Cómo ser más atractivo para tu pareja puede ser la suma de muchos factores, pero estar dispuesto a defenderla del peligro es importante, aunque pierdas la pelea

¿Por qué ciertos rasgos nos parecen irresistibles? Una de las ideas clásicas sostiene que valoramos señales de capacidad, como la fuerza física, porque durante gran parte de nuestra historia vivir significaba esquivar peligros muy reales. Muchos trabajos han dado por hecho que “ser fuerte” equivale a “poder proteger”, pero esa ecuación mezcla dos cosas distintas: la capacidad de pelear y las ganas de hacerlo cuando toca.

Un nuevo estudio sugiere que, cuando evaluamos a una posible pareja o a un amigo, la pieza clave no es tanto la fuerza como la voluntad de protegerte del peligro físico. Los autores parten de una realidad incómoda pero simple: durante la mayor parte de la evolución humana, la violencia entre personas supuso una amenaza recurrente, y no existían policías, juzgados ni llamadas al 112. En ese contexto, las alianzas cercanas, incluidas las románticas, funcionaban también como un sistema de seguridad.

Cómo ser más atractivo para tu pareja: no hay que ser «formidable»

La investigación señala que muchas preguntas anteriores se centraron en la “formidabilidad”, como si los músculos hablaran por sí solos. Sin embargo, una persona muy fuerte puede decidir no intervenir, y otra menos fuerte puede plantarse delante del riesgo aunque le vaya la vida en ello. El objetivo del trabajo fue separar, por fin, la capacidad de ejercer violencia de la motivación para usarla en defensa de alguien cercano, y comprobar qué pesa más en el deseo.

“Hoy en día, muchos vivimos en sociedades donde la violencia es extremadamente rara, y se considera que la protección frente a la violencia es responsabilidad de la policía y los tribunales. Así que no predecirías realmente que a la gente le importe si su pareja romántica o sus amigos están o no dispuestos a dar un paso al frente para protegerles durante un altercado”, explicó el autor del estudio Michael Barlev, profesor asistente de investigación en la Universidad Estatal de Arizona. “Sin embargo, durante casi toda la historia de nuestra especie, durante cientos de miles de años, vivimos en un mundo social marcado por la violencia, varios órdenes de magnitud más alta que hoy, y donde la protección era responsabilidad de las parejas, la familia, los amigos y los aliados de coalición. Nuestra psicología, incluido lo que buscamos en parejas y amigos, evolucionó para sobrevivir en ese mundo”.

Para ponerlo a prueba, el equipo realizó siete experimentos con 4.508 adultos de Estados Unidos reclutados en Amazon Mechanical Turk. Los participantes leyeron historias detalladas y tuvieron que imaginarse saliendo de un restaurante con alguien, a veces una cita y a veces un amigo. Entonces aparecía un agresor borracho que intentaba golpear al participante.

Dispuesto, no necesariamente peleón

Los investigadores cambiaron de forma sistemática la reacción del acompañante. En una condición, la persona veía el peligro e intervenía físicamente para proteger. En otra, también lo veía pero se apartaba y dejaba al participante expuesto. También existía una condición de control en la que el acompañante no llegaba a ver la amenaza a tiempo. Además, el texto describía al acompañante como más débil que la media, normal o más fuerte que la media.

El patrón fue claro: descubrir que alguien está dispuesto a proteger aumentó mucho su atractivo, tanto como posible pareja como como amigo, y ese efecto se mantuvo aunque el acompañante se describiera como débil. En cambio, enterarse de que alguien se apartaría hizo caer en picado su deseabilidad frente a la condición de control. “Presentamos evidencia de que nuestras preferencias de elección de pareja, lo que buscamos en parejas románticas y amigos, están adaptadas a entornos ancestrales”, dijo Barlev.

También aparecieron diferencias por género. Cuando las mujeres evaluaban a hombres como citas, la falta de voluntad de proteger funcionó como una penalización extrema: “un rompe-relaciones”. Los hombres valoraron la voluntad de proteger en mujeres, pero castigaron menos la retirada.

La fuerza sí importó algo en algunos casos, pero por un motivo concreto. El análisis sugiere que muchas mujeres infirieron que un hombre más fuerte probablemente estaría más dispuesto a proteger. Cuando los autores controlaron estadísticamente esa inferencia, la fuerza por sí sola tuvo un efecto independiente mucho menor.

Luego llegó lo más sorprendente: el estudio probó escenarios en los que el acompañante intentaba intervenir pero fracasaba, lo tiraban al suelo y no lograba detener al agresor. Aun así, el acompañante siguió pareciendo atractivo. Incluso cuando el participante acababa recibiendo el golpe, el “lo intentó” valía más que el “se apartó”.

Por último, la voluntad de proteger contó tanto para amistades como para relaciones, pero el listón fue más exigente en las citas. En términos prácticos, el estudio pinta un radar social bastante humano: no buscamos un guardaespaldas perfecto, buscamos a alguien que no desaparezca justo cuando el mundo se pone feo.

REFERENCIA

Willingness to protect from violence, independent of strength, guides partner choice