Un estudio en España y Japón identifica una tendencia a girar en sentido antihorario al caminar sin rumbo fijo, y no hay todavía explicación
Si ponemos a personas a caminar sin rumbo por un espacio abierto, sin pensar en hacia dónde van, ¿darán vueltas a la izquierda, en sentido antihorario, o a la derecha en sentido horario? La respuesta es lógica sería pensar que ocurre al azar, pero no es así: probablemente acabarán girando más veces a la izquierda que a la derecha.
No tiene que ver con la capacidad de decisión, ni con copiar lo que hace la gente a nuestro alrededor, sino porque algo en la arquitectura de nuestro cuerpo, posiblemente en la biomecánica de tu pierna dominante o en alguna asimetría del sistema nervioso, nos empuja suavemente en esa dirección. Un estudio publicado el 10 de junio en Nature Communications acaba de demostrarlo en condiciones controladas, con participantes de dos países con normas culturales muy distintas, y el resultado fue el mismo en todos los casos.
Un descubrimiento que empezó en la pandemia
El hallazgo tiene un origen fortuito. Iñaki Echeverría-Huarte, profesor de dinámica peatonal en la Universidad de Navarra, estaba analizando en 2020 vídeos de multitudes para estudiar cómo las personas mantienen la distancia social en espacios compartidos. Al revisar las grabaciones, su equipo detectó un patrón que nadie había buscado: las personas se movían de forma abrumadora en sentido antihorario. «El descubrimiento fue un hallazgo fortuito, como ocurre a veces en la ciencia», explicó Echeverría-Huarte. La observación desencadenó una serie de experimentos estructurados.
Echeverría-Huarte y su colaborador Claudio Feliciani, profesor en el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de la Universidad de Tokio, diseñaron cinco experimentos distintos para someter el patrón a todas las condiciones que podrían haberlo producido por razones espurias. Los experimentos se realizaron en España y Japón (dos contextos culturales con normas de circulación peatonal muy diferentes), en espacios abiertos y cerrados, en grupos de tamaños distintos y con individuos solos. «Cuando analizábamos los experimentos, mis colegas se dieron cuenta de que en 32 de los 33 ensayos experimentales, al moverse y girar, la gente prefería notablemente el giro antihorario», señaló Feliciani.
Torcemos a la izquierda, pero no es por lo que piensas
El equipo analizó sistemáticamente qué variables podrían explicar el sesgo. La cultura no lo explicaba: los participantes japoneses y españoles mostraron la misma preferencia. El sexo tampoco: hombres y mujeres convergían en la misma dirección. La lateralidad (ser diestro o zurdo) tampoco produjo diferencias, ni tampoco qué pie era el dominante. En uno de los experimentos, 209 personas caminaron solas dentro de un recinto hexagonal formado con sillas y mesas, eliminando cualquier posibilidad de influencia del grupo. El sesgo antihorario persistió incluso en soledad.
El único factor que produjo alguna variación fue la edad, y de forma modesta: los participantes más jóvenes mostraban una preferencia antihoraria más marcada. El estudio no incluyó a personas mayores de treinta y pocos años, por lo que los datos sobre edades avanzadas siguen siendo una laguna pendiente.
Los investigadores también descartaron dos explicaciones que surgieron espontáneamente en los debates sobre el estudio. La fuerza de Coriolis, el efecto que hace que los ciclones giren en sentidos opuestos en cada hemisferio, opera a escalas espaciales y temporales mucho mayores de las que intervienen en el movimiento peatonal. El campo magnético terrestre tampoco ofrece un mecanismo plausible a esa escala. Un colaborador en Argentina, intrigado por los resultados, ejecutó experimentos informales en el hemisferio sur: el giro antihorario seguía siendo el preferido.
La hipótesis biomecánica y lo que el estudio no puede responder
La explicación más plausible en este momento apunta a una asimetría biomecánica de origen biológico. El profesor Gareth Irwin, director de biomecánica del deporte en la Universidad Metropolitana de Cardiff, señaló que «es razonable asumir que esto emergió por la dominancia de la pierna derecha en la población. Correr en curva en sentido antihorario ejerce más fuerza interna en el lado derecho del cuerpo», que es el lado dominante en la mayoría de las personas y, por tanto, el más preparado para absorberla. Esa asimetría podría traducirse en una preferencia de giro que opera de forma inconsciente al caminar sin destino fijo.
Feliciani descartó el sistema visual como fuente del sesgo: los investigadores probaron parchear el ojo izquierdo o el derecho de los participantes y la preferencia antihoraria se mantuvo. Y añadió algo que tiene peso más allá de este hallazgo concreto: «En la naturaleza, la mayoría de los fenómenos relacionados con la locomoción muestran que los animales caminan principalmente sin preferencia direccional. El fuerte sesgo encontrado en los humanos apunta a alguna asimetría a nivel biomecánico.» Si ese sesgo es exclusivamente humano, emergería de algo específico de nuestra anatomía o de nuestra historia evolutiva como especie bípeda.
Desde el diseño de aeropuertos hasta las pistas de atletismo
Lo que parece un hallazgo menor tiene consecuencias reales en varios campos. Los aeropuertos, museos, estaciones de tren, centros comerciales y estadios manejan flujos de personas que, si muestran una preferencia consistente de giro, podrían circular con menos fricción en instalaciones diseñadas para aprovechar esa tendencia. Las rutas de evacuación de emergencia podrían beneficiarse de diseños que se alineen con el giro natural en lugar de contradecirlo.
Feliciani apuntó también un paralelismo que merece una investigación propia: desde 1913, los atletas corren en pistas de atletismo en sentido antihorario, y desde hace décadas la mayoría de las carreras de coches también circulan en ese sentido. La razón oficial nunca ha sido completamente explicada. Si la preferencia antihoraria es biomecánica y universal, podría ser que esa decisión, tomada hace más de un siglo, no fuera arbitraria sino instintiva. «Pero esa es una investigación para otro momento», señaló Feliciani.