investigadores compararon estas medidas entre cohortes de nacimiento del UK Biobank que abarcan desde los años cincuenta hasta finales de los setenta. El resultado fue un gradiente claro: las personas nacidas después de 1965 tenían un 17% más de probabilidad de mostrar envejecimiento acelerado que las nacidas entre 1950 y 1954. Las nacidas entre 1965 y 1974 mostraban un aumento del 23% respecto a ese grupo de referencia. No es una diferencia en individuos: es un desplazamiento poblacional medible en toda una generación.

La conexión con el cáncer: independiente del riesgo genético

El hallazgo más clínicamente relevante del estudio es la relación entre ese envejecimiento acelerado y el riesgo de cáncer de inicio temprano, y especialmente el hecho de que esa relación es independiente del riesgo genético heredado. Cada desviación estándar de aumento en el envejecimiento acelerado se asoció con un 42% más de riesgo de cáncer de pulmón de inicio temprano, un 22% más de cáncer gastrointestinal y un 36% más de cáncer uterino, controlando estadísticamente las variantes genéticas de riesgo conocidas.

Esta independencia del riesgo genético es el dato que cambia el marco. Los factores de riesgo genético para el cáncer llevan décadas siendo cartografiados con precisión. Lo que no había podido explicarse del todo es por qué personas sin una carga genética elevada están desarrollando cánceres que antes se veían principalmente en personas mayores. El envejecimiento biológico acelerado añade una capa de riesgo sobre la genética, una capa moldeada por las exposiciones acumuladas a lo largo de la vida, que no está codificada en el ADN heredado pero sí se expresa en los biomarcadores sanguíneos.

Las causas: muchas y poco claras

Los propios autores son explícitos en que su diseño observacional establece asociación, no causalidad, y que no identifican una causa única del envejecimiento generacional acelerado. Pero el contexto científico más amplio señala con bastante claridad hacia el conjunto de exposiciones que distinguen a las cohortes nacidas después de 1965 de las que nacieron antes.

Las personas más afectadas por el envejecimiento biológico acelerado crecieron durante el período en que los alimentos ultraprocesados pasaron a constituir la mayoría de las calorías en las dietas occidentales, en que el uso de antibióticos aumentó de forma drástica alterando el microbioma intestinal, en que el comportamiento sedentario frente a pantallas sustituyó a la actividad física desde la infancia, y en que una serie de exposiciones químicas ambientales (disruptores endocrinos, microplásticos, aditivos alimentarios) se volvieron ubicuas en la vida cotidiana.

Ninguno de estos factores por separado explica el desplazamiento. Juntos, acumulados a lo largo de décadas de exposición que comienzan en la infancia, parecen haber producido un cambio medible en la velocidad a la que el cuerpo envejece.

Qué ocurre con el cáncer en jóvenes

La edad biológica, a diferencia de la cronológica, es medible con datos que ya existen y potencialmente modificable con intervenciones. Los nueve biomarcadores de PhenoAge se recogen en millones de analíticas de sangre rutinarias cada año. Si el envejecimiento biológico acelerado predice el riesgo de cáncer de inicio temprano de forma independiente al riesgo genético, entonces la edad biológica podría convertirse en una herramienta de estratificación clínica: identificar qué adultos jóvenes justifican un cribado de cáncer más temprano o más intensivo antes de que un tumor sea detectable por síntomas.

El acceso a esa información no requeriría nuevas pruebas costosas ni tecnología especializada. Requeriría calcular un número a partir de datos que ya se recogen en la analítica convencional de muchos pacientes. «Si se valida, sugiere que las intervenciones para ralentizar el envejecimiento biológico podrían ser una nueva vía de prevención del cáncer, y que los esfuerzos de cribado adaptados a individuos jóvenes con signos de envejecimiento acelerado podrían ayudar a detectar cánceres de forma precoz», señalaron los autores.

La pregunta que el estudio deja abierta, qué intervenciones y en qué etapa de la vida podrían modificar de forma significativa la trayectoria de envejecimiento biológico de las generaciones más jóvenes, es la que la investigación clínica ahora está en condiciones de formular con un objetivo mucho más concreto que antes.

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