Un estudio con miles de preadolescentes detecta que incluso una hora diaria en redes sociales se asocia con peores resultados en pruebas de lectura, vocabulario y memoria. El efecto crece con el tiempo.
Las redes sociales son aplicaciones y plataformas que permiten crear y consumir contenido y conversar en tiempo real. En la adolescencia, etapa clave para la maduración del cerebro, su uso coincide con cambios en atención y aprendizaje, y hay preocupación por su efecto en el desarrollo neurológico.
Los resultados de un estudio en JAMA (la Revista de la Asociación Médica Estadadounidense) indican que los preadolescentes que tienen más uso de redes sociales obtienen peores resultados en lectura, vocabulario y memoria que quienes no las usan o las usan poco.
Hasta ahora, gran parte de la investigación se había centrado en la salud mental, pero no el rendimiento. “Es crítico entender cómo el uso durante el horario escolar afecta al aprendizaje, justo cuando muchos colegios debaten prohibiciones del móvil”, dice el autor del estudio y pediatra Jason Nagata, de la Universidad de California en San Francisco.
Para investigarlo, Nagata y su equipo recurrieron a datos del estudio ABCD. Esta cohorte sigue a miles de preadolescentes para comprender cómo maduran sus cerebros a medida que crecen. El proyecto pregunta cada año por el uso de redes y, cada dos, evalúa aprendizaje y memoria. En este análisis, el equipo usó datos de más de 6.000 niños de 9 y 10 años, seguidos hasta la adolescencia temprana.
Los investigadores clasificaron a los menores en tres grupos según su patrón de uso. El mayor, en torno al 58%, apenas usó redes en los años siguientes. Un segundo grupo, el 37%, comenzó con uso bajo, pero a los 13 años dedicaba alrededor de una hora diaria. El 6% restante, el grupo de “uso alto creciente”, superaba las tres horas diarias a los 13 años.
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Todos los grupos realizaron pruebas para medir rendimiento cognitivo al inicio y en la adolescencia temprana. La prueba de reconocimiento de lectura oral midió lectura y vocabulario. La de vocabulario por imágenes pedía emparejar palabras oídas con dibujos.
“Lo notable, quizá sorprendente, es que incluso los usuarios bajos, con una hora diaria a los 13, obtuvieron de media entre 1 y 2 puntos menos en lectura y memoria que quienes no usaban redes”, señala Nagata. El grupo de uso alto obtuvo hasta 4 o 5 puntos menos que los no usuarios.
“Quienes más usan redes tienen puntuaciones más bajas”, resume Nagata, “pero incluso los bajos muestran pequeñas diferencias”.
Eso ilustra el “efecto dosis”, apunta la psicóloga Sheri Madigan, de la Universidad de Calgary, que firmó un editorial acompañante. “Es problemático con usos muy altos, pero también en pequeñas dosis”.
Puede parecer que unos pocos puntos no importan, pero “los niños están en pleno cambio”, explica Prinstein, también responsable de estrategia en psicología en la Asociación Americana de Psicología. “Una ligera diferencia tras un corto periodo los pone en trayectorias distintas. Dos, tres o cinco años después, podríamos hablar de brechas importantes entre usuarios intensivos y menos intensivos”.
Nagata recuerda que otros trabajos señalan que las horas en redes aumentan más tarde en la adolescencia. “Esperamos que a los 15, 16 o 17 años el uso sea mayor”, lo que podría ampliar las diferencias en cognición y aprendizaje.
En estudios anteriores con datos del ABCD, el equipo de Nagata ya había observado otras tendencias inquietantes entre menores en redes. Detectaron que la mayoría, casi dos tercios, empieza antes de los 13 años, con una media de tres cuentas por usuario.
También hallaron síntomas de uso problemático del smartphone entre los 10 y 14 años. “La mitad de quienes tenían móvil dijo que perdía la noción del tiempo al usarlo”, señala Nagata. “Una cuarta parte reconoció que usa redes para olvidar sus problemas. Y un 11% dijo que las redes han afectado negativamente a su trabajo escolar”.
El riesgo de las redes sociales para el cerebro adolescente
La adolescencia es un periodo crucial para el desarrollo del cerebro, recuerda Prinstein. En esos años, la arquitectura cerebral se afina con la experiencia.
“Tras el primer año de vida, la adolescencia es cuando vemos más crecimiento y reorganización del cerebro”, afirma. En un estudio reciente, Prinstein y colegas hallaron que los adolescentes usuarios intensivos presentan cerebros más sintonizados con la vida en redes, con su “retroalimentación rápida y constante”. “Vemos que se vuelven hipersensibles a los me gusta, comentarios, feedback y recompensas de sus iguales”.
Esos hallazgos ayudan a explicar los nuevos resultados. “Si el cerebro crece optimizado para actividades en redes, podría no optimizarse para otras tareas que necesitan, como se vio en el estudio”.
La nueva investigación también “aporta pruebas suficientes para pensar en políticas con límites de edad específicos en las apps”, sugiere Madigan.
La semana pasada, Dinamarca anunció que aplicará una prohibición de redes para menores de 15 años. Australia exigirá a las plataformas “tomar medidas razonables para impedir que los menores de 16 años creen o mantengan una cuenta” a partir de diciembre de 2025.
Madigan confía en que otros países tomen nota. “Creo que veremos un efecto dominó. Eso será muy beneficioso para los niños”.
REFERENCIA
Social Media Use Trajectories and Cognitive Performance in Adolescents